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lunes, marzo 24, 2008

Intelectualoide

Hay varias veces que de verdad me ahorro el comentario porque no me gusta que me acusen de no entender. La literatura es peligrosa y la critica se ha encargado de volverla imposible e intocable. Me gusta pensar que los primeros libros que leí fueron recomendados y prestados y que ahora me doy cuenta que los amé porque era un adolescente. Que mis primeras lecturas "serias" ahora me dejan un sabor un poco ácido y mi sentido de la crítica se ha desarrollado por culpa de la experiencia y las lecturas consecuentes. Me viene Coupland, Easton-Ellis, Cortázar, Juan Rulfo, Kerouac y creo que en realidad ya no es tan interesante leer sobre asesinatos o sobre una Maga un poco idiota que se enamora de un hombre que vive escuchando jazz y con dinero de quién sabe dónde, que es imposible recorrer a mochila mi pueblito y llenarme de drogas, no son los 50´s, que la repetición me gusta pero no como forma oral según los críticos.

Empiezo con esto porque intento racionalizar mi estado y comprender en verdad qué soy. Según yo siempre he odiado la pose de intelectual y me horroriza pensar en todas aquellas vacas sagradas hablando, y también pienso muchas veces que un blog es para fracasados. No entiendo en qué momento decidí meterme en esto y abrir un libro de Bolaño, que me es insoportable leer a Balzac o a Espronceda, que no he podido nunca terminar a Faulkner y que no entendí nada de El Ulises de Joyce. Entonces qué me queda, antes amaba a Bukowsky y ahora me doy cuenta de que como poeta no es tan bueno y que sus novelas son simples. Todos admiran y aman a Borges, Proust, Pound, pero yo no me acabé En busca del tiempo perdido y las conferencias sobre literatura inglesa de Borges me aburren. Me gusta mucha literatura y de nada sirve. Por qué leo a Bolaño y sigo pensando que es terrible que se haya ido, Álvaro Enrique me cegó y cambió todo, Lobo Antunes me dio noches de dolor de cabeza y lo sigo releyendo, George Perec, Woolf, Elizondo y así la lista es larga y esas lecturas se han ido perdiendo en un sentido propio y argumentativo.

Una pasión que se me desvanece porque muchas veces mis ideas se apropian de la interrogante de mi personalidad y no sé quién soy. Antes buscaba todas las respuestas en la literatura, y ahora me doy cuenta de que la farsa y el mal desarrollo que he tenido no han dejado nada más que dudas. No es pesimista lo que intento decir, me refiero a que todas las pasiones que tengo me dejan en un abismo que no termina: el cine, la música y el intento de escribir.

Luego llegan nombres como Arlt, Tolstoi, Arguedas, Roa Bastos y no se acaba nunca. No quiero ser un intelectual, tampoco un intelectualoide, simplemente quiero definir mis gustos y enumerar algunas de las cosas que han cambiado mi vida para volverla más complicada. No hay nada peor que no tener aquello. Y así se me va el tiempo y la vida pensando en lo que no he leído, lo que no he visto. Supongo que me encuentro en un limbo que crece poco a poco intentando comprender por qué odio a Juan Ramón Jiménez, Isabel Allende a Carlos Fuentes, que el realismo mágico ya me es tan pomposo, pero hay que leerlo para gritar ¡yo leí Cien años de soledad!, es un pecado no haberlo hecho. Cómo decir que eres esto o aquello, que si en verdad me gustó la película de Reygadas no soy pretencioso sino que me gustó y listo, al igual que me gustó E.T, que me gusta leer a Borges de igual forma que leo los Macanudos de Liniers. Que la poesía es para iluminados y que en realidad nadie la comprende pero es bello leerla. Entonces vivo con lo que tengo cerca, con la palabra y la proyección de formas. Intento humildemente hablar de lo que amo sin pretender, sin ser arrogante, pero que a veces me sale sin quererlo, simplemente es el desarrollo de una idea lo único que tengo. Entonces no sé sea un intelectual o un intelectualoide, pero estoy seguro que la única forma de alcanzar el alivio es leyendo y hablando.

