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martes, julio 15, 2008

Warpola: Biografía no autorizada.

Warpola en su primer cumpleaños fuera de Ciudad Hermes. 1970

Fui yo quien descubrió que se apellidaba Warpola, y no Michellet Oblanek, como cuentan los diarios. Lo más que hizo el infausto editor komandroviano fue lanzarlo a la fama; pero esa ya es otra historia… Primero fue Warpola, después Warpólido, y eventualmente Pólido cuando se hizo a la noche de la escena komandroviana. Al último fue simplemente W, cuando ya se había vuelto tan ilustre, o tan inalcanzablemente mitológico para los de mi generación, que acabó por convertirse a la ortodoxia komandroviana y, abrumado por la muerte y los misterios del cosmos, se recluyó para siempre en las bóvedas del monasterio de Kaschckar. Huérfano galáctico, viajero errante, asesino prófugo, erudito de las estrellas; Warpola será siempre el más alto de todos los lemúridas. El más sabio de todos: la primera vez que lo vi, desconfié de su suficiencia.

Fue en Querétaro, hace ya muchos años, en un Querétaro más pequeño y más triste que el de ahora y que ya no existe. Ambos formamos parte de la misma generación en la Escuela de Escritores, que tampoco existe más, cuando entonces la dirigía Héctor Cabrera, un hippie quien nos instruyó todo lo que debíamos de ser instruidos al respecto de Bukowski, Kerouac y William Burroughs. Entonces Warpola se sentaba enfrente de mí –yo sospechaba que era para provocarme –y se quedaba ahí aparentando no tener ganas de aprender, desparramándose por el mesabanco con sus lentes de pasta negra y acariciando sus bigotes de lemur, sin pronunciar palabra, con unos ojos amarillos como lunas y el cerebro infestado de diálogos con los planetas. “Este tipo es un excéntrico”, pensé, “ha de creer que conoce El Misterio y sólo ha venido para escupírnoslo a la cara”, y esperé casi un mes a que dijera algo, a que levantara la mano y nos proporcionara su opinión en torno a tal o cual asunto de narratología y entonces sorprenderlo en medio de su patraña; pero nada de eso ocurrió: Warpola no pronunció palabra ni se dejó descubrir y yo me irrité bastante.

Las cosas, sin embargo, eran menos catastróficas: en realidad el muchacho era sólo un hermescitadino extraviado que no sabía quien era su madre, que había recorrido Europa tres veces y que tenía ya dos carreras que no ejercía pues argumentaba que no eran compatibles con las ambiciones de su espíritu. Me enteré de esto en la fiesta de bienvenida de la escuela, al acercarme a platicar con él para estudiarlo de cerca. Entonces me presenté: “Yo soy Kgargaria”. Él me preguntó sorprendido: “¿Kgargaria?”.
“Sí, Kgargaria”, contesté.
“¡¿Kgargaria?!”
“Kgargaria”
“¡Kgargaria!”
“Kgargaria”
“Cielo santo, en mi país hay un lugar que se llama Kgargaria… no serás de Ciudad Hermes…”.
Y fue de este modo como me enteré de que Warpola era en realidad un compatriota y me hallaba en la obligación de apoyarle a sangre y fuego, como había hecho ya con otros hermescitadinos perseguidos por la Policía Imperial, la peste o la contaminación; pero sobre todo por un compromiso muy hondo que mis padres, a quienes se les iba la vida en dar asilo a los expatriados hermescitadinos, habían cavado en mi desde la infancia.

Aquella noche Warpola me habló de otras cosas: de países desaparecidos, de libros que no había leído, de grupos que no había escuchado y de posiciones sexuales cuya existencia ni siquiera imaginaba; pero fue especialmente conmovedor cuando, ya bastante sensibilizado por el alcohol, se echó sobre mi hombro para lamentarse sobre la Ciudad Hermes de la que venía y que no recordaba, y a la que no había podido ingresar cuando estuvo en África pues nunca pudo probar su linaje y jamás tuvo la paciencia de pedir un visado de turista en las duras embajadas santovictorianas. Después nos hicimos a la noche de Querétaro en una parranda histórica de la que acabé dando loables muestras de la antigua tradición kgargariana de coleccionar recuerdos de la calle por la que andaba, y subí al portaequipajes un tabique de cantera de aquellos que sustentaban al emblemático Acueducto colonial.


Warpola en los tiempos locos de la Casa Neónida. 1987

Así fue durante mucho tiempo: cada jueves después de la sesión del taller de narrativa nos montábamos en su viejo Topaz 89 de nombre Miguel Ángel –que años más tarde y con los ojos bañados de pasmo le vimos aparecer en CNN llevando a los próceres de la Revolución de Mongolia –y nos íbamos a poner borrachos con Don Amado y a conversar en komandroviano sobre los asuntos propios de nuestra patria. Eran los tiempos en que la cerveza costaba diez pesos, Don Amado aún vivía, y puedo decir con cierto orgullo que nuestra generación fue la última que le vio caminar renqueando con las gafas verdes puestas al revés, y también la última que probó sus chicharrones de harina y sus micheladas insípidas. Warpola me enseñó todo lo que ahora se al respecto de muchos temas: el cine de Baltazar Vlimm y el IDM, la filosofía pitagórica y el teorema de las esferas, la vida cotidiana en el Japón del Siglo XII y la historia de Persia. Fundamos el Club Bukowski, antecesor del neonadesmo, una membresía cerrada con sólo dos integrantes y mientras yo le contaba los rumores de la política en Ciudad Hermes él me confiaba las lecturas privadas que mantenía al respecto de los beatnicks: “Te digo Kgargaria”, contaba entusiasmado, “para Burroughs la ultimación de las cosas está en el ano… ¡sí, en el ano!” terminaba juntando todos los dedos de la mano y poniéndomelos enfrente de la cara.

Lo presenté con otros hermescitadinos radicados en la ciudad: Saul Galo, quien por entonces andaba en México, el afeminado vaquero Gherato dae Andeonimnvba, el poeta de linaje real destronado por el levantamiento del 78 Balthazar van Aplonien, el místico cuentista Osvaldus Klamm, el escritor Carlos Limón quien después se volvió psicomago, el diseñador gay Adrianus Divolaria, y Mikisi Dündí, una chaparrita de Tekomoros con quien tuvo un romance que eventualmente acabó en un crimen pasional nunca esclarecido y muy popular en los encabezados de la época. Pero fue gracias a Giusseppe Rexh dae Komandrovia, hijo del empresario hermescitadino del mismo nombre, que Warpola se puso en contacto con sus raíces olvidadas.

