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jueves, agosto 16, 2007

Bang bang baby.


Bang bang, he shot me down
Bang bang, I hit the ground
Bang bang, that awful sound
Bang bang, my baby shot me down.
-Nancy Sinatra, Bang bang.
¿Me recuerdas?, nos conocimos en Hollywood: tú bailabas junto a las otras muchachas y yo fui esa noche al cabaret para esperar a un tipo que me tenía un empleo: deshacerme de la amante de un gobernador o algo así, ya lo he olvidado. Pero al estarte contemplado no pude quedarme quieto por mucho tiempo: necesitar beberme tu piel como un vaso de absenta, morder tu boca con sed de arándanos, desear meter mis dedos entre tu cabello corto y menudo y presionar con fuerza hasta jalarte conmigo al infierno, me estaba poniendo mal. Así que cuando acabó el acto te seguí hasta tu camerino y al abrir la puerta hallé a un hombre gritándote de cosas y agitando un arma en el aire. Se volvió hacia mí y me apuntó, tú tomaste una botella de gin que tenías cerca y se la reventaste en el cráneo. El hombre cayó como derribado por un rayo y yo me apresuré a tomar la pistola, luego comenzaste a patearlo y le llamaste cerdo, cerdo bastardo y puerco miserable y le escupiste en el rostro
–¿Qué esperas? –me dijiste mirándome a los ojos –¡mátalo ya! –ordenaste acribillándome con las dos balas negras de tus pupilas, yo disparé al fulano un tiro seco y en seguida se extendió un almohadón de sangre bajo su cabeza.
No lo miraste por mucho tiempo y tomaste tu bolso, me cogiste de la mano y salimos del camerino hasta andar todo el pasillo rumbo a la oficina. Allí abriste la caja fuerte cuya combinación sabías de memoria, sacaste las llaves de un auto y dos enromes fajos de billetes que parecían ladrillos
–Toma la mitad –me indicaste guardando tu parte y yo hice lo mismo con la mía. Te encaminaste a la salida y en el resquicio de la puerta me dijiste sin volverte:
–¿Qué, no vienes? –y te seguí hasta el aparcamiento en donde montamos un descapotable negro cuyo acelerador pisaste hasta el fondo para escapar de Los Angeles en la noche furiosa y bañada en sangre.
Tu meta era llegar a Tijuana para antes del anochecer, la mía era besarte antes de cruzar la frontera. Al llegar a Santa Ana me pediste que condujera y te acaricié las mejillas e intenté manchar mis labios con el carmín de los tuyos; pero me detuviste argumentado que estabas demasiado cansada. Manejé como un loco siguiendo los faros del descapotable proyectados en el asfalto, como si la autopista estuviera infestada de fantasmas. Volteaba de vez en cuando al asiento de al lado y te miraba dormir con la cabeza recargada en el borde de la puerta y todo el cabello al viento, pasaba la vista por tus muslos pálidos bajo los flequillos terminales del vestidito de charlestton y exclamé Dios mío, en qué me he metido, y a lo lejos me contestaron los aullidos de los coyotes en la oscuridad del desierto.
