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miércoles, marzo 12, 2008

Marlboro: Identidad Simbólica.

La compañía Philip Morris (en memoria de un tabacalero británico) en 1924 decide introducir al difícil mercado americano la marca Marlboro como un cigarrillo dirigido a la tentación y apetitos femeninos. El célebre contenedor alteraba con elegancia su composición original (donde el tabaco se contenía únicamente por la presión del papel arroz), al incorporar al mismo, un filtro de acetato de celulosa coronado por una simpática diadema de ribete dorado.
Años después de la segunda Guerra Mundial (a mediados de 1962), el brillante ejecutivo publicitario Leo Burnett propone con esplendorosa audacia una nueva imagen corporativa, esto con motivo de reinventar las aspiraciones de Philip Morris, pretendiendo con tal modificación dirigir la marca a una audiencia masculina. El empaque ― emblema absoluto de identidad corporativa ―, prisma originalmente de consistencia suave y mínimo diseño dio un severo giro visual. Los contornos del nuevo empaque ― hasta la actualidad apariencia distintiva de la tabacalera― han sido impulso de enrarecidas discusiones de las cuales me valdré para describir la emblemática cajetilla; en la delta o flecha blanca que intimida con amplia determinación los alcances del fondo rojo ―“The Marlboro red roof” según el afamado poeta norteamericano Charles Bukowski ― hay quién ha llegado a ver en la superposición de polígonos, la figura de la ingle femenina amenazada por los caracteres inmediatamente inferiores rlb, los cuales por el vértigo y amplitud de la tipografía (si no me equivoco Bernard MT) aparentan la formación genital, siendo la unión de los mástiles de l y b (lb) una excelsa adaptación del famoso bauprés fálico en compañía de los dos gemelos seminales (uno de ellos “r” incompleto), tal alineación dirige su voluntad a la intercesión del supuesto compas femenino, indicando así cierto grado de disposición o absoluto sometimiento. Siguiendo con los polígonos encontrados en el volumen prismático, las tres K encontradas (una el frente, otra en el dorso y una última en la base del prisma) han permito suponer el sensacionalista e improbable enunciado de la intervención del Ku Klux Klan (KKK) en los intereses de la compañía. Y por último el Logo central de la cajetilla: dos bestias gemelas ―que más bien parecen seguir la figura ósea del caballo rampante ― gravitan con alta simetría sobre el centro del ícono, lugar donde hacen su aparición las iníciales de Philip Morris (En Bernard MT), siglas superadas por una corona de tres florones (seis en su sentido tridimensional), y sobre la corona una cruz (victoria absoluta, supremacía irrebatible sobre el logo). Cuando una corona se posa sobre algo lo está dominando, lo que se domina en este caso es a las dos bestias cadavéricas que componen el logo. Así como ocurre en la constitución del sepulcro más clásico, el logo de Marlboro es dominado por el símbolo del magno suplicio románico. ¿El logo de Marlboro un mausoleo? ¿El sepulcro de los fumadores? El sello en su parte inferior lleva impresa la locución latina: “Vene, vide, vinci”traducido al castellano "vine, vi, vencí" ―, máxima que proclamaba la totalidad de la victoria del César sobre las Galias, frase que le sirvió al emperador para describir su victoria sobre Farnaces II del Ponto en la Batalla de Zela, la frase, además sirvió como recordatorio al senado de su destreza militar (César todavía luchaba una guerra civil). Marlboro nos lo vuelve a decir: "Vine (A Richmond Virginia en 1925), Vi (15 % del mercado internacional), Vencí (a miles y a miles de fumadores)".

domingo, abril 08, 2007

Nostalgia por el Baldor


Creo que no soy el único que padeció y transpiró tratando de resolver los ejercicios incluidos en este clásico de la enseñanza matemática. Muchos cargamos bajo nuestro brazo aquél infame libraco. Recuerdo que en tercero de secundaria -en un arrebato de insolencia- arrojé el libro al fuego al terminar el curso. Vi arder sus páginas como si se tratara de un manuscrito nigromántico. Temí incluso que una maldición algebráica cayera sobre mí. Quedé marcado por ese insípido texto, sus dibujos descoloridos definieron el cariz de mis tardes adolescentes, en sus páginas de respuesta confirmé mil y un veces mi incapacidad para enfrentarme a problemas y ecuaciones. El otro día -recorriendo los empolvados estantes de una librería de viejo- me topé con un Baldor de pasta mohosa. Estaba a un lado de una versión ilustrada de las mil y una noches y de unos comics de Condorito... no sé, hay algo siniestro en ese libro ¿no creen?

martes, abril 03, 2007

¡Murió el Rock!