El heredero komandroviano, muy celoso de su fe patria, organizaba tremendos bacanales al estilo del Angelado precedidos por bautizos de rueda a los que casi todos los asistentes, incluyéndome a mí, accedíamos más por pura diversión que porque verdaderamente creyéramos en la transmutación del Arcángel San Miguel en la figura de Snkt Öj. Pero Warpola nunca se puso a disposición de tales rituales, escéptico como era participaba de la ceremonia como cualquier otro: levantando la silla del iniciado, llevando los óleos, palmeando alrededor o simplemente contemplando desde lejos, con sus lentes de pasta negra y acariciando sus bigotes de lemur, sin pronunciar palabra, con unos ojos amarillos como lunas y el cerebro infestado de diálogos con los planetas.

Como en todas las grandes leyendas, sin embargo, desde aquellos momentos de bienaventuranza y reencuentro, se cocinaba ya el germen de la desgracia warpoliana: en la mansión del Rexh hijo residía un monje kaschkariano, un Magíster de Clerecía que llevaba los oficios de la casa y bendecía la mesa. Al momento de nuestras fiestas interminables Warpola conversaba con el sacerdote y se pasaba las horas largas y afiladas de nuestros debrayes disertando acerca de asuntos que ningunos de nosotros entendíamos, y a los que jamás conseguimos acercarnos mínimamente. Se trataba de la hipercosmia y otras brechas del Cuarto Camino, que por entonces hacía demasiada mella entre los eruditos de Kaschckar y a más de uno terminó engullendo entre las tesis fosforescentes de sus postulados galácticos. Recuerdo que Warpola bromeaba mucho acerca de la locura que acabaría por consumir al Rexh en los pasillos de la Universidad de Kiev, sin intuir si quiera que sería él mismo quien acabaría con el cabello infestado de piojos astrales que le habrían de hacer desgañitarse en soliloquio por el resto de sus días.

Fue por aquellas fechas que descubrí que se apellidaba Warpola. Lo supe por coincidencia, cuando hojeé sobre el escritorio de mi padre unos documentos dejados ahí al descuido que pertenecían a exiliados hermescitadinos en México de cuyo paradero no se sabía nada. La fecha del acta de nacimiento concordaba con la de mi amigo, y lo que era más: la huella de su piecesito dejado ahí con la tinta de 1968 correspondió más tarde a su monograma dactilar. Horatius Warpola era de Kaschckar, sus padres, activistas de la guerrilla urbana, le habían enviado a éste país al cuidado de una buena familia italiana y habían hecho lo posible por esconder su identidad de los incansables olfateos de la Policía Imperial. A pesar de que sus progenitores perecieron en las barricadas de mayo del 70, según nos enteramos en posteriores investigaciones, Warpola recibió la confirmación de sus orígenes con gusto y lloró de alegría. Pero eran tiempos aciagos pues para entonces el kaschkariano se hallaba envuelto en aquél crimen pasional que le hizo huir al exilio en Madrid.

Los hermescitadinos en México, por nuestra cuenta, nos encontrábamos listos para volver a casa y unificar nuestras fuerzas para lograr un proyecto conjunto del que generamos unas expectativas enromes: La Casa Neónida. Diré algunas cosas que no se han dicho; pero me saltaré toda la relación al respecto de éste tema pues mucho se ha escrito ya, no sólo en este blog sino en una inabarcable bibliografía de crítica en torno a la gran aventura neónida; pero sobre todo a su naufragio.

El nombre de neónida le vino de Warpola cuando vio Ciudad Hermes por primera vez. Entonces quedó tan fascinado con la cantidad de neón en las azoteas que no recuerdo que en algún momento nos haya volteado a ver verdaderamente a nosotros. Había llegado en el ferry desde Lisboa y fuimos a recogerlo a Tekomoros, traía ronroneándole en el hombro a un lémur cata puro de Kapos Virginiana que había comprado a un inmigrante senegalés cuando el barco hizo su primera escala en Atlántica. El animalito era Elio Tomasso, que disfrutó tanto como su amo del espectáculo del neón y se quedó con las pupilas dilatadas hasta varios días después. Fue en aquella semana que recibimos la visita de William Burroughs para que nos asesorara sobre la empresa que traíamos entre manos, y al mirar al lémur electrizado, saltando por los candiles de la casa, se quedó intrigado y preguntó a su dueño qué era lo que le pasaba, Warpola dijo entonces: “Nada maestro, es un neónida, le ha mordido en los ojos el aguijonazo del neón”. Burroughs se quedó un rato pensativo apoyado sobre la empuñadura de su bastón, después continuó bebiéndose su té y habló poco el resto de la mañana. Años más tarde no tuvimos las palabras suficientes para reconocer la gracia que nos hizo al mencionar a los neónidas en su famosa conferencia de la Universidad de Austin.

Warpola (derecha) con su rector espiritual en Kaschckar. 2001

Lo demás es historia en boca de todos: el devenir de la casa, la publicación de la revista neónida, la residencia de los artistas invitados, las memorables fiestas de apertura, las notas en los periódicos, los escándalos, la invitación del gobierno de Venezuela, la fiesta de Halloween del embajador de Aruba, la visita de los muppets, las ampliaciones de la finca, las excentricidades, el despilfarro en antigüedades renacentistas, las peripecias para sostener el proyecto, el apoyo invaluable de Saul Galo en los tiempos más vergonzosos de la miseria, la repentina muerte de Giusseppe Rexh, la de Elio Tomasso; pero sobre todo la infortunada aparición de Michellet Oblanek quien nos publicó a todos y nos dio de comer; pero que hizo vender la Casa Neónida y nos arrebató a Warpola para siempre.

Ya desde Madrid nuestro amigo andaba mascullando las peligrosas teorías de la hipercosmia: las manos manchadas de la sangre de su crimen pasional lo sumieron en cavilaciones profundísimas, la confirmación de su identidad y la certeza de que había nacido a unas cuantas cuadras del monasterio de Kaschckar lo hicieron atar unos cabos que nunca existieron. Cuando llegó a Hermes hablaba de planetas alineados, de números mágicos, de libros perdidos; y cuando visitó Kaschckar habló muy en serio de quedarse entre las bóvedas del monasterio abriendo los polvos de los incunables que no habían vuelto a ser leídos en setecientos años.

Al derrumbarse el imperio neónida Warpola se volvió reservado, barbudo, paranoico, se dejó crecer las uñas y se le oyó andar en la noche por los pasillos de la casa, hablando en soliloquio y caminando a lavarse los dientes hasta tres ocasiones seguidas. Quiso montar un observatorio astronómico, pero ya no había dinero: el Rexh había muerto y todos sus bienes –menos la casa que había quedado a nombre de los neónidas –habían pasado a manos de su padre que nos odiaba y que hizo todo lo posible por desterrarnos de nuevo. El recuerdo de Elio Tomasso le atormentaba por las noches, decía que lo escuchaba llamarle desde el sepulcro e incluso llegó a bajar al jardín para exhumar el cuerpo con las uñas, cargó varios días con el pestilente cadáver del animalito agusanado que insistía en continuar sentando en su antigua periquera para servirle lo poco que nos quedaba de comer.

