Mostrando las entradas con la etiqueta ?. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta ?. Mostrar todas las entradas

miércoles, abril 02, 2008

()





Para Giusseppe nocturno en parvulario




Nos estamos interponiendo a las leyes naturales, o será que en un intento pobre de autodestrucción el relevo universal no alcanza a sujetar la batuta y es entonces cuando nos damos por vencidos y nos desvanecemos. En el cenit la fuerza pierde contraste, es irrelevante que en un despliegue de locura las cosas tomen esa forma de pescado, un pescado frito que no tiene nada que ver con el que dictaminó Girondo. Todo sería tan sencillo si penetráramos en la providencia con la calma ardua y consistente, si en un solo respiro se escapara toda la mala intención y sólo entonces así poder levitar a un ritmo justo. Sin embargo al encontrarme frente a la pureza estética no puedo evitar sumergirme en un insomnio de burbujas, cuando me reencuentro con todo el lado blanquecino de mi mente y me percato de que sólo así es como logro un estado de catarsis pleno y sedentario. Tantos besos que ya hubiera repartido, tantos abrazos, tantos estornudos y tantas lágrimas que se confundirían con la saliva inquieta. Mi almohada ha dejado de oler a algo que antes disfrutaba, el trono donde Morfeo me levanta y me lleva a la cima de todas las cosas se ha vuelto un espejo inconmensurable en donde mi reflejo es una basta y agitada forma de luciérnaga hiperactiva. Nada es cuando en la oscuridad no sé si tengo los ojos cerrados o abiertos, cuando en un momento de la noche confundo los colores eléctricos de la penumbra con un par de viejos flacos y barbudos saltando una cuerda mientras cuentan en voz alta; 1,2,3,4,34,56,78...No quiero entender de maniobras mágicas para el enamoramiento, tampoco quiero un sueño profundo ni mucho menos compartir mi cama. Un escritor francés decía que siempre antes de dormir mataba una gallina. Un filósofo alemán salía a caminar desnudo por las calles desiertas de Berlín a las 5am. Una escritora inglesa se tomaba tantas pastillas que terminó matándose mientas seguramente soñaba con la novela interminable. Sobran los caminos y las redes, es una discapacidad que sufre, no hay sillas de ruedas ni bastones para alcanzar el sueño. El estado perenne de la anemia mental es que nos refugiamos en una sábana interminable de pensamientos obscenos. Los psicólogos siempre han estado equivocados en ese sentido, son las hienas de la ciencia. Ahora, justo ahora se impregna el viento de una fruta tan dulce que a nada se le compara; es la condena, y en un abrupto mordisco irremediable nos empalaga de tanta pulpa tan delicadamente perfecta y es cuando de pronto en un aullido me doy cuenta que todo es culpa de ella.

Acuarela de Geratho Andeonimba, colección Saul Galo, Circo Serotonina.

jueves, marzo 13, 2008

Venturosa Conclusión

Prevalece hasta ahora una pugna discreta entre magos y payasos. Querella que ha tomado al disimulo como estrategia de combate, erigiéndose así como una lucha de sinuosidades y malicias que parece no hallar solución. Comúnmente, ocurre que frente al gesto desvergonzado del cómico, responde el mago con un toque fugaz en su prodigiosa chistera. La audiencia se debate entre el asombro y la carcajada. El bufón le hace frente al ridículo desde la combinatoria de su fuego y malabar, así como el mago siembra el misterio en la conciencia más incrédula. Hace unos días en una fiesta infantil sucedió lo inevitable. Los niños, jueces implacables sobre quienes recae el veredicto, han tomado un inteligente subterfugio; contemplar con asombro al payaso y reír sin mesura con los embelecos del mago. Los artistas, magos y payasos, son víctimas entonces de una terrible confusión. El histrión, al advertir el poco efecto de sus gracias, nublado por la posible gravedad de su pantomima, se derrumba en un golpe de tristeza y desaparece súbitamente del escenario. El mago, sorprendido por las risotadas que provocan sus conjuros fantásticos, cree haber sido descubierto en lo más íntimo de su arte. Avergonzado, no tiene otro remedio más que esbozar una sonrisita timorata y saludar al público con expresión idiota. Siendo así que al final del día esa polémica milenaria se ha resuelto de la manera más elegante: teniendo payasos que desaparecen como magos, y magos que sonríen como payasos.