La policía nos alcanzó cuando cruzamos San Diego y tú despertaste con el sonido de las sirenas
–¡Date prisa! –gritaste mirando hacia atrás sobre el asiento, por el retrovisor podía verse la nube de polvo en la que dejábamos a las patrullas y por un momento pensé que los perdíamos.
Pero al llegar al cruce fronterizo ya nos estaban esperando: había sido dispuesta una valla de furgonetas y ametralladoras y hombres apuntándonos de rodillas detrás de las puertas de los autos, me frené en seco y la voz del sheriff nos advirtió tras una bocina:
–Esta es la policía, salgan con las manos en alto y nadie saldrá herido.
Giré la cabeza para mirarte y vi que te mordías el labio inferior, en aquél momento deseé ser yo quien estuviera haciéndolo; pero entendí que tú también te habías dado cuenta de que nuestro plan estaba arruinado y todo se había ido a la mierda. Me volteaste a ver y de nuevo me fulminaste con las dos balas negras de tus pupilas, me suplicaste tomando mi corbata y jalándome hasta quedar a milímetros de tu rostro:
–Prefiero morir a caer en manos de esos cerdos –y me besaste fuerte y con prisa y fuiste apasionada como la muerte cuando se vuelve loca por quien ha venido a recoger.
–Repito, salgan con las manos en alto, esta es la última advertencia –profirió de nuevo el sheriff y miré hacia las luces giratorias de las sirenas y me di cuenta de que el amanecer se perfilaba ya sobre los arrabales de Tijuana, en donde aquella mañana seguramente también habría de morir alguien.
Aceleré a fondo hasta la escuadra de los policías que nos aguardaban con toneladas de plomo apuntando a nuestros corazones, lo último que alcancé a escuchar fue el ruido del motor enfurecido y el grito de –¡fuego! –que reventó el parabrisas y me nubló la visión mientras intentaba tomarte de la mano.
Y bueno, pues sólo escribía este breve relato por si no te acordabas de mí, te he visto y me has parecido conocida, de otras vidas y otras aventuras; pero quizás todas ellas con las mismas pasiones. Y pues ahora que nos volvemos a topar sólo quiero hacerte saber que si un día tienes en mente algún otro crimen pasional y debes escapar lejos y esconderte, cuentas conmigo. Aún cuando esto signifique la muerte; ya sea acribillado por la policía o por las dos balas negras de tus pupilas.
Fotografía: Jenni Tapanila