La única salida fue Michellet Oblanek quien se llenó los bolsillos publicando los manuscritos de Warpola y lo llevó a dar conferencias en todos los Radissons de Ciudad Hermes, a cuyos escenarios entraba en bata como un santo del rock ante las peticiones de autógrafos de las multitudes de infectos por la hipercosmia. Al final ya ni siquiera el mismo Oblanek pudo con él y lo delegó al cuidado de los monjes de Kaschckar, pues algo de humanismo cupo en el editor para no consignarlo al Políclino Oriente. Warpola recibió al fin el bautizo en el ritual de la ortodoxia komandroviana, convencido de veras de la existencia del Santo Ángel que juraba ver en todos los rincones, profetizando el final de los tiempos sin cabeza y con la paloma del Espíritu Santo flotándole sobre el espectro fosforescente.

Hace no más de una semana visité Ciudad Hermes y el clima nublado y frío, la gente hosca, las calles repletas de recuerdos ingratos, me hicieron tener una pésima estancia. Odié a la ciudad con las entrañas y me subí al mirador de un edificio para maldecirla por los siglos venideros, pensé que aquél lugar era miserable y que todos los nacidos ahí habíamos caído en la peor de las desgracias. Como en todas mis visitas acudí al monasterio de Kaschckar para visitar a Warpola pues además era su cumpleaños. Le llevé de regalo un Atlas de las estrellas y una copia de Nova Express autografiada por el mismo Burroughs que había encontrado entre mis pertenencias antiguas; pero Warpola las puso sobre la mesita de su celda sin mirarlos si quiera y se sentó en la cama a contemplarme con sus lentes de pasta negra y acariciando sus bigotes de lemur, sin pronunciar palabra, con unos ojos amarillos como lunas y el cerebro infestado de diálogos con los planetas.




sábado, julio 12, 2008

Warpola Remix: Super 67

Nota del editor.
Hay dentro del tratamiento y organización de los materiales auditivos, instrumentos, que en estos tiempos de supremacía y turbulencia informática, vale mucho la pena considerar, esto, en cuanto a las posibilidades que brindan dentro de la reconfiguración del texto de contenido literario. Ahora me valdré de algunas comparaciones. Si bien, El Ulises de Joyce o los Omeros de Derek Walcott, no son otra cosa que una dupla de esplendidos covers de la famosa epopeya de Homero la Odisea. La valerosa Antología de Poesía Surrealista — la cual de hecho Warpola me presentó con entusiasmo —, pertenece en este orden de organización genérica a ser un mix tape (de casi 10 horas y media) cuidadosamente seleccionado por Aldo Pellegrini. Bajo esta lógica de comparaciones me gustaría detenerme en la reflexión del operativo Remix (remixeo, remixear) ,que, como bien lo dice el anglicismo, se trata, en música, de combinar — según los principios de la alternancia, la sobreposición y la deformidad — dos o más canciones, del mismo compositor o de otros. Entusiasmado por la aplicación de estos principios, decidí valerme de una cuidadosa y muy personal selección de los textos publicados en este descuidado Blog por Warpola desde el verano del 2005 hasta la fecha (el remix incluye casi 36 textos, los cuales por cuestiones de espacio me es imposible titular).
Saúl Galo — memorable ilustrador del acontecer neònida — se mostró interesado por ilustrar el proyecto, pero, considerando afeminados sus acuarelos para tal ocasión narrativa, nos envió el contacto de un viejo amigo de la universidad de Kioto: Ryohei Hase, quien se mostró entusiasmado por la compañía que harían sus siniestras ilustraciones al deforme contenido de los textos.
El carácter de las composiciones de lemurido mayor — de amplia intensidad transformacionalista — dotaron de una liga de admirable cohesión y naturalidad narrativa este ejercicio de copy & paste. Esto, talvez, por su muy disimulada forma de hablar de todas las cosas al mismo tiempo. Tal ejercicio de remixeo (disminuidas sus páginas por cuestiones de espacio) me dio la noción de estarme enfrentando a una enfermedad incontrolable, de ir descubriendo, desde la mesa de disección (Control + c, Control + v) sus lapsos más severos, la formación de sus precipicios y de sus aparentes sanaciones (que no fueron otra cosa más que sus periodos de reagrupamiento). Una horrible enfermedad cuyas posibles soluciones solo van modelando el cadáver — acaso la realidad — que con furia dentada a lo largo del tiempo va y sigue consumiendo. En este Remix sólo intenté repetir aquel bellísimo cáncer, que W, desde el exilio en Madrid, ha ido formando en este blog. He de decir también hace tiempo no ordenaba algo tan triste. Busque su IPOD, verifique el Left and Right de sus audífonos y prepárese a un derbi con zapatillas tipo tennis sobre una cama de clavos, para el muy bellísimo maratón en trineo desfigurado, con no otro destino, sino el del desencanto y sus deformaciones.