viernes, noviembre 02, 2007

Prescencia

La cocina. La mesa. Las cuatro de la madrugada. Un silencio que se desvanece. El ruido ajeno que viene de la otra habitación. Taquicardia. Alguien más estaba ahí.


Microrelato dedicado a la memoria de "El güero"

sábado, septiembre 15, 2007

El descenso



Por la puerta se escuchaba un zumbido, un ligero y constante chillar del viento que entraba con delicadeza por las ranuras de la madera. Algunas veces me colocaba frente a la delgada rotura para sentir la brisa como cuchillas congeladas sobre mi rostro en ese tiempo con barba abundante. La nieve había cubierto los rincones, se amontonaba en las baldosas y no permitía que las ventanas se abriesen, vestía de blanco a las piedras que un mes antes coloqué para cubrir el cuerpo de Vivanco. Me acercaba con un puñado de flores marchitas, muertas, casi pendientes de que su alma no se escapara de este mundo, colocaba una por una en las piedras y esperaba a que la nieve les terminara de robar aquella alma de flor amarilla. Vivanco ya no estaba, seguramente su cuerpo congelado se conservaba intacto, con el semblante intranquilo, despistado y poco hermoso. Lo imaginaba desde la casa recostado en la nieve con un paisaje de oscuros, puntos blancos asomando entre las piedras que dos meses antes había colocado ahí, encima de él, para cubrir su cuerpo de las tempestades del tiempo. El silencio se formaba en capas, giraba en espirales para posarse dentro de la casa y acompañarme en los días, no dejaba la tristeza, no dejaba que me pegara la tristeza, miraba los copos de nieve rozando las hojas y pendiente de las piedras; eran de río, suaves y frías, buenas piedras. Bajé dos kilómetros de ida y vuelta, cuatro veces, las traía de ocho o diez y las iba colocando en Vivanco. Antes de que comenzara el invierno, la casa se adelgazó repentinamente, el fuego era inmortal en la chimenea, mis dedos se hincharon hasta volverse inertes, mis manos carecían de reacción y por más que las golpeara no sentía dolor, eran un par de extrañas piedras. Vivanco nunca tenía frío, se colocaba una pequeña bufanda alrededor del cuello y decía "No me alejaré demasiado" constante Vivanco, monótono e imbécil, demasiado bello para esta montaña. Retiré las piedras una por una, formé un prisma sobre la nieve que dejó al descubierto el cuerpo desnudo de Vivanco. Congelado, de colores putrefactos y cubierto de hielo por todas sus cavidades; lo miré, lo toqué con mis pies para sentirlo, lo subí en mi espalda y empezamos a descender por la montaña hasta el pueblo que se encontraba a veinte kilómetros de distancia.

Fragmento de "Hombres cargando cuerpos" Ed. Andeonimba Letrae, 1979.







