sábado, agosto 30, 2008
Mi ruina nocturna
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Etiquetas: sexo, tinieblas, vísceras cráneos y otros huesos
martes, marzo 25, 2008
Circo Serotonina (fragmento)
“Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos. Se murió aquel manchego, aquel estrafalario fantasma del desierto y… ni en España hay locos. Todo el mundo está cuerdo, terrible, monstruosamente cuerdo.” Leon Felipe, El Payaso de las Bofetadas.
Insomnio. Hay que hacer la criba de los miedos, depurar el catálogo de diablos y seguir tirando. Eventualmente iniciar un diario, un cuadernillo para llevar el recuento de tus melodramas, de tus tragedias mínimas o en su defecto, el recordatorio de una dosis de Clonazepam. Tres gotitas de Rivotril al despertar, dos al mediodía y tres por la noche. Escribir un pasaje arrebatado sobre el hampa en Israel o una anotación incoherente en torno a las rutas del subterráneo. Me gustan los Lunes y más cuando no estas tú, quien quiera que seas, mejor aún si no existes. Así el diario se va puliendo, mentira tras mentira. Los payasos no son almas de diarios. Y la razón no es otra sino que perdieron la secuencia de los eventos desde hace mucho tiempo. No existe el calendario. Las risas del año anterior son las mismas que las de los próximos cien años. Las bufonadas permanecen y no hay nada nuevo. El diario es entonces una libreta de escritos incomprensibles. Por ejemplo, “Martes 25 de marzo: tengo gingivitis. Aldo, el tramoyista en turno, me tocó el culo antes de subir al escenario. Mamá llamó desde Berlín, dice que el cielo no es tan triste como yo había prometido.” Mejor salir a la calle o ver la televisión, hojear revistas o hacerse un corte de pelo. Las ojeras le van bien al actor. Hay otros más excéntricos que les da por entregarse a la gimnasia espiritual. Prender inciensos y frotarse con lubricantes. Yo dejo la luz del baño encendida, simplemente no puedo con la sombra. Me confunde, la cabeza se va hinchando de oscuridad, cada vez más lóbrega hasta reventar. Entonces me da por las rayas de los tigres. Un gigante de bengala que se queda horas viendo el aro de fuego, sin poder atravesarlo, un gatito apocado sobre el banquillo. Entre domadores corre el rumor que el tigre es el hijo indómito del fuego. Y así de domadores se hacen pirómanos y después soberbios, como si su oficio comprendiera trazar la arquitectura del inframundo. Van chorreando combustible estos pequeños dioses nibelungos. De esta forma, con el pensamiento extraviado me voy durmiendo. Ahora imagino la tumba de un payaso, sin duda distinta a la del soldado o a la del prócer. Una cajita artesanal con su juego de poleas, con el cuento de un esqueleto catatónico que se levanta a bailar el vals cada noche que le lloran. Un esqueleto deshonesto que le mete la costilla a quien se atraviese. Y la cajita con un tallado de lo más singular, como el escudo de Aquiles, con una carpa lacrimosa y un elenco de inventores, la mujer barbuda, el hombre bala y un funambulista narcoléptico que se equilibra en la trompa del elefante. Y yo en el centro, el payaso narciso con su bombín de gala y la sonrisa de artista. Por favor no le dejen flores al difunto, plántenle un sauce para los días soleados, dejen un paraguas, un dibujo sin colorear. Y sobretodo la tumba con un Cristo enorme para estar en compañía de otro payaso. Del gran cómico de todos los tiempos, ese greñudo de los trucos imposibles; multiplicar el vino, dar la vista al ciego y resucitar al tercer día. ¡Vaya función! ¡Inigualable en manos del payaso nazareno! Si después de llevar tus pensamientos al sepulcro aún no logras conciliar el sueño, bueno, tal vez ya no hay remedio. Lo de contar ovejas es una jugarreta. Yo tuve mi redil casi infinito, borregos de cuernos tristes y otros más melancólicos que se pasaban la noche conversando con la luna. Como molestan los balidos, y ni hablar de los que vienen con cencerro, un escándalo. Ahora me voy a la cama con un peluquín de alpaca, echo un guiñapo sentimental, con la comedia del payaso vagabundo que busca un sitio caliente para dormir. Pongo algunos periódicos entre las sábanas, me bebo el cartón de leche y cierro los ojos con la ilusión de despertar mañana en alguna calle de París.