1. El nacer de las cosas: El agua por sobre todo, el ser viene acuático y sin escamas. La originalidad del sueño y la pregunta. Darwin vomita sobre sus textos para después ser amamantado por una gorila ciega. Shakespeare también se retira de la sala con una grupi de 18 años. Segismundo llega y se dispara en la cabeza, la entrevista sigue mientras él duerme. María que amaba y gozaba, que en las noches de estrellas glaciales se tocaba pensando en aquél que revivió al hermano y que ahora hablaba muerto y lloraba muerto en la oscuridad del desierto. Hojas plateadas bailando sobre la tormenta ácida de Alphaville. Callados y posmodernos, drogados y homosexuales. Brillando por las viejas carreteras, por aquellos rednecks de buen corte mullet, personajes borrados de la memoria social, algo incalculable. Pueblos roídos por la arena, el Sheriff bebiedo café en su mecedora, y la buena de Glory Joy con ese par de tetas únicas, haciendo un pie de manzana para el viejo borracho y adicto al futbol. La tibieza de la tarde sopló un poco de paz, la ceniza volcó el tiempo y fue devorada por mis oídos y nada de nada, un cielo mar levanta gritos perversos y Venus Dracma suspira para llamarme por el nombre, aulla, suda, gime, y al azahar sus ojos nada, colocan mis pies al aire. Brilla el comera o su península y como felino rasgo las estrellas, Venus Dracma muere en prisa, y al final del mar el horizonte de sal llama el nombre. La muerte está en las pizarras urbanas, en el dios del concreto y en el manifiesto nunca escrito del neón. Ya no sale el sol en zonas orientales, pero los verdaderos guerreros del arte siempre estarán allí con un aullido de color y protesta. Salgamos a las calles donde están los museos y las verdaderas galerías, donde el hombre real contemplará la obra perdida.-No, primero el laberinto, después el bosque--Pero el celeste nunca habló de un laberinto--Sin embargo está allí, y algunas noches la aurora lo oculta para que no tengas miedo--Siempre tengo miedo, miedo de mar, miedo de oscuridad, miedo de él...--Al alba el miedo come ausencias, augura amor falso para que de inmediato dejes de buscar "eso"--Hasta invisible llora y yo lo escucho, llora de una refracción muerta. ¿Dónde vive el prisma, el reflejo?- Y cuándo la noche sopló un poco de oriente, ellos asustados y en pijamas se asomaron por la ventana de madera hechiza y rompieron en palabras de odio y mentira. Sólo imagino la deidad que fue, el abrelatas de sueños que ahora vive dentro de mis venas. El Celuloide miró brilloso pero confuso. Sonrió después al tiempo de espera y mientras él terminaba de romper con la linealidad narrativa del recuerdo, le dijo;- Yo ya no tengo nada de aquello -caminé por varias horas bajo el oscuro nebular de la cuidad, me oculté bajo mi gorra de sudadera tibia y al mirar de las banquetas, al sonar de las farmacias, al abrir de las miradas extrañas; la vida dejó de tener linealidad, el neón se despojo de sus atributos hasta esconderse en su gas suave. A veces quisiera, pero sólo a veces, quedarme para siempre, fingir y resultar la criatura que sospechaban, después me veo, los veo, y ya nada me detiene. Entonces cuando no hay nadie, odio estar solo. A veces el frío provocaba que su nariz tan blanca como duna de nieve, se volviera roja. Historia de elefantes, fábula de mamíferos enfermos de púrpura. Cada cual,vampiro de la esfera,vampira de la médula. No hay estrellas en el celeste. Será una noche cerrada. El sol se ha ido. Desapareció.Rompérme, desfragméntarme en brillantinas polares para vivir por siempre en el interior de aquél oso blanco que llora tanto. Valentina ya no huele, y la noche se va sin dejar su sazón, y ella lo sabe, y prefiere morirse, y el roble se junta con su nariz esbelta para no dejar pasar nada, y yo por la ventana, recordando el oler de los crisantemos.Valentina te vas a enfermar. Mis sueños entre caracolas y golpes de cabecera, siempre encendían mi despertar agónico en la próxima nota que su puerta confidente de mi deseo arrogante, tendría pegada todas las mañanas del resto de mi vida.Y así, hasta el día después de marzo que regresó mi hermano, con su escopeta en el brazo y la chaqueta verde llena de lodo tibio; me sacaron de la casa, de nuevo lagrimones y gritos al centro del bosque. Siempre quiero poner una canción de fondo a mi vida y que de pronto todo se vuelva como un videoclip de Gondry o Albertin. Sin embargo ahora prefiero que el soundtrack de mi vida sea tocado por Michael Nyman. Así es que somos de incoherentes y anhelamos las formas más básicas para que al final te arrojes de un puente y nadie toque nada de fondo o haya un gran director diciendo corte. No hay fórmulas para el dolor, ni conocimiento suficiente para canalizarlo. Pero sí que hay interpretación para la soledad o el desamor, y nos levantámos por las mañanas y deseámos que el universo sea igual de amoral que nosotros, eso no pasará nunca. Aquél día me fuí a casa después de hablar con un par de policías, me recosté en mi cama y no quise hablar con nadie. Lloré. Lloré por mí, por no darme cuenta de que al final la vida es la materia más incipiente y efímera, que lo único que nos queda es la falsa salvación de que después de la muerte vamos a ser realmente felices, y que nadie sabe decirnos nada al respecto. El oceáno, las nubes grises gritando, el árbol lleno de secretos, la torre de comunicación iluminada en navidad, el metro repleto de gente sin rostro, la ventísca de octubre en nuestros hombros erizados, el café por la mañana, las frutas, la cebra llorando, el baile de las medusas, el estertor del neón a mitad de una carretera oscura, la caricia oyente de una mujer, el beso en el lóbulo, la penetración confidente e íntima en una noche de verano, el rugir de los grillos, Sigur Rós tocando en Viena, mi primer MDMA, lágrimas de adios, lágrimas de hola, lágrimas de dolor; y así se llena nuestra vida, con lágrimas falsas que por más que salgan, no cambiarán nada nunca. Ahora, muchos años después, Kgargaria desarrolla una nueva tendencia de ultra radicalismo en los lemures, intenta generar divisiones obreras para después por medio de sindicatos, los lemures aprendan el arte del estencil y propagen sus ideas revolucionarias y políticas. Por mi parte, pienso en Ulrike y de alguna manera extraña, creo que siempre fue una mujer muy triste.Sentada en flor camino de Swann, me sostendré de mi epifanía para soltar a tu oído caracola de nieve las palabras hundidas, tocaré ligeramente tu mano y te diré tan cerca, pendiente de estrella en caída al hombro. Precisa escucha tomarás de tus labios pulpa de vitamina C para mis púlmones en nicotina y me dejarás hablar. IÑIGO ESCARLATA (Tambaleándose un poco): Los retrasos carecen de argumentación.RAFFAELLA CARALUNA (Dejando el libro en la mesa): Y la impaciencia genera endorfinas, al igual que la risa. IÑIGO ESCARLATA: Estás hermosa, me recuerdas a Juliette Lewis en Natural Born Killers. (Le da dos besos y un abrazo un poco forzado) RAFFAELLA CARALUNA: Tú luces fatal, pareces todo menos Mickey Knox.IÑIGO ESCARLATA (Esbozando una ligera mueca, parece avergonzado): ¿Tienes mechero? o es qué ya no fumas desde que lees a St. Germain y a Gurdjieff. El organismo humano sufre de distancias tiempo-espacio que entonces no tendrían existencia, sólo actuarían por necesidad espiritual y puramente metafísicas. La masificación mental de la especie tiende a sacar resultados obvios dentro de su psique poco desarrollada, es por eso que la intervención planetaria dentro de sus más enérgicos resultados, nos muestra de manera sumamente poética la poca relación entre la lejanía transitoria. Ya no sueña, ya no duerme, sustituye sus sueños por "el sueño" y se sienta todas las noches a mirarlo y soñar que está despierto mirando un sueño, entonces sueña con la misma materia de la que están hechos los sueños. Ya no soy el hecho Entre flautas y nenúfares me doy vueltaasumía al árbol injerto de mis profundidades más polvorientaspara qué mujer de ríeles, violeta amorfa Confundidaa los veinte tuve un amigo y lo perdí a los veinticuatro también el escote brincaba entre flor y flor, con las pequeñas tijeras para tallos y tierra cortaba al aire que entraba impostor por sus axilas, el sudor caminaba entre la delgada línea de sus senos y los pétalos quedaban colgando del pliegue de su cintura, cintura imán de pétalos. Pisco de lluvia y vestido de tarde. Se frota suavemente el vientre con la cucharilla para el azúcar, glucosa de opio. Le beso la frente y mirada submarina que se ahoga en sus senos de pellizco; se acurruca en mi cintura para nadar en mi ombligo. Ojalá, océano de mieles, ojalá así sea. Grito al oleaje, grito de medio sol en el centro del mundo -¡Siempre serás mi momento!- En su caminar exacto se alejó sin voltear, seguramente pensando en mí ahí de pie, juzgado por las nubes que se alejaban hacia la ciudad. Escucha, hay dos opciones, dejas de hacer preguntas y lo hacemos, o cambiamos de tema y nunca más volvemos a hablar de esto.Como era de esperar, las naranjas fueron un fracaso y los Hountrenberg llegaron a dudar de la capacidad poética-aeroforme del Dr. así fue como entró en una profunda depresión y abandonó el experimento hasta aquella mañana de agosto que se despertaría con el desayuno en la cama, su hija menor Calista de seis años, en lugar de toronja picada con azúcar, le llevó nectarina -Las toronjas se terminaron padre- el impacto de Calista al ver a su padre levantarse de la cama con un gran salto, medio desnudo, jamás se borrará de su mente, junto con las olas y los terremotos, las cordilleras y los rascacielos; somos una prueba de altura, Babel de arrogancia y minimalismo de concreto. Nos perdimos en la médula de algún viejo satelite ruso o tal vez en el cable de una cadena americana, sin embargo es la mejor película que he visto. Poca la forma de una mantaraya o que el desierto compresor de imágenes nos quité el suave aliento de contemplar al sexo opuesto. Varias características de la primaria ley de Bouhard, nos muestran el cómo afecto de la amatoria trasgiversal. Las escuelas del Ritmo Trascendental al Latido Primario, hablan del curso agudo y la relación entre las primeras notas de Liszt y el enamoramiento infantil a una alma joven. ¡No se puede! Y sé que me escuchas ¡Carajo! ¡Carajo! Sabes que no me gusta llorar, sabes que odio cuando como naranja y me quedan los dedos pegajosos, sabes que tu aliento en mi oreja me destruye por completo, también sabes que tengo pánico a las arañas, no entiendo cómo te fuiste así, tan rápido, en un segundo, en un segundo cae la primer gota de lluvia, en un segundo se enciende una lámpara vieja, se escucha una carcajada de mujer, se muere una cebra en en el zoo de Nueva York, se balancea un columpio sin niño, en un puto segundo te fuiste y ahora, ahora qué, qué pretendes que yo haga. Al parecer me encontraron unos pescadores, a mi lado había un pingüino golpeándome con el pico en el rostro. Le voy a escribir una postal a Aurora diciéndole que regreso a México, no me siento bien. Øystein: Escucha Narvik. La máquina ha llegado de nuevo. Seguro que trae malas noticias. Coge a Stonia y vamos afuera a ver qué pasa.Narvik: Las máquinas somos nosotros. Sabes lo que dicen, el hombre es la peor y más maléfica de las máquinas. Esos monstruos largos representan el movimiento del tiempo. Las malas fortunas de las décadas. No he logrado dormir bien.Øystein: (Poniéndose el abrigo) Anda, vamos fuera. Yo guardaré en el motor esa cosa y salimos a ver por qué razón esa cosa se ha detenido frente a casa. La nieve nos dejará meterla junto a los nabos. Nabos Narvik, recuerda lo que decía mamá. Nunca dejes de hacer nada que una máquina pueda hacer. Una hoja de barniz, los cuernos doblados y esta cabeza mía que no deja de hablarme de muertos y conejas. Una sonrisa es ciega sin embargo huele a cerezas, una sonrisa es como una fabrica de olas. Antes de que nos vayamos, de que nos olvidemos de nosotros mismos, pienso en W y lo imagino en su propio infierno, en donde sus órganos vitales han dejado de ser órganos y ahora son piezas de un ajedrez demoníaco, en donde sus pensamientos se transforman en gigantes y en brujas. Lo veo sentado en un cuarto oscuro, escuálido; y antes de que olvide que estoy muerto lo recuerdo como un buen muerto, un muerto que intentaba siempre estar bien muerto. Sin embargo hubo un momento, entre el suspiro y la ceguera, en el que logré establecer una delicada conexión con la estructura, un ligero roce del cual me levanté como pluma enloquecida, como bestia enamorada.