martes, junio 26, 2007

Una Historia Simple

En la secundaria, no hubo peor apodo que el de Rafael Godinez, primero fue el derivado simplon; "Gordines", granjeado por su precoz obesidad y por su aficion a los pastelitos de marinela. Fue ese apodo el que fue preparando el terreno, el que le permitiria soportar la inclemencia de su titulo definitivo. "El Valero", seudonimo adquirido por la singularidad de una tragedia. La caida vertical desde la copa de un nogal y el aterrizaje cular y preciso sobre el vertice de un rehilete. (No era prudente -con el peso de ese gordinflon- andarse meciendo en las endebles ramas de un nogal) El chico se destrozo el esfinter, se arruino la cadera, quedando su infancia marcada por aquel fortuito resbalon. El accidente cobro fama en la ciudad, era la anecdota que encendia los animos en la sobremesa, la leyenda que las madres utilizaban para evitar que sus hijos se treparan a los arboles, etc. Fue a su vez, un apodo que lo envolvio en churriguerescas explicaciones al tiempo de clarificarle a su suegro, los motivos de tan folklorico sobrenombre. - Me dicen asi por travieso! - exclama el ingenuo "valero" mientras corta un rollito de jamon. La familia de su novia -una damisela con infulas de duquesa Birmana- lo miran con extranieza y desaprobacion, no juzgan al hinchado "valero" como un partido que este a la altura de su princesa. Imaginan -en sus retorcidas mentes aristocratas - todo un drama transexual y derroches escandalosos de esperma. No le duro mucho aquella novia. Alguna vez -en un recreo nublado lo recuerdo bien- me conto como los medicos se habian reido al conocer los motivos de su desgarre. Era un tipo con el rostro de la lastima. Anios (no anos, anios) mas tarde se largo a otra ciudad y conocio a una chica con tenido rubio, no se... Yo era "Filomeno", ese fue por culpa de mi madre, quien se pavoneaba diciendo que me habia engendrado al filo de la menopausia, los chicos de mi clase nunca le dieron importancia, supongo que asi sucede de cuando en cuando.

miércoles, junio 13, 2007

¡Órale pinche Chochos!

De entre la curiosa fauna de ravers, punkies y otras variedades híbridas de sub-grupos urbanos, surge nuestro bien amado Chochos. "El Chochos", único nombre ante el cual da signos de vida pensante, ha sido su pseudónimo desde tiempos inmemoriales. Su padre, homeópata por afición, se enorgucelle todavía y a pesar de los evidentes daños, por haber experimentado el poder de ciertas sustancias en el cerebro de su hijo. En el tierno púber ya a los doce era clara su inclinación por el diazepam y los barbitúricos. Sus malas amistades adolescentes -fascinerosos convenencieros interesados en la despensa química de su padre- lo arrastraron al consumo maniático de todo género de sustancias. "El Virulas", amigo suyo desde la infancia y compañero inseparable en su carrera desquiciada por los psicotrópicos, nos comenta en una fiesta: -¡Este güey es chido, es el Chochos, órale Chocos saluda, no seas tímido... Es chido el Chochos, nuestras jefas nos bañaban juntos!- dice animado. Su intoxicado camarada, con los ojos desorbitados y la sonrisa indecisa entre el estupor y la dicha, se introduce: -¡Chido, chido...chido!- suponemos que es la única palabra que articula, en sus momentos de lucidéz suelta con desenfado un melódico -¡Chaaale!- Otro perdulario lo toma por los hombros y se lo llevan hacia otro rincón del vicio. Toxicómano con extenso kilometraje, no ha perdido esa gracia genuina de sus años mozos. Todavía se le dilatan las pupilas cuando un disoluto muchachillo se acerca ofreciéndole un toque. El Chochos es una leyenda en el anuario de anti-héroes adolescentes, ejemplo vivo de desenfreno y displiscencia, prototipo babeante de convicción. Se lo encuentra rolando en toquines, raves y bodegas, -¡Acá, en lugares acá bien chidos!- nos aclara Virulas, quien además comenta que todavía recuerda el pijama de carritos que usaba en aquél entonces el Chochos. Hay una nostalgia terrible en todo esto, es conmovedor ver al Chochos -hasta su reputísima madre- intentando bajarse la bragueta. -¡Órale pinche Chochos, no sea tímido mi Chochos, ya sácate el toque pinche Chochos...!- esa ha sido la cantinela chocarrera que viene oyendo desde sus trece, pero él, aferrado a su vocación farmacológica y con su amabilidad de siempre nos responde: -¡Sss... Chido, chido...chido!-

Imagen: Las playeras con la caricatura del Chochos que ya venden en Komandrovia.

martes, marzo 20, 2007

La buena ventura de Capetillo Buenrostro y las fieras de San Hilario.