Adjunto los puntos de Martín Zariello para definir a un Intelectualoide:

1- No hay nada más patético que ver en televisión una mesa redonda de intelectuales. Allí están con sus barbas, sus camisas y sus lapiceras elucubrando pensamientos abstractos, impracticables en la vida cotidiana y, lo que es peor, dejando que los señalen como “intelectuales”. Primera máxima: un intelectualoide es alguien que acepta que lo llamen “intelectual”. Siempre digo –no recuerdo a quien se lo copie- que no hay nada peor que alguien que se cree dentro de la literatura. También podría decir que no hay nada peor que alguien que se crea intelectual.

1.a. Para no entrar en ambigüedades definamos al intelectual como en el diccionario: “Dedicado preferentemente al cultivo de las letras y la ciencia”. Concentrémonos en esa definición: un ser que sabe de ciencias y de literatura. Un tipo inteligente: ni la arrogancia, ni la pirotecnia verbal, ni la intolerancia. Todos esos, veremos, son rasgos del intelectualoide.

2- El intelectualoide es una deformación del intelectual. Lo que define al intelectualoide es: su adoración a determinado autor, la repetición constante de frases de su admirado, la intolerancia, el agravio ante lo diferente y la mentira como estratagema para definirse como un ser superior.

3- Un intelectualoide critica sin saber. Para ganar una discusión, si es necesario, dirá que leyó a un autor del que ni siquiera sabe cómo se pronuncia el nombre. En realidad no importa que no sea discusión: en una charla cualquiera, en una conversación amena y calma, ante la pregunta “¿Lo leíste?” responderá que sí, que sí lo leyó e incluso elaborará una hipótesis en contra de lo que el otro le ha contado del libro. En cambio, un intelectual verdadero, siempre parecerá saber menos, estar desorientado. Mentirá diciendo que no leyó para empaparse con la lectura del otro. En realidad el intelectual se nutre con todo lo que recibe, es tal su entendimiento que sabe que nadie tiene razón, sino que con un poco de todo, recién ahí, se puede llegar a la verdad, que siempre es esquiva y borrosa.

4- El intelectualoide, en su carrera por aparentar ser intelectual, en su exageración desmedida (un intelectualoide es la hipérbole del intelectual) caminará la vida efectuando grandes sentencias, enormes dicotomías y reflexiones sin argumento.

5- El intelectualoide, famélico de alardear su falsa sabiduría, no podrá contenerse y ante el menor error de un pobre aprendiz irá con sus garras a destrozarlo arrojándole el diccionario, Borges, Cervantes y Bolaño por encima.

6- El intelectualoide no tendrá reparos en decirse “escritor”, “pensador”, “poeta”, “filósofo”, “ideólogo”, “autor”, etc.

7- No sé si han tenido la oportunidad de cruzarse con un verdadero entendido pero lo que me quedó a mí de los tipos inteligentes es que te pueden dar cátedra, explicarte algo o corregirte con: 1) gracia, 2) entusiasmo y 3) sin denigrarte por no haber leído a Sartre, Deleuze o Derrida. Un tipo inteligente jamás le dirá a alguien que no leyó a Borges: “¡Lee a Borges, pedazo de pelotudo!”. No, más bien le dirá: “Che, ¿vos leíste a Borges? Bueno, te lo recomiendo”. Un tipo inteligente sabe que la violencia verbal no lleva a nada y aparece justamente cuando el que la utiliza no puede sustentar sus argumentos. El intelectual siempre tendrá argumentos. El intelectualoide ante la requisa huirá despavorido o insultará.