Feliz cumpleaños Magíster. Remix by Andeonimba Records.

sábado, septiembre 15, 2007

Carta (2)

Mis queridos hermanos, lemures, príncipes, la guerra ha terminado, por el momento, la frivolidad del recuerdo me llena con herramientas que al caer no generan ruido. Desafortunadamente nadie ha triunfado, no hay vencedor, no hay derrotado, queda una ápice de espacio formada por miles de estampas estáticas. Me reconfortan las heridas, que al contrario de un soldado veterano, admiro con paciencia para darme cuenta de que me hago viejo por dentro. Las armas se apagaron junto con un ascensor descendiendo hacia la verdadera respuesta, sin pregunta, sin condescendencia. Sigo sin entender, sin contraríame las leyes básicas de un enfermo terminal del corazón. Hay cicatrices, amputaciones de alma y milagrosas resurrecciones, mi semblante ahora es turbio y coordinado, nada que no logre amplificar mis estados de locura constante. No importa que mis extremidades ya no existan, que mi orgullo haya sido devorado por mil bocas, sin embargo importa y duele, el recuerdo, las pesadillas en el frente. Intento una desaparición, una calcomanía de mí mismo pegada en el espejo del baño, que al sostenerse se afloje con el vapor y poco a poco caiga hacia el lavadero inservible por no tener más pegamento que dar. El abismo es inconciente, la soltura ya no existe, jamás existió, mi amor por el enemigo se acrecienta y se debilita de una forma tan extraña, que al congelar su imagen en mi universo, medoy valor para no buscarlo a escondidas. El hombre y la guerra mis queridos amigos, la mujer que inventa un Dios para reclamarle la costilla perdida. No encuentro mi capacidad de asombro, mi guerra a finalizado como era previsto, demasiado pronto, demasiado cansino. Sembré un bonsái en las trincheras, comí pastel con los generales del bando contrario, lloré una noche violenta al ritmo de los misiles, contagié de risa a varios espectadores de mi poca cordura, bailé las hojas y la sangre que sin darme cuenta, derramaba por el pecho. Así, mis bellos y lejanos confidentes, les confieso que mi batalla fue hermosa, fue epifánica e indulgente. Lucharía mil veces más por el honor del dolido, arrojaría cien granadas al campo para dejar la tierra inerte por siempre. Y ya que todo ha terminado, me siento solo, pero con las medallas correspondientes y los himnos adecuados. La guerra me dejó confuso, loco, perverso; pero fuerte para la siguiente llamada. Al final nada cambió, todo corrió al mismo ritmo del oleaje paciente y monótono, pero algo, alguna pequeña partícula, estará al pendiente de que fui un buen guerrero, lo prometo.