El docto ictiólogo Zacatecano Carlos Capetillo Buenrostro mostró al mundo el resultado de sus estudios sobre las singularidades del arenque. Patrocinado por una industria del enlatado, el excéntrico científico emprendió desde hace unos años, la infinita labor de examinar de cerca el comportamiento del arenque. En abril de 1975, compró una buena chaqueta y se disparó a los ignotos territorios del Canadá. Observó los cardúmenes trashumantes de platinados pececillos enloquecidos por la primavera. Nadó desnudo en las frescas aguas de la bahía de San Hilario y más de una vez compartió un bocadillo con el temible oso pardo. Se replanteó las nociones del bonne savage, temió padecer de hidropesía, recitó poesía desde una roca solitaria y se contagió inevitablemente de un patetismo bucólico que lo arrastró a dirigirse en sermones beatíficos a los animales. Su confusión arribó el día en que miró la bahía recubierta por una fina película de viscosidades blancuzcas. La respuesta: una brutal cantidad de semen de arenque. Extasiado ante tan improvisto espectáculo seminal, no tardó en ir a chapotear en la lechosa y cálida espuma, seguro de que miles y miles de pequeños huevecillos estaban siendo fecundados. Buenrostro, inmerso en tan fértiles parajes, se contagió del impulso primario y no pudiendo reprimirse, sodomizó a un osezno. Se sabe por datos extraoficiales, que años más tarde aquél futuro oso sería el responsable de la muerte de un reportero del Animal Channel. ¿Es Carlos Capetillo Buenrosto culpable? ¿Merece ser juzgado ante el tribunal para la conservación de las especies en peligro de extinción?

sábado, marzo 17, 2007

¡Ah Capetillo Buenrostro!


Nuestro amigo y querido doctor Beto, urólogo por vocación, nos platica en su informe semanal sobre las anomalías eyaculatorias. Expone lúcidamente el caso de su paciente Carlos Capetillo Buenrostro, quien asegura "eyacular a deshoras". ¿A qué apuntan estos anacronismos seminales? ¿Eyacular a deshoras, será hacerlo mientras uno desayuna? ¿Será mojarse los calzonsillos cuando uno diserta sobre las modernas técnicas de embalsamamiento? Es -según nuestro clarividente facultativo- un guiño de excentricidad, un resultado terminante de largos ejercicios mentales en pro de una sexualidad menos violenta. ¡Un golpe duro al falocentrismo! ¡El derrumbe languidecente de la erección! La caída infame del argumento erectil y el desprestigio ignominioso del ente que penetra. ¡Una mutación fortuita que nos debería conmover! Capetillo Buenrostro declaró en la radio pública - sentirse invadido en su intimidad, ahora el mundo podía publicar un calendario preciso de sus emisiones-. Dijo estar en desacuerdo con las opiniones del Dr. Beto, de quien asegura - "está abusando de su clientela para hacerse de renombre"-. El doctor Beto es, para nuestro precóz eyaculador - "Un oportunista malévolo que aprovecha la desgracia orgánica de sus pacientes para hacerse de un espacio en la televisión"-. En un arranque difamatorio, Capetillo Buenrostro, juró haber oído de la boca del Dr. Beto, el plan de desviar el cuerpo esponjoso en la estructura peneana de uno de sus pacientes. -"¡Es el Dr. Frankenstein de la urología! ¡Un científico siniestro que se opone a la preponderancia fálica de la edad moderna! ¡Un demonio abyecto, animado por los más lúgubres deseos!"- finalizó Buenrostro un instante más tarde de haberse dado cuenta, de que había eyaculado.