viernes, agosto 10, 2007

Poética de las nectarinas aeroformes

para Kgargaria

La nectarina era el ejemplo preciso y de manufacturación exacta, o en aquél caso lleno de equívocos y que aun así el Dr. Strangiev Wainwright, necio y abundante en pruebas, pensaba llevar a cabo en el jardín de los Houtrenberg; sería la última de las formas experimentales dentro de la era lunar anti-solítica. Las primeras pruebas se remitían a varias naranjas aún verdes, casi pequeños limones demasiado ácidos -pero lo suficientemente grandes para aparentar ser naranjas inmaduras- comentaba el Dr. Wainwright, las redondas eran arrogadas al aire con presuntuosa estética hasta formar escrituras ratiformes al centro del cielo que siempre, por una excentricidad genealógica de los Hountrenberg, tenía que estar limpio de nubes, ser una planície de azules y blancos abundantes en claro oscuros. El Dr. Wainwright, aparte de famoso inventor, sociópata, astrónomo, especialista en hervolaria y conjuros, padre de familia numerosa, poeta, viudo, calvo, fumador de opio, y abrupto bebedor de absenta, era sin duda uno de los renombrados pensadores metafísicos aeroformes de la cuidad. Esto lo llevó a la enigmática estampa de hechizero en física, familias como los Hountrenberg, burgueses narcisistas y milenarios en el arte de la avaricia, creían febrilmente en su capacidad alquímica científica. Después de múltiples intentos con vitamina B, cedió ante una compleja fórmula que en sus años de gozo, el P.S.S Mikail Conteur dejaría sin terminar a causa de una inesperada garraspera que lo mandaría a la muerte. El Dr. Wainwright, al examinar minuciosamente los viejos escritos del P.S.S, levantaría un tremendo grito de ¡Bingo! al encontrar una de las claves fundamentales del experimento; cambiaría la vitamina B, por vitamina C. La máquina que arrojaría hasta entonces las naranjas, era un sencillo propulsor de poleas cúbicas, las sujetaba en catapulta y luego por medio de una palanca, se lanzaban al aire hasta alcanzar los 250 metros de altura a nivel del mar en épocas de calor y lunas menguantes. Como era de esperar, las naranjas fueron un fracaso y los Hountrenberg llegaron a dudar de la capacidad poética-aeroforme del Dr. así fue como entró en una profunda depresión y abandonó el experimento hasta aquella mañana de agosto que se despertaría con el desayuno en la cama, su hija menor Calista de seis años, en lugar de toronja picada con azúcar, le llevó nectarina -Las toronjas se terminaron padre- el impacto de Calista al ver a su padre levantarse de la cama con un gran salto, medio desnudo, jamás se borrará de su mente. Al llegar al jardín de los Hountrenberg, el Dr. Wainwright llevaba consigo un par de bolsas llenas de nectarina recién cortada, el cielo era tan limpio y acertado, que le provocó una pequeña punzada en el centro de la frente, ahora se sentía con una agilidad que hacía años había perdido, que al saludar a los Hountrenberg, con la prisa y todavía en pijamas, se dio cuenta después de siete años que su hija mayor Milánes Hountrenberg era de una hermosura paralizadora, esto lo motivó aún más para llevar acabo el final del experimento, que hasta ese día titularía "Poética de las nectarinas aeroformes". Al momento de arrogarlas al aire, bañadas en mercurio y nitroplasma, se recuerda todavía en el jardín de los Hountrenberg una oleada de semánticas figuras y palabras que a su vez formaban un pequeño universo dentro de un universo, poesía pura, la excitación de los presentes se reveló al momento de que cayeron las nectarinas una por una en la casa, destruyendo ventanas, el pórtico, los columpios, jarrones de dinastías desconocidas, esculturas greco-romanas de hombres desnudos, el auto ford de la familia, columnas de mármol importadas de Turquía, mesas y sillas minimalistas de jardín y el peinado impecable de Milánes. Ante tan arriesgado y agresivo desenlace, se hubiera esperado que los Hountrenberg echarán a patadas al Dr. Wainwright, pero sucedió todo lo contrario. Nueve meses después, en ese mismo jardín, se celebraría la boda entre Milánes y el Dr. el cielo era de una claridad espantosa y única, contando con cientos de invitados y un festín jamás visto en la ciudad, al final de la velada, se arrojarían al cielo seminegro cientos de fresas y ciruelas que el mismo Dr. Wainwright, había preparado una semana antes. Nunca se olvidará aquella noche.