8- En una nota aparecida en el suplemento cultural del diario Clarín (Ñ), Ricardo Piglia opina sobre diarios de Bioy Casares y dice lo siguiente: “(…) parecen las notas de un escritor amargado y rencoroso que habla mal de todo el mundo. La pretensión de ser malvado es uno de los grandes lugares comunes de la literatura (…)”. Creo que algo de eso también hay en los intelectualoides: la proyección que ellos mismo tienen de sí esta infinitamente alejada de la realidad. Se creen los malvados, los grandes parricidas... Alguna vez ellos también estuvieron en las sombras, leyendo a Isabel Allende. Olvidan cuando todavía no sabían, no estaban enterados. En algún momento empezaron, la utopía de alguien que desde los 5 años leyó a Borges es absurda. En conclusión: si sos tan inteligente, como dirían en el barrio, metete con alguien de tu tamaño, no con el menos informado, el menos leído. Un tipo inteligente, aun a riesgo de perder, va a buscarle pelea al más alto y musculoso porque sabe que si llega a ganar no habrá logro igual. Un cobarde, en cambio, se mete con el alfeñique de 30 kilos porque sabe que es imposible que el otro pierda. Estas dos, a su modo, ejemplifican las actitudes del intelectual y del intelectualoide respectivamente.

Estoy de acuerdo en todos los puntos, y si por alguna razón yo tengo algo de alguno de ellos. Sufro las consecuencias y seguiré intentando conocerme.

domingo, junio 03, 2007

En el Ágora

Es bien sabido el hecho de que no conviene andar diciendo latines en edades tiernas. No hacen buena pareja la juventud y la erudición, esta conviene más a los viejos y a los hombres maduros, que son quienes están en posición de proferir y administrar las lecciones y consejos. A la juventud le atañe el error, más no la estupidez, el aprendizaje antes que la enseñanza y la prudencia antes que la temeridad. Y en lo que toca a las artes amatorias, no es tenido por gracioso el que hace gala de sus conocimientos para ganarse el corazón de la querida, aventaja mucho antes el que hace burla y mofa de su propia ignorancia. Hace no pocos días, escuché a un altivo muchachito que a lo mucho tendría unos catorce años, pavoneándose frente a una muchachita que tendría más o menos su edad, le decía con fingida apostura –Amor est vitae essentia, Omnia vincit Amor, Vide Car Meum, etc. – Todas estas cosas decía el presuntuoso púber, creyéndose así maestro en galanterías. La jovencita, no entendiendo nada de lo referido, esperaba ansiosa el momento para poder largarse de ahí. Visto esto por los grandes retóricos Demóstenes y Cicerón –quienes se distraían curioseando desde las azoteas del otro mundo- decidieron darle al vanidoso muchachillo, una lección. Después de un poco romano chin-chan-pú se decidió que sería Cicerón quien bajaría a la tierra, encarnado en el cuerpo de un hermoso mozalbete de 16 años. Se acercó el anónimo orador ya en nuevas vestimentas –una T-shirt de K.Cobain y unos baggies- e hizo afrenta al precoz escolástico. -¡Oye Puto, no te metas con mi chica, no le gusta que la estén albureando! – Una vez dicho esto, le dio un empujón al ofendido, tomó de la mano a la muchacha y se la llevó de aquél lugar. De esto rió mucho el bueno de Demóstenes desde su asiento de nubes, quedó satisfecho de la buena lección que le daba su bien hablado camarada a aquél inexperto jovencito, porque es mejor hablar bien la baja jerigonza que andar alardeando latines y falsa ciencia a la hora de ganarse el corazón de una querida.

Imagen: Demóstenes y Cicerón por Londres en los 70's.

jueves, abril 19, 2007

El crítico literario.