miércoles, enero 31, 2007

Hueles viento cicatríz de noche



Así, cada mañana, lágrima tornasol y píes de aluminio, salía a oler entre los robles del jardín que hacía años alguien sembró, hojas caídas en montaña de octubre, deslizándose entre el rocío cristalino que pocas veces sentía en sus talones de corteza, oliendo algunas estrellas que todavía quedaban en el firmamento
la miraba desde la ventana haciendo figuras con mi dedo índice, la miraba flotando mientras la encerraba en una esfera de vaho que pocas veces duraba, pensaba en las flores congeladas que olía, sin olor, y yo
Valentina te vas a enfermar
la conocí entre monjas y escotes, con la cruz de oro blanco colgando hasta la línea de sus pechos, mostrando el pliegue rosado del sostén, la plaza del convento, flor de primavera, refrescos de naranja y globos metálicos amarrados a la tierra
Hueles a durazno
y toda la tarde nos olímos entre algodón de azúcar y vestido azul, mientras las grullas se alejaban cantando junto con la tarde, la luna suspiraba de nosotros, Valentina vestido en cintura y bragas en las rodillas
Hueles a durazno
entonces nos juramos olor eterno, y con nuestra escencia provocábamos infartos a las monjas, los globos se liberaban hacia la estratosfera y las flores tenían orgasmos de tarde, y labios de pulpa que tientan, Valentina suspiraba de mí y ya vestido en cintura y bragas arriba, el aroma de nuestra pasión cansó a la luna que se dejó ir para siempre
Valentina te vas a enfermar
ahora flota por el jardín buscando olor, y sólo pan tostado y zumo de naranja por las mañanas, y succíono con todas mis fuerzas y ya no huele, Valentina ya no huele, y la noche se va sin dejar su sazón, y ella lo sabe, y prefiere morirse, y el roble se junta con su nariz esbelta para no dejar pasar nada, y yo por la ventana, recordando el oler de los crisantémos
Valentina te vas a enfermar
y volverá a oler, pero el olor de la muerte, a tierra húmeda, y entre los robles se escapará un estornudo de olor que alguna vez llegó a tener, porque ya no huele más, y junto mi nariz a su cuello, a sus brazos, a sus senos, y sólo viento
Hueles a durazno
la ventana se opáca de mis soplidos, el desayuno en mis manos que se va desaciendo cada vez más lentamente, y me huelo las manos y sólo tienen el olor del desayuno.

domingo, diciembre 17, 2006

EPIFÁNICA JUSTIFICACIÓN

Photobucket - Video and Image Hosting

Mire usted profesor, le voy a explicar porqué llego tarde a su clase: en primer lugar hay que partir de la idea de que yo soy un genio como usted nunca tendrá la gracia de poder decir que tuvo uno en su clase y, ahora encima, que me tuvo a MÍ. Cuando las multitudes de historiadores y reporteros vengan hasta usted, seguramente callará las malas notas por las que me hizo pasar y en su sitio quizás divague por graciosas y fructíferas charlas en la cafetería que, claro está, jamás tuvieron lugar; usted no se opaque a destiempo que ya se lo perdonaré con la salomónica comprensión que ahora usted no tiene conmigo. Segundo, puesto que soy un genio me he visto en la obligación de atender al ensalzamiento de mi espíritu, un espíritu demasiado vulnerable, quisiera remarcar, como suele pasar entre los de mi especie. Por ello me desvelo escuchando todos esos discos de bandas de rock de las cuales usted no ha de tener ni la menor idea, lo cual es comprensible dada su condición moderna y académica, y me paso la noche entre aquellos cómics se zombis, ironía posmoderna que usted ha de pensar, como es propio en el canon de la cultura general (el cual no será compartido por sus hijos pues me esforzaré en cambiarlo), una grosería y, claro, esas complejísimas charlas con mis camaradas en donde se destraban metafísicos paradigmas con la utilización de sustancias ante las cuales usted, seguramente, se ha de mostrar con prejuicios. Por estos dos motivos es menester pedirle, en nombre del futuro del conocimiento y del panteón de los inalcanzables espíritus que forjaron nuestra édad, que no se alebreste ante mi impuntualidad ni se sorprenda de que caiga sobre el mesa-banco fatigado de mi acelerada actividad neuronal pues significa que comienzo una onírica charla con Aristóteles, Beethoven, Faulkner o Newton quienes, imagínese que honor para usted, han escogido su clase para llamarme a concilio.