Diagrama del Dr. Strangiev Wainwright para "Poética de las nectarinas aeroformes" extracto de sus notas actualmente expuesto en la Sala Emperatrix Fabia del Museo Nacional Rhex dae Komandrovia en Ciudad Hermes.

domingo, marzo 25, 2007

Sudamérica.


a Ghêrathö dae Andeonimnvba


En 1988 el bebé Carlo Bonetti, mejor conocido como "Elly el de los anuncios para la Gerber", logró despertar la ternura en los corazones de miles de madres argentinas primerizas. Con sus ojitos azules, perdidos entre los puñados de carne de unas mejillas regordetas y rosáceas, desde el Cinturón de la Tierra del Fuego, pasando por la capital porteña hasta, incluso, las reprogramaciones traducidas de la TV Globo en Sao Paulo, no hacía más que despertar las ganas de niñas y mamás por llegar a arrancarle de un mordisco un pedacito de carne tierna y suavecita; tales eran los efectos que Elly provocaba en el público vespertino tan sólo por babear menos de quince segundos, tomar un cucharada de estofado de carne y embarrarse la boca para después golpear la periquera con el plato y balbucear encantadores monosílabos. Así todos queríamos que nuestros hijos fuesen como Elly, bebés Gerber sanos, gordos y sonrientes; porque eso sí, Elly nunca lloraba, era un niño soñado que te hacía apostar a que en la calle iría coqueteando a los extraños con la misma naturalidad de los anuncios, y acaso tendrías la suerte de extenderle tu dedo mientras bajaban las escaleras eléctricas del Centro Comercial, entonces él lo empuñaría con su manita de la misma forma que hacía con las cucharas de la papilla. En fin que el bambino ya era toda una suerte de estella, una minita de oro para sus papis que firmaron luego contratos con Parmalat, Gelato y Pampers, y ahí tenías las pompis todo porciento mordibles del bebo felicísimo que pataleaba mientras le aplicaban talco, "¿Querés un bebé contento? sin rozaduras; comprá Pampers y listo, tenés popmis contentas". Así hasta aquél enero del 89 cuando la Argentina entera se conmocionó por las nuevas que dieron en el noticiario de la noche: Elly, el de los anuncios para la Gerber, había sido secuestrado mientras dormía en su residencia de Palermo. Los papis no estaban, con la plata que les dejaba el bambino se habían hecho de buenos amigos y los habían invitado a cenar; en Palermo estaba la sirvienta, claro, pero esta no sabía cómo el bebo desapareció de su cuna en donde le había dejado bien dormidito, ¡mentira! que a la semana se había logrado comprobar la complicidad de la vieja cuando le atraparon en la frontera intentando cruzar para Montevideo. Como le habían pasado reporte a la Interpol encontraron al peque bien rápido, a menos del mes, y para no hacerles el cuento largo fueron a hallarlo hasta lo más lejos, en Colombia. En el aeropuerto de Bogotá detuvieron a los padres falsos que paseaban a Elly en una carreola con parasol y todo, hasta llevaban la pañalera con sus ropitas y mamilas. A Elly o a lo quedaba de él, porque al pobrecito lo habían vaciado por dentro para retacarlo de cocaína y regresarlo a Buenos Aires, Dios sabe qué hicieron con sus órganos o a quien se los vendieron; corazoncito, riñones, hígado, todo fresco de un bebé sonriente que en su carreola no babeaba ni reía encantadores monosílabos, dormía Elly, qué casualidad. Habían hecho buen trabajo los hijos de puta de los taxidermistas o lo que carajos fueran; dijeron los de Interpol que lo del bebo pasaba bien desapercibido, que no andaba ni moradito ni hinchado, nada, ni siquiera olía; nomás la rareza de que un peque tan famoso y tan parecido a Elly anduviese tan tranquilito. Cuando recibieron la noticia, las madres argentinas se indignaron y salieron a Plaza de Mayo con veladoras como si aquello fuera una rememoración de todos los hijos muertos, otra vez; pero como hace siempre el pueblo argentino, no sea con sus muertos pero con sus estrellas, que bien se congregaron ahí varios miles como si aquello se tratara de Evita o Maradona. Resulta extraño ahora que pienso en Elly coqueteando con sus secuestradores con la misma naturalidad de los anuncios, ¿qué a poco esos cabrones no se enternecieron ni tantito antes de ponerle la anestesia y abrirlo? Y pues nada, que esta es básicamente la historia de Carlo Bonetti, de Elly el de los anuncios para la Gerber, pues.