Para Giussepe R.
El Crítico Literario, placentino monarca, paladín del dictamen sapiensal y grandísimo pensador, falto de calor oratorio y con sagaz ingenio definió como inútil el oficio Neónida; sus anotaciones fueron: Bobos, vagos (cita: G. Durand), ausentes de conocimiento (cita: R Dussel), sus alteridades inquietan únicamente al débil lector (cita: Ricoeur), propongo su finitud (cita: Panikkar), suficiente hemos celebrado sus idioteces (cita: Derida), imbéciles (cita), bobalicones (cita) (cita) (cita).
Su malicia femenina le gano la enemistad del dos veces brillante ateneo de neón. Y es que era magno el enemigo, la lechuza inquisidora se dedicaba a la persecución de equivocaciones; se presentaba en los cocteles diciendo: ¿Qué tal, soy el Crítico Literario?, yo le un puse un (;) a Fernando de Rojas. En cada gala hacía pasar tal vergüenza a nuestro querido escritor español; el Crítico Literario era más listo que todos nosotros, pues tenía la siniestra habilidad de ver lo que no se debía ver, adecuando sus observaciones a sus actas poéticas, difíciles documentos de lógica medieval. Tales curiosidades aparecían desde su más temprana edad: el Crítico Literario, a los seis años había leído Las mil y una noches, a sus quince años intentó traducir al castellano The Finnegans Wake y con humildad declaró que era imposible; había asistido a una fiesta de té con Octavio Paz; sus poemas de aparente y abstracto heroísmo eran silogismos, sus traducciones eran de lenguas muertas siglos atrás.!Pero con qué maestría citaba el Crítico Literario!, si sus pies de página necesitaran calcetines se requeriría de un numeroso batallón de sastres imperiales. Gran adversario era el Crítico Literario, haciendo de cada equivoco un acto magistral, galopando sobre las letras con sus cascos de potro sanguinario, paciendo con furia hojas de libro, aumentando su masa cual polilla infernal. Imaginen solamente el terror de los Neónidas sabiendo que el Crítico Literario devoraba libros para bulímico expulsar aburridas revisiones.
Los Neónidas reconocemos que aunque de lírica primitiva, el crítico literario tenía una atractiva inteligencia; Fabio Santtrox alguna vez me explicó cómo a partir de una sencilla operación era posible derivar la inteligencia de nuestros pensadores modernos.
El movimiento matemático es muy simple - Nc x Np = Mp - ; siendo en tal álgebra (Nc): número de citas; (Np): número de páginas del documento; al multiplicar las dos variables obtenemos (Mp): magnitud del pensamiento. En su última publicación: "La falta de prosperidad semántica en los enunciados de Jean Fonndell Bartte" citó en 478.089 ocasiones a lo largo de 53 páginas.
El monstruo había logrado un índice proporcional a los 25815.717 cp (citas por página). En el documento - innumerable lista de graves alternativas todas acompañadas de cita – proponía incluso la guillotina para el joven poeta rumano.
En definitiva el Crítico Literario era un gran enemigo para los Neónidas.
Los Neónidas, en nombre del joven poeta rumano Jean Fonndell Bartte, el ánima caída de Fernando de Rojas y sus propios intereses. Decidieron probar su fortuna enfrentándose a su pensamiento; lo matarían en un texto de su poco vistado blog sin marcador diacrítico alguno.
Y un neonida mato a sangre fria al critico literario.
Meta literatura cariño. Decía la nota dejada sobre el inmenso cadáver del pensador.

domingo, enero 14, 2007

Los modales de Herbert Wright

"¡Oh Rufai, perro de Akbar!"
Cántico Adoratorio

El cachorro inglés de uno año y tres meses, Herbert Wright, ha demostrado cumplir con las demandas morales de una aristocracia intransigente, que educa a sus mascotas bajo rígidos códigos de conducta. La academia para perros "Happy Hound" reconoció el desempeño del cachorro en los rubros de higiene y conciencia social. El ilustre cánida defeca -siguiendo un calendario- en una bacinica automática, no ladra después de las ocho y evita ante todo estimularse con peluches y cojines. Herbert, lo llamaremos así de ahora en adelante, es bañado en una tina construida únicamente para él, bondadosos baños de espuma le son preparados, por no mencionar las sesiones de masaje en las que Herbert no ha podido evitar sacudir la cola frenéticamente. En materia de relaciones interpersonales, maridaje y encuentros repentinos, Herbert no ha decepcionado a sus admiradores. Novedosas posturas coitales han sido observadas en el pícaro canino, quien no se basta con saciar cachorritas de su clase, sino que se ha desenvuelto con éxito a la hora de interactuar con gatos y tejones, limando las asperezas que siempre han existido entre dichas especies. - ¡Una suerte de diplomacia lasciva sobre evolucionada!- dijo el New York Times. No contento con esto, el increíble sabueso ha desarrollado una inusitada capacidad musical, logrando modular su ladrido hasta generar una especie de cántico religioso. Louise y William Wright, felices residentes de picadilly y responsables de la fama del brillante "puppy"han decidido abrir un colegio privado para perros. - William y yo pretendemos ser los precursores de una primera aristocracia animal, extender los límites del pedigree reinventando una burguesía de cachorros elegantes- declaró Louise en una entrevista con la televisora "Animal Chanel". En la agenda de Herbert se encuentran una comida con el príncipe Español y su perro Fabrizzio y un simposio para mascotas superdotadas impartido por Francis Overmore, renombrado docente animal quien logró hacer hablar hebreo a un loro caribeño.
Foto: Mark Zibert