Acuarelo de Gherato Dae Adeonimba
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sábado, marzo 22, 2008
Circo Serotonina (fragmento)
Ya no son los chistes pasados de moda, las gracias del tío medio virulento que existe en cada familia. Como para organizar una tertulia de abuelos y ofrecer café con galletitas de jengibre. Yo pertenezco a una generación más despiadada y engreída, ocupada por hijos de puta y pillastres que te cortan los huevos a cambio de unas monedas. Perdularios de barrio bravo y centroamericanos cachirulos que se cobran el viaje con el cogote de cualquier oficinista. Siendo payaso cuentas con dos armas para defenderte. Pistolas de agua y pellizcos en el culo, si atacas con la sonrisa estas perdido. Al que sonríe le desfiguran el rostro, es preferible guardar las distancias, reservar tu gracia para las fiestas infantiles y las despedidas de soltero. Una vez conocí a un payasito de abolengo, un muchacho rollizo de buena estofa que se hacía pasar por mendigo y se entendía a si mismo como un genio mendicante, un artista ignorado por los altos círculos de la crítica. Había zarpado en una aventura de callejones y bohemia para difundir su arte entre el hombre común. Terminó con un fierro atravesado en el tórax. Como payaso hay que resignarse muchas veces a las plazas comerciales, a las deprimentes funciones de kermés y a la propietaria de una casa de campo que organiza lindas fiestas para niños. Sobretodo hay que jugarle al chico bueno, al hombre de corazón sencillo que encontró su camino tras un tinglado de luces y aserrín. Esa fábula del comediante trotamundos sirve en corrillos de veteranos desmemoriados, es pábulo de los espíritus románticos y sería una buena anécdota en boca de un abuelo vicioso que entretiene a sus nietos. Por lo demás es un gran chasco. Los cirqueros del Ringling Brothers dan tres funciones al día, dieciocho a la semana y setenta y dos al mes, se marchan asqueados de tantas piruetas y acrobacias, quieren botar al elefante en un solar inmundo o rematarlo en un bazar de mercachifles armenios, y finalmente entrar en una boutique elegante y hacerse de un traje para caballero. Si sostienen la sonrisa es para remendar sus bolsillos, para no andar tirando con una troupe de infelices, montando numeritos de paja a la sombra de los quioscos de provincia. Y no hay que afligirse por estar fuera de la televisión. Hay que ser un imbécil redomado para exhibirse de esa forma. Dejarse arrastrar por ese alud de hombrecitos exitosos, de eruditos y críticos, cineastas de boquita pintada e intelectuales de ceño adusto y sentencias engoladas, tanto granuja calificado para explicar el mundo, cerditos de moño y honoris causa, un hatajo de farsantes, filisteos de silicona y mayoristas del argumento fácil, del sofisma vestido de gala para una noche de mentiras glamorosas. Y me nace lo lírico cuando siento náuseas, cuando dejo de ser el payaso amigable y me transformo en un chiquillo malcriado. Yo nunca quise que el mundo fuese así, pero me basta con este ingenio pequeñito, con mi astucia de sietemesino, un handicap fortuito para resolver los guarismos del aburrimiento, ingenio pequeñito, lo digo de nuevo, suficiente para citar dos versos, enamorar señoritas y explicarle al universo que no es tan difícil ser un maldito payaso.
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lunes, octubre 23, 2006
Corrido
-¡Ya le veo la pendejéz! – decía furibundo el padre, como reclamándole a los médicos, echando pestes a diestra y siniestra desmintiendo el tropezón en su descendencia, le preguntaba a su mujer -¿Y ahora me puedes decir que chingados vamos a hacer con este escuincle? – La madre tímida, avergonzada respondía desde su docilidad, desde su amaestramiento doméstico – No sé amor…No sé…- Y llegaron los abuelos y los tíos de la capital, los primos de los united states con sus ¿How are yu? y sus ¡Oh my God! ante la sorpresa del nuevo párvulo. Un salto evolutivo, una mutación fortuita les daba ahora un familiar excéntrico, un ejemplar único que resaltaba del resto de la familia, se hacía notar con su figura caballuna, con ese porte ecuestre que lo dotaba de una estrambótica finura.