miércoles, marzo 21, 2007

El talento escondido Capetillo, el talento escondido…

El aburrido oficinista Capetillo Buenrostro se quedó en las oficinas generales con motivo de completar un reporte.Capetillo estaba completamente solo en el departamento de finanzas cuando decidió mediante la ayuda prensil de un garfio diamantino saquear el corcho de alcornoque de una botella de Champagne; en un abandono total de sus deberes de oficinista mayor decidió buscarse a sí mismo en los nervios de la red.
Muchos Capetillos del mundo aparecieron en su pantalla. Imágenes, localidades de Belice, y videos. Capetillo pensó en la posibilidad de que hubiese un video suyo en la red. E ahí cuando Capetillo recordó haber participado de una forma mediana en una producción para la televisión.
En sus edades tempranas Capetillo Buenrostro vivía en Sagra la Piadosa, Brasil –Gran República Bananera – en compañía de su padrastro, el notable contramaestre Capetillo Guzmán, temible dictador nacionalsocialista dedicado a la explotación de negroides en las inmensas plantaciones de tabaco rubio.
Los domingos, en la filmoteca de Sagra la Piadosa, el joven y hoy esplendoroso divo bursátil, Capetillo Buenrostro, asistía a un círculo de presentaciones de nuevo cine europeo. Buenrostro era un asiduo seguidor del siniestro corpus visual de los telefilmes de Larry Cohen autor de epopeyas sardónicas de la talle de DIAL RAT FOR TERROR (1972) o IT'S ALIVE (1979); ambos títulos, componentes de la saga –El magisterio de lo horrendo de Larry Cohen – ; la colección se componía de obscuras filminas entorno a un bebe asesino de carácter multiforme suelto en los geriátricos de la pacífica Nueva Inglaterra , los escandalosos filmes se acompañaban por las terribles melodías del ´´Gran basilisco del órgano de dos pisos´´: Bernard Herrmann. Capetillo en esa época moría de ganas por participar en una producción cinematográfica, soñaba el jovencito con ser actor.
Buscando alquilar un tándem en el diario local, encontró su gran oportunidad: podría participar en el mercado de videotapes. Producciones Tarántula solicita: Atrevidos jóvenes blancos para negra ocasión fílmica, Jorge Seu Caimán. Capetillo, Boquirrubio idiota no sabias en que líos andabas.
El casting fue en un desembarcadero de bananos de la Fruit Co; lo primero que se le pidió fue que se desnudara. Buenrostro, lector del Tesoro de la Juventud y distinguido admirador del gran novelista de aventuras juveniles Mark Twain, recordó los memorables episodios de muchachitos desnudos jugando en la vega del rio con sombreros de sol; tenía catorce años como el gran nudista Tom Swayer; le parecía fascínate la palomilla de Little Chuck Little en The Tennesse Track o el temerario rescatista político y líder de una banda de infantes Antonio Tónico del escritor argentino J. Landa Buera. Todos alguna vez desnudos con sus compañeritos en una presa o laguna de agua blanca. Pensó en las diligencias de las múltiples aventuras de jóvenes pescadores desinhibidos en las cunas de agua dulce del Mississippi e incluso le pareció emocionate la idea de un desnudo. Ante su conocimiento general acerca de la genealogía americana de jovencitos bañistas faltos de pudor alguno, Buenrostro se desnudó sin oposición alguna. No tenía que aprender guión alguno. Naturalidad Capetillo, naturalidad.
Así comenzó su tropelio y desfortuna.
Lo que no sabía el precoz Capetillo era que el cineasta negroide Jorge Seu Caimán, soberano de la Porn-media en Río había convocado a un microfilme cuyo contenido pretendía encarnar en cuanto real la problemática y desatinos del canibalismo brasileño.
Buenrostro haría de un repartidor de periódicos (desnudo) en una comuna de feroces afroamericanos. Una vez en escena un soldado de obsidiana al que amablemente Capetín Capetillo le había entregado el diario, le pidió que se volteara, una vez Capetillo Buenrostro dándole la espalda a el brutal y esplendoroso paje de lodo, sintió repentinamente un cono de papel rebanarle los pliegues del recto.
El falso soldado, le había metido la sección deportiva por el ano a Capetillo.
Nuestro pobre Capetillo Buenrostro se resistió al acto y se echó a llorar de una forma terrible arruinado la producción.
El Gran Seu Caimán ante el escándalo detuvo la grabación y mostrando una supuesta misericordia ante la descomposición cular de Capetillo, le dijo que bastaba con que donara un empaqué de sangre a la producción y este aparecería en los créditos. Después de donar sangre, Capetillo se desmayó y no volvió a saber nada más del film de Jorge Seu Caimán. Amaneció desnudo en las inmensas plantaciones de tabaco rubio.
Unos días más tarde se entero por la prensa nacional que el cineasta había sido fusilado por haber asesinado de una forma violenta a un comerciante blanco en una pescadería de perlas y otros crímenes relacionados con la pornografía infantil.
¿Qué había ocurrido mientras dormía Capetillo Buenrostro?
No lo sabemos Capetillo…De esa noche en el embarcadero sólo queda aquella fatídica acepción en tus delicadas membranas culares que aun hoy te incomoda para jugar deportes de bastón.

martes, marzo 13, 2007

DE ÚLTIMA HORA: Regresan cuatro de los veinte expedicionarios que fueron tras la Rata Emperatriz en 1986.