domingo, diciembre 17, 2006

EPIFÁNICA JUSTIFICACIÓN

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Mire usted profesor, le voy a explicar porqué llego tarde a su clase: en primer lugar hay que partir de la idea de que yo soy un genio como usted nunca tendrá la gracia de poder decir que tuvo uno en su clase y, ahora encima, que me tuvo a MÍ. Cuando las multitudes de historiadores y reporteros vengan hasta usted, seguramente callará las malas notas por las que me hizo pasar y en su sitio quizás divague por graciosas y fructíferas charlas en la cafetería que, claro está, jamás tuvieron lugar; usted no se opaque a destiempo que ya se lo perdonaré con la salomónica comprensión que ahora usted no tiene conmigo. Segundo, puesto que soy un genio me he visto en la obligación de atender al ensalzamiento de mi espíritu, un espíritu demasiado vulnerable, quisiera remarcar, como suele pasar entre los de mi especie. Por ello me desvelo escuchando todos esos discos de bandas de rock de las cuales usted no ha de tener ni la menor idea, lo cual es comprensible dada su condición moderna y académica, y me paso la noche entre aquellos cómics se zombis, ironía posmoderna que usted ha de pensar, como es propio en el canon de la cultura general (el cual no será compartido por sus hijos pues me esforzaré en cambiarlo), una grosería y, claro, esas complejísimas charlas con mis camaradas en donde se destraban metafísicos paradigmas con la utilización de sustancias ante las cuales usted, seguramente, se ha de mostrar con prejuicios. Por estos dos motivos es menester pedirle, en nombre del futuro del conocimiento y del panteón de los inalcanzables espíritus que forjaron nuestra édad, que no se alebreste ante mi impuntualidad ni se sorprenda de que caiga sobre el mesa-banco fatigado de mi acelerada actividad neuronal pues significa que comienzo una onírica charla con Aristóteles, Beethoven, Faulkner o Newton quienes, imagínese que honor para usted, han escogido su clase para llamarme a concilio.

Foto: Erwin Olaf.

domingo, octubre 15, 2006

Lingüística hoy.