Foto: Erwin Olaf.

domingo, noviembre 19, 2006

Al final de la creación



Cuando El Celuloide le ofreció que narrara algún recuerdo, abstinado seductor de sombras cerebrales; Miró complejo a la galaxia más próxima para soltar algunas plumas que ahora sólo estorbaban. Varias veces se había sentido absurdo en el tiempo-espacio que ahora se desfragmentaba en miles de lunáticos estertores. Al estar frente al Celuloide, los recuerdos rozaron una de las flores que habitaban en el viejo cometa. Como ligera niebla se difuminó en medio de la oscuridad el recuerdo más antiguo y virgen del uni-verso:
24 segundos antes del amanecer. Un par de árboles se ruborizaban con la salida de un sol muy tímido para la hora entrante. En las nubes se veía un destello de luz limón que al pasar de los segundos crecía con abundante placer óptico. Casi al unísono se asomó la única sombra violeta sobre las praderas desconocidas. Él estaba allí, con las herramientas de un creador, con la acuática mirada de un acosador ilustrado. Espía de sueños. En la refracción tornasolada, se esferizó el núcleo mismo del creador falso, el hongo estático, átomo del miedo, pánico masivo de caricias. Rumbo al final de todas las cosas, el recuerdo sembró arena lúgubre en el suelo. Canalizó a la aurora en miles de universos míticos, de amapola ausente. Y por terrible resignación nació el hombre-bestia de miradas casi puras. La mañana se fue sobre una noche que aún nadie conocía, salieron las burbujas flotantes en el cielo y mientras pasaban las nubes ahora grises, los árboles se escondieron en simples reflejos de luna.
El Celuloide miró brilloso pero confuso. Sonrió después al tiempo de espera y mientras él terminaba de romper con la linealidad narrativa del recuerdo, le dijo;
- Yo ya no tengo nada de aquello -
(Foto: Jan Saudek)

miércoles, noviembre 15, 2006

Relato Infantil

"...y procuraré que nadie descubra, con verme a los ojos, el aullido perenne, el tenaz raspar de uñas contra las paredes del foso..."
José de la Colina
Siempre peco de ingenuidad. Me aferro a una posibilidad remota de que algo bueno suceda. Y así, me arrojo con una fe estúpida al ensueño, a ilusionarme con cifras del 1 por ciento, a creerme cuentos de amoríos idílicos y ridiculeces por el estilo. Cabalgo en la bobería de un asombro desbocado. Me suelto, divago en las casualidades, creyendo que el azar obedece a un orden cósmico que me dice algo, que me habla, que tal vez me susurra - Ya no seas tan pendejo... Pero afortunadamente siempre pasa lo mismo, todo termina iéndose al carajo y estas solo de nuevo, sobrellevando con mediocridad tu apestada existencia, tu inclinación al fracaso. Y es bueno saber que no eres el único, que una hornada de individuos macilentos te acompaña, una horda de seres parcos te arrastra, te acoje en su seno de polvo y mugre. No estás solo mi vida, no estas solo...¿porqué dices eso? Y miro alrededor y un camposanto viviente, todos caminando con la barbilla hundida en el pecho, sin mirarse, guiados por la vileza de sus más bajos caprichos. ¡Pinche mundo de mierda! Hay días que me dan ganas de ser alcanzado por una bala, así sin darme cuenta, de golpe sentir el plomo helado a mitad de la frente reventándome la cabeza como si fuera una sandía. Y después la fiesta de sesos y llantos. Se acerca un médico y negando con la cabeza dice - Colorín colorado este cuento se ha acabado...
Foto: Johnattann Weiner

domingo, noviembre 12, 2006

Oink



Un panquecillo, la tentación glaseada de un pastelito confitado. Transpirando aromas la dermis glucosa de tu postre favorito. Una mordidita, gordito, ándale... Lo tomas con tus manazas de ogro en vigilia, lo contemplas con el respeto azucarado que merece y babeas. Te escurren hilos de baba viscosa que ya rozan el suelo. En tu vientre un combate estentóreo, el retortijón hiperbólico aullando tu nombre... ¡¡¡OMAR!!!!! Sucio troglodita, roedor obeso de alacenas, bestia insaciable... ¡¡¡OMAR!!!