Marzo 14, 2007. (NOTIMEX): Ayer por la tarde la agencia de noticias UKZ, tuvo contacto con Jeremías Vera Iturbide, Ramón Sereno Berinstein y Gastón Antonio Soledad, únicos sobrevivientes de la expedición que partió en 1986 por los sistemas de drenaje subterráneos de la Ciudad de México en busca de la posible Rata Madre, o Rata Emperatriz, de la que se decía; gobernaba una confederación hipógea compuesta de hordas interminables de nauseabundos roedores desde tiempos de los aztecas, según las fuentes. Para el 86 se había reunido (después de arduos esfuerzos de propaganda y convocatoria entre la sociedad civil en general) un grupo piloto de aventureros dispuestos a internarse hasta los rincones más remotos de nuestro sistema de cañerías. Así se lanzaron en servicio punitivo y para bien de nuestra sociedad, protegidos por un escuadrón militar especializado en servicios de higiene. En el grupo comando "milano 86"-constituido por una veintena de temerarios- había dos médicos, un militar, dos estudiantes de antropología, dos ministros mormones, un ama de casa (experta en matar ratas a escobazos), un vagabundo, un ex-presidente, un poeta, dos policías de la PFP, el ganador de un reality show, una botarga de un dinosaurio morado, un japonés vendedor de fotocopiadoras, un estudioso de roedores, una mujer embarazada y una reconocida ambientalista. Partió la tropa por los ductos colindantes a la avenida Industrialización, con la esperanza de hallar en los próximos días a la soberana del submundo. A los quince días de haber partido se perdió contacto con la tropa, a los dieciséis un niño reportó unos ruidos de voces enloquecidas debajo de una coladera de la calle Argüedas, y a los dieciocho días se les dió por muertos. Esos serían apenas los primeros instantes de la tropa en ese agujero de podredumbre. Jeremías Vera -policía y último líder del grupo- narró para UKZ noticias, la manera en la que cayeron algunos de sus compañeros. El primero en morir había sido la botarga, el saurio de gomaespuma quedó atorado en la boca de un túnel de desagüe, pereció asfixiado. El ama de casa y el ganador del reality show simplemente se extraviaron, se cree que en uno de sus fugaces distanciamientos -mismos que aprovechaban para encender el fuego de una pasión escatológica- simplemente confundieron el camino de vuelta. El pequeño ejército que protegía a nuestros osados héroes, sucumbió - según Jeremías Vega- al caer en una alberca de desperdicios, el alto grado de toxicidad no les permitió siquiera dar unas cuantas brazadas. Todo esto ocurrió durante los primeros diez años, tiempo que administraron en la tarea de extirpar diversos focos y centros importantes donde procreaban los roedores. Ocasionalmente eran atacados por un frente belicoso de feroces carroñeras, a los cuales vencieron empleando diversas tácticas de combate. En el trayecto hallaron: perros callejeros, diversas especies de murciélagos, gatos, motores de automóviles, una estatua de Manuel Ávila Camacho, montones de libros, conglomerados de polímero, llantas, una familia momificada, un excéntrico profeta del subsuelo, piezas metálicas, la osamenta de un triceratops, una lancha de motor, y objetos de los más peculiares. Gastón Antonio -el otro sobreviviente y estudiante de antropología - declaró haber presentido, después de 15 años de andar por aquél infierno, la presencia de la Rata Madre. A pesar de alimentarse con la carne de las ratas muertas y de beber agua hervida, manteniendo una dieta rigurosa, el escuadrón se mantuvo bríoso y con ánimos de ultimar su misión. Los ministros mormones desaparecieron al fondo de una tubería kilométrica, avisaron al grupo que ellos irían de regreso a su epicentro, alcanzarían su destino en un largo peregrinaje subterráneo, llegarían algún día a Salt Lake City para comunicar las intenciones del equipo al buen Dios. A pesar de estas invaluables pérdidas, el equipo se mantuvo imperturbable. Todo estuvo al borde del derrumbe el día en que hallaron el cadáver del ex-presidente, tenía una mordida enorme que le había partido en dos el vientre. La Rata Emperatriz estaba cerca. Ramón Sereno - poeta y tercer sobreviviente- compartió con la audiencia de UKZ noticias el terror que había padecido allí abajo. Eran tan fuertes los recuerdos, que el aeda no pudo evitar caer en un lirismo desbordante, "¡La vimos, a la infame servidora de Satán, una rata gorda, enorme, del tamaño de una minivan, toda despellejada, llena la piel de erupciones purulentas, la dentadura sangrante y la boca salivando un fluido con coágulos oleaginosos, estábamos en el séptimo círculo, nos habíamos despeñado desde un brocal demoníaco hasta sus fauces de loba regia!" dijo entre otras cosas el poeta Ramón Sereno. Su lucha fué inútil, tuvieron que huir despavoridos y al poco tiempo -sin duda favorecidos por la divinidad- encontraron la salida. Ahora nos queda solamente el conocimiento testimonial de un demonio que respira bajo nuestros pies. Será responsabilidad del actual Gobierno del Distrito Federal, elaborar un nuevo y efectivo proyecto para ir en busca de la pestilente Rata Madre.