sábado, julio 28, 2007

Carta


Mis queridos amigos:
El hombre va al encuentro con sus Dioses. Descarga su ira con los troncos impasibles del bosque. Se lucha y se pierde, nos derriban las estrellas a golpe de ojo y lo que importa es la batalla, la guerra. Se derrama sangre, se liberan miles de conejos en honor a un guerrero, y regresa el veterano. Las guerras se pelean con pocas armas, con miserable condescendencia y mucha valentía. El arte del levantamiento es un reflejo de lo amorales y bestias que al final somos. Yo por mi parte, mis queridos hermanos, voy al campo de batalla, a la lucha infernal con los demiurgos, me llevo todo lo poco que tengo. Piensen en mí como un caballero honorable que lucha hasta el final, y que seguramente se entregará a la muerte ante mil demonios que sin duda lo devorarán a colmillo limpio. Parto a la guerra por que así lo deseo, no llevo armas, no tengo la condición física, no sé estrategias ni conozco al enemigo, pero el honor mis amigos, el honor es con lo que cargo, la humildad de mis miserias será mi alimento. Necesito de su comprensión y sus consejos, de su pañuelo blanco para despedirme en el puerto y las palabras correspondientes para desearme un buen viaje al inframundo. A mi regreso, si es que sucede, mostraré orgulloso mis heridas de guerra, mi locura de haber visto al enemigo y tal vez derrotado o triunfado pero siempre como un buen veterano. Saben bien mis buenos lemures, que es mi destino, mi fracaso y mi camino, llevar la paz y dejar las tripas si es posible. Los llevo en mi baúl y en mi pecho, los pensaré al centro de una terrible matanza y tal vez les escriba de nuevo para darles mi oraciones. El hombre queridos, el hombre es la principal herramienta de los Dioses, jugamos papeles absurdos que al final nos hacen llorar, gritar y balbucear himnos nacionales. Así, los dejo, esperando sus buenas intenciones y comprensión ante tan arriesgada hazaña, pero ustedes que me conocen como el polen a los pétalos, deben de saber que es mi naturaleza, mi propia guerra y mis últimas fuerzas para dejar de pensar en el pasado y en el futuro, porque en la batalla, sólo hay un día y es el que estás viviendo, sobre vivencia. El guerrero no se oculta, se interna en las más terribles formas y deja sangre, extremidades, sueños, glorias, miedos, es por eso que quiero luchar. Entonces amigos, levanten sus manos al aire y griten para despedirme. Se avecinan momentos de guerra. Los amo, y que el cosmos decida de nuestras fortunas. Así se han levantado imperios. Queda siempre de ustedes, su guardián, su amigo, su hermano, y con todo mi amor, me voy silbando aquella melodía que alguna vez bailamos en la sábana de una noche violenta.

lunes, julio 16, 2007

Larva Fecal & The Neonida Lemur

Después de catorce años desaparecidos, Miller Asturias, Roberto Cansino y Gris de Ávila, regresan a los escenarios con su nueva producción discográfica; -"Por el culo tour voy a dar" Mejor conocidos como "Larva Fecal", este trío de virtuosos del metal, están listos para satisfacer los oídos más exigentes con títulos como; por el culo te voy a dar, ojete descomunal, papa pederasta, comeme el prepucio que lo tengo sucio, baladón hardrockero de mi miembro en tu agujero, entre otros... Se presume, habrá una firma de autógrafos en los baños públicos de la Col. Jardín, además Miller Asturias -voz principal y líder de la banda- prometió a sus grasientos fans, firmar los autógrafos con su propia mierda. Por otro lado, The Neonida Lemur Proyect piensa alternar con ellos en una única presentación "necro-fetal-proto-anal", noche que promete ser una de las más grandes en la historia del underground hispanoamericano.

Sus éxitos: Por el culo te voy a dar... y "la mas guarra de la tierra, la más puta del planeta"





jueves, junio 21, 2007

Ácido fórmico.

En su cañaveral de almohadones, Giussepe R, mordisqueaba con amplia voracidad los miembros contenidos en el cráneo de un caballito mar. Giussepe antes de seccionar la esponjosa y tibia figura epónima, enjuagaba el cuerpo pciforme de aquel mínimo rocín submarino en una purísima solución de glatamato monosódico; entre sus componentes más esénciales la simpática bestia acuática en combinación con el glatamato monosódico contenía la solución - según su homeópata - para evitar los principios del temible Vagotonismo (una suerte de disminución en la celeridad cardiaca). Giussepe estaba preocupado. Luisa dormía a su lado, Giussepe velaba a la apacible fémina cual centinela de leonas blancas. Ese día, Luisa, por vez primera le había hablado de las hormigas. Cuando se lo dijo, Luisa llevaba una diadema de tréboles por corona, bebía además lactó bacilos, una fortísima solución renal con la que luisa pretendía animar un serio trauma ubicado en donde Giussepe suponía ella tenía los riñones. - Giussepe me preocupan las hormigas, le dijo determínate. Y le convido la mitad de una píldora de gentamicina (antiinfeccioso tópico).- Las hay en una cantidad extraordinaria, no he tenido el atrevimiento de matarlas, han tomado por sendero los almohadones de mi cama. Luisa antes de dormir tomó un par de DIHIDROERGOTAMINAS. Seguramente han oído hablar de la hipocondría, ambos, como cualquier hombre moderno, tenían enfermedades, solo que Giussepe gran lector de rótulos alopáticos, había entrado en una red interminable de medicación.
Ej. Giussepe preocupado sus hemorragias nasales comenzó sin diagnóstico alguno a tomar Pentoxisilina (anticoagulante), el Pentoxisilina entre sus efectos secundarios amenazaba con el entumecimiento de los pies, para lo cual tomó Sumatriptan (antibiótico muscular), el cual tenia entre sus cargas contraproducentes el de provocar ligeras migrañas, a las cuales respondió con Trimetroprin (biótico de alcance suprarrenal); así sucesivamente hasta terminar mordisqueando un caballito de mar.
Una vez terminado con las carnes del equino submarino tomó sus medicamentos en pro de la construcción de su subcortex endémico, y fue en esas condiciones se fue a dormir pensando en las hormigas. Al día siguiente Giussepe tuvo un extrañísimo amanecer, Luisa lo atacaba con un rifle de DDT (abominable insecticida). Giussepe entro en un sopor terrible. Luisa llamó a un miembro del cuerpo médico, pero según la exposición del caso le recomendó aun conocido epidemiólogo. Giussepe se había vuelto un hormiguero viviente, sus interiores ahora eran un abominable dédalo, cientos de hormigas habían tomado a Giussepe por ciudadela de carne; por su ejemplar nariz salían cientos de hormigas que regresaban a él por sus orejas. Gregorio Cortines, el epidemiólogo se encontraba en el África endémica combatiendo la malaria. Luego, Luisa, desesperada acudió al zoológico a obtener a un oso hormiguero. El oso hormiguero sufría de gripe. Luisa desesperada aun, decidió despertar a giussepe. .- Me están formicando por las orejas, gritó Giussepe sin poder contener el horror de la vida en su propia carne. Giussepe del espanto cayó en un severo estado de coma.
Luisa ante la laxitud somnífera de Giussepe, decidió analizar con tranquilidad la complicada situación. Una hormiga salía del cuerpo inerme de Giussepe con un diamante de considerables proporciones, se lo dio a Luisa.
Giussepe era una mina, sus membranas debían ser vetas de los metales más preciados. Pronto Luisa tenía un collar, un par de aretes y un sinnúmero de anillos diseñados por el ingenio de las hormigas. Giussepe despertó, pero vio a Luisa tan entusiasmada por aquel extrañísimo despliegue mineral que decidió adoptar la condición de hormiguero en vida.
Giussepe sin poderse explicar el detalle de la formación rocosa en sus carnes; muy asustado sin consultar a su médico, después de una operación de lógica formal, decidió considerar entre sus múltiples tratamientos el uso de anticalcéicos (medicamentos recomendados en caso de formación de piedras en el riñón), según él para evitar para evitar la producción de minerales, Giussepe decidió utilizar vía ótica la solución anticalcéica. Giussepe termino sin remedio en un policlínico.
Era lógico, como explicó tiempo después un estudiante de Medicina a Luisa, quién llevaba un collar de diamantes, su alto consumo de fármacos había resultado en una maravillosa producción rocosa.