Fue el 92 en ciudad de México, en su gira "From here to Eternity" cuando vi a Iron Maiden. Habían pasado solo unos meses desde el lanzamiento de su nuevo álbum (Fear of the Dark), y la figura de Eddie (Mascota de la Banda) había sido renovada por una mucho más terrorífica. Había muchas expectativas en torno al concierto. La banda había tenido conflictos por ciertas acusaciones de una organización católica que los denostaba como "servidores de satán", y el evento había estado próximo a ser cancelado. El espectáculo abrió con el sencillo "be quick or be death", había que ver la excitación del público agitando las cabelleras, gritando, extasiados con el sonido metalero y con la voz penetrante de Bruce Dickinson. ¡Como chillaba la guitarra de Dave Murray! ¡Y los solos de Nicko MacBrian en la batería! Había un fuerte olor a marihuana y cerveza en el lugar, unos chicos se estaban partiendo la cara a mi lado, uno reía como desquiciado mientras la nariz le sangraba. A la mitad del espectáculo emergió desde detrás del escenario el inflable de Eddie, chorreando sangre de la boca. ¡Uno de los últimos buenos conciertos en D.F! Los años siguientes la industria del espectáculo se encargaría de joderlo todo. Rock para maricas, para jovencitos indie que pasan horas frente al espejo procurándose una falsa alteridad. A pesar de ser escasa la oferta de eventos a principios de los noventa, el espíritu era auténtico. Dan ganas de vomitar nadamás con ver lo que ha sucedido con el rock en esta ciudad y probablemente en el mundo. Mi generación se perdió en la cocaína, algunos se hicieron seguidores de las carreras de autos y de las revistas de motocicletas, los demás consiguieron empleos de mierda donde escuchan en pequeñas grabadoras cassetes de Judas Priest. Aquél gran concierto cerró con el tema "Weekend Warrior", Janick Gers arrojó al público una pedalera, dicen que le abrió la cabeza a un chico de dieciseis años, estaba muy ebrio. La semana pasada mi sobrino me invitó al concierto de una banda nueva, Keane o una mariconería por el estilo. Escuchamos dos canciones y nos largamos del lugar, una banda de verdad asquerosa. Terminamos en un Table Dance del centro, creo que fue la primera vez que Julito (mi sobrino) tocó a una mujer, tiene trece años.

domingo, abril 01, 2007

Síntoma diagnosticado: Desplazamiento y Proyección


"El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro."

Woody Allen.

Lo vi a un lado del escenario del Café Carlylye. Creo que intentaba extraer un cacahuate que había caído por la boca de su clarinete. Al parecer maldecía porque su dedo gordo había quedado atrapado en el instrumento. Me acerqué nervioso, había volado hasta Nueva York con el único fin de estrechar la mano de mi director de cine favorito: Woody Allen. Un capricho adolescente en realidad. El deseo protagónico de tener sobre mi cama una foto con Allen. Siempre me había visto envuelto en circunstancias semejantes a las de sus personajes y creía tener cierta empatía espiritual con el frágil humorista. Aunque la razón medular era que desde hace un par de años había estado recibiendo ayuda psiquiátrica porque juraba ser impotente a los dieciocho años, sí, irónicamente y a pesar de haber ejercido el acto sexual en un sinnúmero de ocasiones. Padecía -según yo- una pronta senectud, un envejecimiento precóz que me restaba virilidad, y para entonces estaba llegando a un grado de delirio que era clínicamente insano para un chico de mi edad. (20 años) Un colapso nervioso, dos desmayos, hipertensión, una terapia infructífera con fármacos y ciertas insinuaciones apocalípticas, resolvieron a mi psiquiatra a tomar una excéntrica solución: ¡Enviaría a su aprehensivo paciente a conocer al ídolo de su juventud! Al menos eso me distraería un rato de mis preocupaciones habituales. Tendría al menos, la certeza de verificar la existencia de otro ser igualmente hipocondríaco. Cuando me fue sugerida la idea muchos pensamientos vinieron a mi cabeza: ¡Era yo un peluche burgués, incapaz de sobreponerse a sí mismo! ¡Un fanatoide pusilánime sin la convicción para curarme por mis propios medios! En fin... terminé tomando el avión a Nueva York. Ya desde el vuelo recibí las señales de lo que se avenía, al aterrizar un hombre amenazó con golpearme porque yo había abierto el compartimiento superior sin precauciones, y una maleta había caído justo sobre la cabeza de su pequeño de dos años. El niño hizo un berrinche y me señaló como único culpable. Todos los pasajeros me miraron con desaprobación. Ya desde entonces sentía el nervio en el estómago; esa primera eventualidad era prueba irrefutable de que algo terrible estaba por suceder. El día que finalmente había previsto para ver a Woody Allen en el Café Carlyle, confundí el sitio con un tugurio del distrito Oeste de Manhattann donde terminé bebiendo congas con una comunidad de puertoriqueños. Al día siguiente estaba por fin frente a él, mirándolo hacer rabietas con el dedo atascado en el clarinete. - Excuse me Mr. Allen, I would just like to say that I... - le dije abordándolo por detrás. Ante de que pudiera concluir mi discurso, el hombrecillo se giró y me gritó encolerizado -¡How many times would I have to tell you that Woody Allen is not playing this week, he is sick for God's sake!- Los días siguientes compré postales, visité el Güggenheim y fui atropellado por un ciclista en Central Park. Volví a casa sin haber visto a mi preciado actor. Despúes de haber hablado largo y tendido sobre el asunto con mi psiquiatra, fui a casa y lloré patéticamente después de haber visto por enésima vez Annie Hall.