Aproximación a las proporciones de la Rata Emperatriz hecha por el GDF de acuerdo con los testimonios de los sobrevivientes de la expedición Milano 86. (Foto: NOTIMEX)

sábado, agosto 26, 2006

Caprichos poeticos

A d.f.w y IDM


La facilidad para olvidar, dijo ella frotándose los ojos con ambas manos. Al instante empezó a sonar una canción caótica de Mira Calix, la miré en cuatro revoluciones y he aquí lo que hice;

1) Cuerda para ropa de doble presión color verde agua.
2) Cinta canela super fuerte por sólo 5.50
3) Tijeras "Bolex" de mango azul, para plástico, metales y tela.
4) Cuchillo "Super Ninja" extra afilado y de fácil uso. Para pollo, carne, pescado y huesos.
5) Mechero "BIC" transparente. Nuevo.
6) Gasolina blanca
7) Desarmador en cruz, Número 17.
8) Bat de Beisbol para niños de 8 a 16 años...

En la suave y tierna presencia de esos ojos rojos, el abismo cruza todos los infiernos. Los gritos de terror, el contorno de sus muslos morados, la mirada imperfecta y sorpresiva. Nada es la belleza absoluta, pero se acerca demasiado. La silla gira entre compáses de "Calix", ella saluda con su pedazo de tela en la boca y la cinta entre sus piernas. Por la ventana dos libélulas o tres, en medio de mí una luz deliciosa para amar en todas las acciones. Entre la sangre de sus parpádos y los dientes del suelo, miró el camino, la distancia mecánica y fugaz. Ella me ama, me ama en soles y lunetas de hace siglos, pronuncia mi nombre con un tono exquisito, de aullído. Yo no creo en el olvido, le digo mientras el despertador empieza a sonar. Después un poco de gasolina y a mirar las llamas que no dejan de moverse en un hermoso paisaje para no olvidar. Entre los sonidos y la espesura el abismo el caos se cierra para dejar pasar al amor convertido en cielo, en una caricia precoz. La última gota, la última lágrima que derramo y al final la tristeza de que todo haya terminado tan pronto.

viernes, agosto 11, 2006

Sugar, you're a fucking walking disaster!

Siempre dejaba cosas cuando se subía a mi auto, perdía la cartera, el rimel, el boleto del tren y entre la ceniza de su cigarrillo alargado, desperdigada por las vestiduras a causa de no recordar la posición del cenicero, por algunos días quedaba flotando el catastrófico encanto de su aroma francés. Quizás fue por eso que terminé enamorándome, de tanto ir a su casa a regresarle su ficha de inscripción, el regalo para su abuela, el resultado de su prueba de embarazo. Así, cuando me invitaba a pasar a su terraza, hablábamos de la luna, de la llena y de la hinchada, cuya única diferencia radica en el amarillo, quizás en el diámetro, y en el numero de perros callejeros que le ladran cuando emerge en medio de unas nubes que bien podrían estar en Finlandia. Concluimos muchas hipótesis, todas ellas en torno al amor y su naturaleza infernal; pero canina, como sabía Bukowski, porque al final nos quedábamos aullando conscientes de haber sido expulsados de un paraíso antirrábico. Las cosas sucedieron la noche en que nevó, ella manejaba feliz y distraída hasta derrapar en contra de un camión que transportaba conejitos negros. Me llamó agitada porque no sabía qué hacer entre las demandas de la tienda de mascotas, los oficiales de tránsito, el agente de seguros y los mirones que se metían a los bolsillos las afelpadas volutas oscuras que manchaban el asfalto nevado. Cuando llegué me explicaron: la póliza no cubría choques con los zapatos que llevaba, además el carmín de su boca ya había sido declarado ilícito de lo rojo que era. Nos dejaron el auto pero la grúa tuvo que llevarse sus tacones de aguja. Entonces me atreví a decirle que había veces en que deseaba desgarrar todos sus vestidos de cóctel y echarla sobre las bandejas de los martinis aprovechando la temporada de celo y los tacones que no estaba usando. Me dijo: “Estás jugando con fuego”, y yo, de imbécil, le contesté: “No, eso hacen los niños, yo juego con incendios, Roma y Moscú, Chernobyl si te gusta el frío, a mí los naufragios, las cortinas de las presas que revientan sobre algún inocente pueblo de madera”. Pero ella no estaba para aullidos y prefirió marcharse en medio de la nieve con el portaequipajes rebosante de tiernos y malévolos nuevos inquilinos que depredarían su jardín. Yo volteé hacia la luna y creí escuchar lamentos caninos, me pregunté si aquella era una luna llena o una luna hinchada porque de cualquier manera podría estar en Finlandia. Luego desistí de mi duda pues me percaté que aquellos ruidos no eran sino carros de bomberos, ambulancias, patrullas chillando en la advertencia de su sirena para asistir a la sangre y los vidrios rotos de algún otro desastre.