martes, abril 03, 2007

El arte de la escapatoria.

Giussepe R. tomó un plato de caracoles al humo y como cada mañana se dirigió a la Academia donde con incierto entusiasmo estudiaba anfibología; para tal propósito el distinguido Giussepe R. solía tomar la avenida Fideo Maximilio Montenegro, avenida donde también se ubicaba su domicilio; más tarde daba vuelta en la calle Ordenes Militares hasta dar con la calle Carlos Cucufato, viraba por Corredor América con el fin de encontrarse en los senderos floridos de la calleta Jaime Moreno Benavente y así dar con la ansiada Academia de Anfibología. En la lámina primera se distingue su recorrido.

Así fue como Giussepe R. -sarraceno de incontenible viril- en una de sus venturas pasionales enamoró sin remedio a la Infanta Blanca Becerra; Giussepe R. del mismo modo y con los mesmos principios de celeridad sensorial decidió abandonarla. Pobrecita de la boticaria Blanca Becerra.Giussepe R. temiendo enfrentar las condiciones de un amorío repentino, optó por un magno acto de escapismo. Para evitar a Blanca Becerra sólo era necesario evadir buena parte de la avenida Fideo Maximilio Montenegro. Nuestro querido diligente Giussepe R. consideraba que para abandonar a una dama solamente era necesario no compartir con la docella la misma locación geográfica. Pobrecita de la boticaria Blanca Becerra, victima de aquel lobo feroz. En la ilustración, la locación de B. Becerra es presentada con un amable sensor verde pápula derivación anfibio tanzano.
No solamente fue lo de Blanca Becerra. Se dice en la aldea, Giussepe tambíen enamoró a Leonor Pisapía, conocida lechera de la comunidad; luego decidió tirar el amorío por la borda. Su oficio de evasión sónica resultó una vez más en el intercambio de su ruta, tal giro direccional implicaba el hecho de saltear un peligroso muro de hormigón. Una vez asaltado el muro Giussepe R. daba a la amable callejuela: Caieta Romina Flandes, callejuela cercana a su destino: la gran academia de Anfibología.
En Caieta Romina Flandes Giussepe R cometió otro de sus crímenes de anonimato pasional y desaparición; esta vez la enamorada fue una fabulosa mulata de nombre: María Capria Bolaño. Giussepe, decidido a continuar con sus fechorías optó también por el abandono de la gentil Capria Bolaño; tal evasión dio un giro total a su recorrido. Tal desviación ahora implicaba incluso una sesión de nado de alto riesgo en la delta de un rio; había decidido evitar a las tres mujeres tomando los senderos dispuestos por la campiña. Ahi iba Giussepe R. por los campos de avena en busca de completar su interminable romancero fugaz.
En la campiña provincial enamoró a una campesina y a sus tres hermanas. Eran ya seis las mujeres que esperaban al insolente mosquetero; desde ese día Giussepe R atraviesa dos ciudades con el fin de evitar tal cantidad de féminas pendientes. Me parece notable considerar la siguiente curiosidad: la ruta original de Giussepe R. consistía en algunos minutos, ahora Giussepe R, debido a su anormal escapismo y falta de conciencia amorosa le tomá casi una hora y medía asistir a la Academia. Las doncellas aun le siguen esperando.
Giussepe R. llevará por siempre la figura del eterno amante bandido, la insignia del hombre desaparecido; pero no os preocupeís queridas mías, Giussepe R. en su desobligado anonimato les tiene un afecto magno, inmenso y brutal.

Giussepe R -el novio desaparecido- terminó sus estudios y viajo a Costa de Marfil. A los geógrafos del corazón debido a su constante cambio de dirección les fue imposible continuar con su seguimiento. La última vez que se le vió fue en un diferenciado femenino en Busapest.
Según los reportes de las agencias de Busqueda y Rastreo de múltiples paises: cientos de mujeres del ámbito internacional le reportan cada semana como misteriosamente desaparecido.

jueves, diciembre 07, 2006

HOMENAJE A WARPOLA



Porque a veces con la lejanía algunos sueños tienen mayor mucosidad, o simplemente porque es bello suspirar y decir, como en la tele, algún día, algún día, y al mismo tiempo no, porque la vida tiene demasiada prisa, como algún día la tendremos en la fluorescenica de una capital lejana, o en el flash de una polaroid, da igual, lo que cambia es la intensidad de la luz, no la de la nostalgia con la que miraremos los tiempos felices.