jueves, marzo 29, 2007

Hollywood


Conocí a Jean Claude durante la filmación de Bloodsport (Contacto Sangriento, 1988) Vestido en una bata de seda, me recibió en su camerino mientras concluía una llamada telefónica. - ¡Una empresa privada quiere hacer muñecos de acción con mi firma!, ¿lo puedes creer? ¿Eres el chico de la Time no?- me preguntó enfrentándome con su corpachón escultural. Para aquél entonces yo me dedicaba a hacer entrevistas menores a artistas que apenas se hacían notar, era para la columna "New talents", un apartado que terminó desapareciendo en el noventa y cuatro. Van Damme estaba despertando interés en los círculos del cine de acción, y unos rumores acerca de su alcoholismo lo hicieron figurar en un par de periódicos de la costa oeste. -Nos vemos en el Olympia a las ocho... tengo trabajo chico, la gente cree que esto de hacer cine es algo fácil, pero...- me acompañó hasta la puerta y me dió unas palmadas en el hombro.
Llegué al Olympia puntual, el lugar era un cabaret de cierta clase, con fotografías de Audrey Hepburn y futones aterciopelados. Van Damme bebía un bourbon mientras una chica paseaba su mano por la entrepierna del coloso. Cuando me reconoció, despidió a la chica con un movimiento de la mano y se puso de pie. -¡Muchacho llevaba rato esperándote, venga esa entrevista, dispara las preguntas!- Hablamos tendido sobre diversos temas, sobre Steven Segal, Chuck Norris, sobre su infancia en Bélgica, incluso antes de terminar me ofreció invitarme la noche con la chica que bailaba en el tubo. Era un tipo carismático, y sí, tenía problemas con el alcohol. Tuve que alterar sus respuestas porque hubiera sido impensable transcribirlas directamente, cualquiera habría pensado que se trataba de un idiota, y es que Jean Claude tenía dificultades para ordenar sus pensamientos. Además, su inglés no era muy fluido, acentuaba sus frases cada cierto tiempo aportándole un estilo marcial a su discurso. Años más tarde Silverster Stallone me confesaría en un set de Los Angeles, la lástima que le inspiraba Van Damme.-¡Un caso perdido chico, un caso perdido!- Al salir del Olympia, noté como las chicas se burlaban de él a sus espaldas, ridiculizaban la rudeza del héroe, le gritaban cosas que él no entendía. El se giró más de una vez para mostrarles su enorme miembro. Las chicas reían. Salió el gerente del lugar a poner orden y nos saludó desde la puerta. De pronto Van Damme se cayó golpeándose la frente con el concreto. Estaba muy ebrio. Alcancé a escucharlo balbucear - ¡Oye muchacho, sabes que una empresa privada quiere hacer muñecos de acción con mi firma!, ¿lo puedes creer?-