Foto: William Wegman.

martes, julio 18, 2006

Memorias analíticas, metalmetomímbricas y neónidas ó Milos el Dios que amaba ser hombre

1.- El nacer de las cosas: El agua por sobre todo, el ser viene acuático y sin escamas. La originalidad del sueño y la pregunta. El “yo” en cuestión, el labio inferior callado, deformado por el dedo de algún Ariel. El árbol centrado en la tierra, una sombra cabizbaja. Adán se come a Eva en medio de una lluvia cítrica llena de angustia. Darwin vomita sobre sus textos para después ser amamantado por una gorila ciega. (Baja la primer pantalla y muestra imágenes de animales en estado de putrefacción; principalmente cebras. Greenaway se levanta y se retira de la sala, se le alcanza a ver una gota de sudor en la frente y la corbata desaliñada)
Milos carece de precisión estética. En la llanura de sus fauces sopla el aliento de las vírgenes. El suicida por naturaleza que ama las flores y vive en la falsedad melancólica de los desterrados. Un nacer en medio de la tempestad, una soltura de la paz. La belleza de “La Tempestad” el dulce sueño, la capacidad de ser el universo y la prolífica palabra; “Hijo mío, pareces emocionado, como de consternación. Ten ánimo, nuestras fiestas han terminado. Estos actores nuestros, como te avisé, eran todos espíritus, y se han fundido en el aire, en sutil aire, y, como la construcción sin cimiento de esta visión, las torres coronadas de nubes, los espléndidos palacios, los solemnes templos, y la misma gran esfera, con todo lo que le pertenece, se disolverá, y, como este espectáculo sin sustancia, no dejará atrás ni rastro. Somos de la misma materia de que están hechos los sueños, y nuestra pequeña vida se encierra en un sueño”1. Milos sueña con la vida desde su pequeño universo. (La pantalla sube lentamente y Autechre suena a lo lejos. Shakespeare también se retira de la sala con una grupi de 18 años; Se detiene en el pasillo de caoba para orinar sobre un asiento vacío mientras canta “I´m singing in the rain”)
Continuará...

sábado, julio 15, 2006

SCI-FI.

Siempre que estoy al lado de una cosecha sucede igual, me pasan cosas, señales, dirían algunos; la realidad es que las cosechas contienen la esencia misma del planeta, tal y como le fue revelada a los antiguos, particularmente a los habitantes de Mesoamérica. Hoy, gracias a la mala reputación de la Ciencia Ficción, para nuestra mente occidental, incapaz de entender metáforas, no podría ser de otra forma, volvemos a encontrarnos cerca del mismo camino de comprensión. No es SCI-FI, sino más bien arte aislado y puro, el de H.R. Giger en quien se pueden hallar similitudes tremendas, y muy probablemente no intencionales, con el estilo Puc de los mayas clásicos conformando así una alegoría que me apetece más clasificar de “Cósmico-Orgánico”. A través de todo esto y como pasa en las cosechas entendemos a la tierra como un ser vivo, una astronave de carne en la que nosotros transitamos en la ruta marcada por la galaxia. El signo de esta astronave es la muerte, al igual que en las cosechas, la siembra se prepara hacia su fin para alimentar a los seres vivos, nosotros somos la cosecha del planeta, nos hace crecer para nutrirse de nuestra muerte.
http://www.system75.com/gallery/giger/images/Landscape_XIV.jpg