domingo, diciembre 03, 2006

Despedida


a "los neónidas"
Recuerdo el año en que la ví, el mes no. A veces me levanto, tarde, a medio día. Y con las uñas largas toco la ventana para despedirme de sus labios lacrimógenos. Hay cosas buenas, hay cosas inertes, de alguna forma suelto una risa y dejo un vaho de azúcar sobre mi reflejo que hace mucho ya no reconozco, la barba. No sé en que momento decidí amarla, tampoco sabía que tenía que conocerme a mí mismo en medio de la lluvia o del rugir de los grillos en la oscuridad. Sin embargo el pasar del aire sobre las plantas y al tocar en la ventana cada noche para no decirme nada pero de alguna forma saber que está ahí, afuera, solo; Respiro...y que me muera ahora mismo si no le dije cosas al cielo tan suave y gris. Entonces recuerdo, viene el mar, las rocas de nieve, el golpear del metro sobre mis hombros, el café en la cama, el libro que nunca acabé, mis neónidas lemúridas ante la tempestad y así mis ojos se aclaran y brillosos se despejan ante la partida. Siento que me voy, pero al parecer las sombras siguen aquí, me llevo fantasmas, demonios y miles de sonrisas que la arena espesa guardará sobre sus rayos de sal. A veces quisiera, pero sólo a veces, quedarme para siempre, fingir y resultar la criatura que sospechaban, después me veo, los veo, y ya nada me detiene, ni el sol monótono que nada en mis caderas. Entonces, despierto e inesperadamente me doy cuenta de la facilidad con la que se puede consguir el olvido, o de la sencillez para dejar de amar, y que de todas formas una sin la otra no pueden existir, en medio del absurdo envidio al hombre por ser tan borde, tan predecible, tan fácil, tan mierda, creo que me averguenzaría profundamente de ser hombre, pero al parecer soy uno de ellos. Sólo neón hermanos, y que la esfera, el espiral de fuego nos dará el conocimiento suficiente, cosa de la que carezco más que nunca. Entonces recuerdo...

domingo, noviembre 26, 2006

Veredicto

viernes, noviembre 17, 2006

Citando a ciegas

PRAGMÁTICA SANCIÓN

miércoles, noviembre 01, 2006

SUPERNOVA



a la querida memoria de nuestro ilustre Elio Tomasso (1992- 2006).
Mascota Lemur de la Casa Neónida.
Tuve la oportunidad de ver a William Burroughs en una ocasión, fue en una conferencia en la Universidad de Texas en Austin allá en el ochenta y dos. La plática iba algo así sobre las secuelas cósmicas de los saltos evolutivos del lenguaje. Entre la ronda de preguntas hubo una problemática planteada por mi parte que me parece pertinente recordar aquí; entre el flash de los reporteros de la gaceta de la Facultad de Astronomía, alcé la mano y le dije –Señor Burroughs, de modo que, por lo que usted ha venido sosteniendo hasta el momento, ¿podría aseverarse que los Neónidas son igualmente pertenecientes al tópico de la Lemuria? –el maestro ex yunkie formuló un hastiado pero elegante gesto de repetir aquello que ya debería de darse por sentado y contestó –Los Neónidas… –esperó un momento como si del silencio expectante del auditorio Samuel Houston fuese a llegar su respuesta, o como si el sonido de los flashes le fueran a revelar la manera de explicar un concepto muy complejo en términos vulgares –los Neónidas –continuó –son el vínculo más precioso que la humanidad conserva con sus ancestro Lemur –y terminó uniendo la yema de los dedos en el arte de sostener la idea de un plato muy rico. -¿Por qué motivo, si usted disculpa? –le repliqué al fin –No podría definirlo con toda firmeza –reconoció el viejo profeta empuñando el mango de su bastón, luego se despojó de sus anteojos, unos de esos anteojos grandes que estaban de moda en el ochenta y dos y, ensanchando la vista, sentenció –tal vez algo haya en el símil que ambos poseen del peligroso irradiar en sus pupilas cuando son expuestas a prolongadas emisiones de luz neón.
Foto: Steven Cook.

martes, octubre 17, 2006

Cordial invitación


Hoy me invitaron a formar parte de el neonidesmo, movimiento o manifiesto Neonida, por supuesto acepte.

lunes, agosto 21, 2006

We are not alone



The text from an early neon work proclaims: “The true artist helps the world by revealing mystic truths.”
Bruce Nauman
Caducidad cero. En alto puntaje de vanguardia y un misterio que no sabría notificar. A las tantas razones que tendría para sobrepasar las letras, y después reciclar su imágen inmesurable. Tan neónida que asusta. Tan brillante que dulcifica la vista en miles de tonalidades estrenduosas. Así es el gran plástico. La cálidez de sus obras me abruma y abochorna mis púpilas. Alguna vez pensaba solo y tímido, ahora el tiempo revela la mágia y la terrible sensibilidad mística de un genio en colores. Sí en algún momento el neón es culto y el gas notorio un respiro de dilatación; Él lo sabía. Levanto miles de aullídos por su histeria y su capacidad, por su sangre gaseosa y confundida. La aurora ya no es tan violenta, el mar ya no es tan oscuro, el Atlántico ilumina el universo sin sed y Nauman, sí es qué lo prefiere, me atrevo a decir, Es el primer Neónida en la tierra del sepia. Declino la oferta e invito a la vida, que el verdadero cosmos está en la obra interminable y eterna del místico Nauman. ¿O la privacidad de la especie ya no necesita manifiestos pero si influencias?. ¿Alguna duda?

jueves, julio 13, 2006

La llegada del sepia y un grillo que llora ausente


El licántropo ascendido. Derrumba las piernas y mira con una tristeza austera la nueva noticia del periódico diurno.
“El neón será prohibido en la zona centro de Madrid”
Ahora comienza la guerra. El sistema cuadra las cosas y necesita que poco a poco tomemos un retroceso de época importante. Quiere que las calles y que las gentes y que las sonrisas de los espectaculares vuelvan a ser de color sepia. Ahoga el pensamiento a través del color y que mejor que prohibiendo el neón a toda costa.
Y si lo pensamos con elocuencia, lo mejor sería mantener la tecnología a punta pero las mentes en escaso pensamiento y sepia, sepia, sepia. Que mierda!!! Los neonidas levantamos un llamado de color y de brillo a todos aquellos que quieran un poco de ausencia en sus vidas, a todos aquellos que hayan ido a un “drugstore” a las 3 am, a todos los que se han hecho más de 2 cirugías plásticas, a los que comen mierda en Mc Donalds y a los que toman taffil y a los que venden su sexo por algo de crack, a los que machacan a los más bajos, a los que viven en Tijuana, a todos los que aman demasiado el televisor y sus mentes marchitas comen como larvas las telenovelas del 2, y por supuesto a todos aquellos a los que la publicidad los ha envuelto es sus míseros colmillos y al fin y al cabo siguen aquí. !!Larga vida al neón!!