Maltin Ottavi autor de Verbo regente y uso del participio adecuado (UNAM,1994) y sus amigos los Lingüistas, ansiosos por completar las referencias de un texto ya terminado con motivo de la última entrega de la famosa revista dirigida por Ana Maria Barrachea, importantísima duquesa del Centro de Lingüística hispánica; decidieron acudir en apurada aventura a los interiores de hierba pajarera de la muy extraordinaria selva Guatemalteca, tomaron la mini-van de la facultad de Biología, dispositivos de grabación, carnets, tarjetas gráficas para facilitar el aprendizaje de la interlengua y salieron en búsqueda (o persecución furiosa) de nativos y registros fonéticos. Todos los lingüistas utilizaban playeras de corte marinero y estampado de Noam Chomsky, salieron de la Ciudad de México a horas tempranas y unos días después llegaron a una vereda con formación geológica de silla de caballo, así accesaron a la se decía la última supuesta comunidad de hablantes de el dialecto Achi-Yepocapa, bamboleando la cuatro por cuatro en pleno estival intercedieron de forma violenta, asustando a los nativos del lugar por la poco medida velocidad de la mini-van. Un jovencito salvaje, pluma impetuosa, pétalos de cáñamo, aretes de semilla colgante y pendientes de protosaurio, se les enfrento a los Lingüistas y a sus aparatos de grabación personales diciendo con serenidad a la vez que señalaba el pecho de la maestra de Lingüística Tamara Gonzáles: /Tehuanca Altrai at Chomsky altercu Farfar/, mientras la cinta magnética de los exploradores fabulaba los valiosos registros fonéticos. Inmediatamente la doctora Eusebia Pons se alejo del grupo para comenzar a traducir el extraño segmento pronunciado por el nativo. El jovencito Achi Yepocapa se acerco a Mattin Ottavi y muy seriamente pronuncio en un castellano muy controlado: Por lo que veo en sus grabadoras y atuendos son lingüistas y si, nos da mucho gusto que nos visiten, pero por el momento no nos interesa que estudien las características tonales del Achi Yepocapa frente a la flexión del verboide en Español , además tenemos una sesión de fotos con las personas del National Geographic, y mire señor Maltin Ottavi me gustaría ser un poco más atento pero al viejo del pueblo, el venerable Achi Papaleo no le agrado la traducción que usted realizo en la ultima edición de la revista de filología española de sus poemas tonales, además si nuestra lengua se sigue difundiendo vamos a perder puntos en el fondo internacional para la preservación étnica de culturas en próxima desaparición, lo siento tengo que ir a maquillarme, pero pueden comprar postales en la caseta de entrada a la reserva.
Mientras tanto la maestra Eusebia Pons, que se había mantenido distante, dedicada a la traducción del saludo del jovencito Achi Yepocapa, resolvió el pasivo, ajusto el dativo, leyó el resultado para si misma, miro su playera con extrañeza y repitió el segmento recién traducido al Castellano “yo me imaginaba a chomsky (mucho) más gordo”.

miércoles, agosto 23, 2006

Mi Criaturita Universitaria

Tumbado en el sofá esta el pobrecito niño índigo, con sus 19 años vistiendo corbata de moño, manchada la boca de dulce después de una mañana entera de ver caricaturas. Se ha orinado, el nene se ha orinado y mamá no puede quitarle los pantalones porque su hijito le da pataletas, la aleja con bruscos empellones mientras le grita -¡Puta! ¡Puta!- Y se echa a llorar, el bebé no quiere ir a la universidad, tiene miedo, quiere teta, quiere que le traigan su vasote con chokomilk. Ahora música, porque el rorro es un melómano exquisito y le gusta su Debussy para comerse la papilla. Come, llora, bebe y se frota. Se manosea los pantalones con suma impertinencia. Y mamá - Déjate ahí mi vida - y él se saca de golpe el dilatado monóculo para frotarlo con fuerza. ¡Papilla, baba, caricaturas, orines! Y mamá interviene de nuevo - No hagas eso hijo, te vas a lastimar...no está bien...¡Tadeo! - Y Tadeo arrobado en su frenético ejercicio, obstinado en asfixiar a su juguete favorito. -¡Tadeo no seas cochino, sobre los cojines no!- El ángelote limpia con su babero, camina a la cocina enseñando sus nalgas peludas, toma su sandwich y grita mientras cierra la puerta - ¡Nos vemos luego Mamá, me voy a la universidad! - Y mamá con los ojos vidriosos, orgullosa de que su niño sea tan buen estudiante.
(Pintura - Shayman)

domingo, agosto 20, 2006

INTELECTUALIENS

Habemos algunos hombres -fantoches disfrazados con ropajes de discreción - quienes aspiramos frenéticamente a ser una especie de machos alfa del intelecto. Luminarias exóticas en un mundo de ignorantes, deseamos gozar en todo momento de las primicias del saber, ver reflejada en los otros nuestra estampa de pensadores altamente sapienciales. Vamos por ahí alardeando cínicamente de una sabiduría antiquísima, presumiendo entre dientes y disimulada en nuestra facundia, una verdad inconmesurable, necesaria para la salvación del mundo. Nos perdemos en contemplaciones innecesarias por el puro recreo de nuestro exigente intelecto. ¡Somos genios! ¡Maestros insignes de la postmodernidad! ¡Epilépticos arrobados en reflexiones estúpidas! Y entonces, caemos en la cuenta de nuestro juego de niños, nuestro vulgar Kinder de pretensiones, ñoños engolosinados con la información. ¡Bobalicones babeando sobre las enciclopedias! ¡IntelectuA.L.I.E.N.s anegados en la aderezada metafísica del fast-food! ¡Pensadores desechables! ¡Ideólogos reciclables! ¡Revolucionarios intercambiables que juegan con Legos y desnudan barbies! En fin, una lástima... Una lástima que esté borracho...