-Hipólito se llamará…- dictaminó la madre envuelta en los delirios rosáceos del post-parto, absorbida por su nuevo rol de madre, embebida en quimeras maternales en las que todo era tierno y suavecito. Más no vislumbraba lo que vendría más tarde, el calvario funesto del nene en crecimiento; los vómitos, los salivazos, las tardes diarreicas y lo más importante, el relincho… ¡Sí! Porque la bestezuela relinchaba, se desgañitaba en relinchos estridentes, parecía que se ahogaba, que le faltaba el aire. CONTINUARÁ…
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miércoles, septiembre 13, 2006
Glauco bienestar
-¡Tiene usted una neuropatía a nivel de los nervios pudendos! - concluyó el facultativo con su voz de becerro erudito, al tiempo que me extendía una receta. Anafranil 25 mg, Clomipramina, una grajea cada doce horas los primeros 7 días, y dos a partir del séptimo día por un período de tres meses. Efectos secundarios: somnolencia, boca seca, dilatación de las pupilas, pérdida ocasional de la orientación, visión borrosa, erupciones y la posibilidad de decir una que otra incoherencia de vez en cuando. Y aquí estoy; surfeando en compuestos químicos, tomando la ola de los antidepresivos tricíclicos y aunándome a las tropas de oligofrénicos, frenopáticos, neurasténicos y catatónicos de siete lenguas que babean litio y echan espuma por la boca. Uno más para la escuadra de ciclotímicos paranoicos. ¿Porqué el galeno no me lo dice con todas sus letras? - ¡Está usted mal de su cabeza, ande ya, no pierda su tiempo y vuélese los sesos! - Pero ¡no! ahí está el negocio, exprimirle los centavos al paciente mientras se le incineran las neuronas en un calendarizado ataque de hipotéticos remedios. Para que negarlo, llega a ser agradable transitar indiferente en una banda de sináptico bienestar, mareado en esa irrealidad de peceras y burbujas. Anafranil, Prozac, Rivotril = "Un scuba-dive tropical, zambullido a la tina de aguas letárgicas, parsimonia de astronautas corriendo en la luna"... ¡Enhorabuena Camaradas medicados!
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martes, agosto 29, 2006
Archivo de Bilis
Vapores de urinario. La nostalgia fecal de lo pasajero. Alivio de esfínteres, desahogo de vejigas, revindicación del sistema nervioso y un suspiro, tal vez un pedo. Malestares matinales, incongruencias estomacales corregidas por Alka Selzers que simulan ostias de sábado santo. Lo inevitable: el flujo biliar por las canales de un intestino grueso, la boa anillada comprimiendo los fluidos en su onduleante proceder. Carcoma, cristales aguzados llagando esófagos, provocando vomitos de vidrio y sangre. ¿Demasiada sal tal ves? Quién sabe... la ilusión homicida por querer imitar a un tragaespadas, exceso de hambre, impulsos incontenibles por triturar bloques de mármol a mordidas. Deyecciónes, excreciones y eyaculaciones (parodiando a Bukowski)... ¡Esputos flamígeros de moco! ¡Loas escatológicas! ¡Primicias Rabelaisianas, Gargantúas y Pantagrueles comandando ejércitos diarréicos! Y yo sentado, en la parquedad cachorra de la taza de baño, fatigado de pujar en el vacío, anhelando el parto excrementicio, el aullido implacable del ojo negro, escribiendo estas palabras en el rollo de papel a razón de no tener otra cosa que limpiar...
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lunes, agosto 28, 2006
Abulia

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jueves, agosto 17, 2006
Killin my Ego

Los jueves no puedo querer. Y todos y todo me parecen indignos de mi afecto. Me encierro, enclaustro al sentimiento en un sórdido bodegón. Me transformo en un móvil de carne ajeno a los gestos, indiferente ante la hilaridad de las sonrisas. Deambulo en un sopor insensible, habito en la burda ensoñación de los apáticos. La voluntad está encarnada en un pigmeo manco que me empuja desde la incapacidad de sus muñones. Y la conciencia no puede escapar del sepulcro pesimista, se pudre en las catacumbas del hartazgo. Abrumado, solapando ese aluvión de macabras sensaciones con visajes distraídos, saludo y sonrío con un cinismo descarado. Cedo ante los órdenes de la hipocrecía. Y entonces, de repente escucho la voz de una mujer que me señala - ¡Mira que hombre tan contento!-
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