Nota: Click al título.

sábado, julio 29, 2006

El crimen de Neptuno

El cuerpo de un niño de nueve años fue hallado flotando en la fontanna de Trevi. Toda la gloria del insigne monumento, su barroquismo presuntuoso, la galanura estática de los pegasos en su vuelo de mármol; auspiciando la desgracia de un infante. ¡Oh pérfido Neptuno! Has atravesado con tú tridente la garganta inmaculada de un niño. Has agitado las aguas de un templo construido en tú honor, y para colmo has dejado marchitar los deseos que llegan a ti en forma de monedas. Esa Roma de 33 grados centígrados, sudorosa y exhausta, le ha perdido confianza a las fuentes. Y ahora sospecha una indecible maldad en el borboteo constante de sus manantiales urbanos. ¡Neptuno, le has robado un hijo a Roma! ¿Qué harás -deidad marina- para justificar tú fama en en los periódiocos? El cadáver se ha encontrado con los puños rígidos, pesados, escondiendo en sus manitas prensadas un lúgubre secreto. Se van abriendo los deditos y se escucha el choque de las monedas. Se ha desentramado el caso; un niño -¡Oh Neptuno!- te ha querido robar los deseos conferidos en tú nombre.

sábado, julio 22, 2006

T.V. Poet

Enciende el televisor. Siente la estática fulminando tus pupilas. Sintoniza algún canal, el que prefieras... ¡Y a comprar odio se ha dicho! ¡Izad las velas de un bergantín rencoroso! ¡Cargad los cañones de las bélicas naos! ¡Navegemos obedeciéndo las brújulas de un demiurgo enloquecido! Matémonos los unos a los otros... como Dios ha hecho con la humanidad desde su principio. Exhumemos a las bestias jurásicas, construyamos armas con sus dentaduras astilladas y fortalezas con sus huesos ancestrales. Peleemos hasta el cansancio por la comida, asesinemonos mutuamente en la lucha por las hembras, devoremos los fetos moribundos de las madres ajenas, bebamos a cucharazos los potajes más tóxicos que el hombre ha inventado. Entremos en la lógica de un Darwinismo exacerbado, irreverente, radicalizado. Lanzémonos a las agitadas aguas de un ponto de ezquizofrenia e insania. ¡Hay que perder la cabeza, reventarnos los sesos a golpes de mazo, arrancarnos las venas con los dientes, desangrarnos! Pero antes, hay que apagar el televisor por un rato.

domingo, julio 09, 2006

La sonrisa de Ronald

Unos muchachitos formados en fila, ilusionados con una cajita feliz y media hora en la alberca de pelotas. Anhelando compartir la indigestión con otros niños y vomitar en la resbaladilla. Ah que lindas son las madres, quienes como cebúes jurásicos vigilan a sus críos desde una banca que apenas las resiste. Muerden su Mactrío después de enfundar los calcetines húmedos de sus pequeñuelos. ¡Qué lindo paseo! Un sol de amónio hace sudar todas las epidermis, los comensales babean sobre sus papas fritas. ¡Ah! ¡Macdonalds! Una cuadrilla de vegetarianos malacara entra por la puerta. -¡Abajo hijos de perra! ¡Al suelo antropófagos! tatatatatatata.....tatatatatata.... el desahogo incicivo de las metralletas. Gritos inútiles silenciados por el tableteo tartamudo de las balas. La sangre se confunde con la catsup, la carne con los sesos y los helados se derriten para cubrir el homicidio. ¡Y Ronald Macdonald sigue sonriendo!