jueves, julio 06, 2006

Sonatas de cigarra y sapo o música para el baño.

Una lata de sopa, un álbum lleno de notas. Andres Gassparoff académico de la Universidad de Singapoore avienta a los cerámicos de los escusados batallones de sapos que antes de tocar orines de fruta y plastas de excremento con semillas de Bambú , pronuncian croando en anímico redoble marcial, un Haiku japones. Ahí anda el profesor de anfibiología, conjurando música pentatémica en los calderos- nenúnfar de los baños para chicas de la Autónoma de Singapoore. De una chistera de rombos Gassparoff toma un sapo como a una libre de las orejas y la lanza al retrete de porcelana.

Sapo toro dice antes de caer al agua:
閑かさや岩に
しみ入る
蝉の声
Gassparoff en una postura muy heróica sube a la taza del baño para damas ,toma su diccionario y dice en un tono sacramental y determinante:

Todo en calma
penetra en las rocas
la voz de la cigarra
(Y una jovencita que andaba en regla queda enamorada)







viernes, junio 30, 2006

Paradojas de un irritado conferencista


Ya no quería seguir escuchando las mismas estupideces. Estaba harto de esa gente que pasaba la vida buscando las etiologías de absolutamente todo lo que ocurría. Eran para él una grupa de farsantes. Homúnculos con honoris-causa asoleándose en el cementerio académico. Lo irritaba escuchar citas, monumentos arrogantes a la memoria, islotes retóricos de soberbia. Se sentía inseguro enmedio de esos hombres llenos de certezas, un mareo irreprimible lo agitaba por dentro cuando era cuestionado sobre cualquier cosa. Además: ¿Por qué tenían que ser tan aburridos? Seres tan parcos y mezquinos le provocaban una nausea intolerable. Tanta solemnidad, tanta gravedad en el gesto y ese recato tan plástico que mostraban sus rostros al discursear. ¡Momias! ¡Cadáveres eruditos sin mayor misterio que su flaqueza! Y todavía se atrevían, con el mayor descaro, a portar los estandartes de la ciencia y el conocimiento. No quería estar cerca de esa pajarera de cotorras intelectualoides, quería huir, tragarse todos los sonidos, emborracharse de fonemos y sentidos. Olvidar las cadencias y las métricas, reestablecerse en un limbo amnésico en donde sólo importaba la semiótica del momento presente. ¡Recuperar los minutos para llegar a tiempo a dictar su conferencia llamada: "Hommo et existencialis; influencia de la lactosa en el existencialismo alemán"!




domingo, junio 25, 2006

Notas acerca de mi lanudo asesor de tesis.

Un orangután bebiendo agua de melón desde una garrafa de whisky , al no haber tenido nada decidido e incluso habiendo tratado todos lo métodos artificiales se decidió que el simio podía ir a alguna de las Academias de ciencia para aprender pintura contemporánea. Con la espalda enjabona y gafas redondas de miopía, un par de jeringuillas hipodérmicas y cepillos de joroba de camello con remedias para algunos males nasales que traería Liverpool para el homínido, los científicos se decidieron por entregarle un cobertor de y un pasaporte que le permitía andar a pie por casi todos los países de la unión europea. Ahí iba en el ferryboat desayunando otro de nuestros ciudadanos. No alimente al simio, son cosas que el puede hacer por si mismo, tiene los papeles que lo validan como un ser autónomo y responsable, salúdelo y no se busque problemas, dice la BBC.