sábado, marzo 10, 2007

LA MANSIÓN DE LOS PULPOS




La obra de Zak Smith es brillante y variada y sus espacios rememoran al cómic y la ilustración, en ella hay temas frecuentes como lo son la oscuridad, las mujeres y el erotismo. Para efecto de esta entrada conviene considerar la obra “100 girls and 100 octopuses”, cuya genialidad apela inmediata y deliciosamente a su creador. Zack Smith construye un descomunal corcho compuesto por 98 viñetas de diferentes chicas en relaciones, en su mayoría sexuales, con diversos pulpos, variados en la forma que tiene cada viñeta de contar su historia, como múltiples son los tentáculos en los cefalópodos, o innumerables las formas que estos personajes tienen de relacionarse con el molusco. Un cuadro titánico y genial, fractal inconmensurable que supone un cosmos único a cada personaje, chica y pulpo; algunas veces follando maravillosamente, otras sólo conversando, durmiendo apacibles en el abrazo post coito de los múltiples tentáculos, disfrutando de un chapuzón en la piscina, o atemorizados por el incómodo muro de un polvo fracasado. Cada chica con su muy particular forma de dejarse poseer por este crustáceo silencioso, impúdico pero tierno, pues se sabe amante insuperable en la habilidad de sus tentáculos, compañero comprensible, si se quiere, pues algo hay de diálogo entre los colores de su membrana y el de las cabelleras de las chicas a quienes atrapa. Smith acopla estas viñetas a la forma de una mansión, un palacio del placer con todos sus niveles, sin que se escapen sótanos o baño, armarios, anaqueles, libreros y adornos, e incluso un televisor encendido con el PGA Tour que realmente está viendo. Smith es un arquitecto genio y como todo genio resulta inclasificablemente malvado, nos permite espiar en las habitaciones de su lascivo chalet, nos empuja a masturbarnos con la envidiable orgía de sus habitantes, algunos de los cuales nos observan de vuelta, desde la fluorescente oscuridad que representan los mundos de esta suerte de Gustav Klimt postpunk, ¿se trata entonces de una casa de putas para pulpos, o de un confortable templo al que ácidas sacerdotisas ofrecen sus cuerpos al invertebrado? Una inquietud, no obstante, golpea con mayor fuerza las puertas de este mesón, y es que Smith, además de ser un maravilloso ilustrador, es también una estrella del porno cuyas apariciones suceden bajo el nombre de Zak Sabbath. Es aquí donde se supone la etiología de la oscura presencia del molusco; la existencia de los pulpos en acecho de las diferentes mujeres parecería ser una prolongación multicelular del mismo autor, es decir, un posible desdoblamiento que incluso nos pone a pensar en que los diversos cefalópodos no son varios sino uno solo, el mismo Zak Smith a través de las mujeres de su pasado, de sus deseos, de sus sueños o pesadillas, al igual que universal se vuelve esta analogía en el varón, macho agente seminal, en el orgiástico gemir de los viajes en su mente con las chicas que ansía en el metro, que recuerda en la cama, o simplemente que inventa para divertirse. Demonio de su universo, Zak Smith levanta su castillo fluorescente y transporta a la mujer desglosándola, al igual que los tentáculos del pulpo, en un sinnúmero de amantes que retratan todas una delicada escencia, como delicada fue la pintura de Klimt y el homenaje que Smith le hace. Flor nocturna es la obra de Zak Smith y el pulpo su amante idóneo, baboso, se resbala con delicia a través de las espaldas lujuriosas y atrapa el cuerpo perfecto en un pasmoso movimiento táctil, las ventosas se adhieren placenteramente y las posibilidades se multiplican, perverso pulpo que succiona cavidades a un mismo tiempo, qué todos los hombres fuésemos moluscos, que nuestras amantes pudieran obtener un alargamiento de nuestros dedos, una prolongación de nuestros miembros, sobre todo de nuestras personalidades, para así poder acudir una sola noche, si es posible en una sola casa, y enredarlas a todas en nuestro abrazo múltiple y secreto, empujarlas con nosotros hacia el coral profundo de nuestros amores submarinos. La Casa Neónida saluda a la Mansión de los Pulpos e intercambia embajadores dignos, larga vida a Zak Smith quien como el pulpo eyacula en tinta y nos confunde a todos, persecutores tontos quienes ansiamos tentáculos como los del invertebrado para obtener toda la belleza de un sólo puño.

http://www.zaxart.com/

lunes, noviembre 13, 2006

DARWIN



Me reconforta creer en el destino, en una suerte de futuro planeada por la mano de un Ser Supremo. Es bueno pensar que alguien es condescendiente con mi imbecilidad, con lo poco apto que resulté para la toma de decisiones. Mi posición en la Selección Natural se encuentra en suma desventaja comparada con la de otros hombres, e incluso otras especies, todo apunta a que sin ayuda no hubiera podido llegar tan lejos, aún en la forma mediocre en que lo hice. Entonces me siento tranquilo al considerar que el escasísimo éxito obtenido en mi paso por la evolución únicamente se ha debido a la lástima de los astros.

Foto: Guy Bourdin.

martes, noviembre 07, 2006

Dale duro a esos maricas Johnny Cash...



-¡Dale duro Johnny! ¡Dales duro a esos maricas! -
Sobre el escenario umbroso, plagado de fantasmas, estás tú Johnny, corvado sobre tu guitarra, perdidos los ojos en las sombras de una melodía, con tu vozarrón de güisquies anuncias las primeras notas. Traes al desierto en la boca, las espinas debajo de la lengua y una lechuza en la garganta. El compás de los trenes ruinosos taladrándote la memoria, el olor a suciedad de las cárceles y la tristeza de un continente perdido en tus canciones. ¡Heredero de Whitman! ¡Cantor solemne de fusiles y soldados! ¡Johnny, esos comemierdas caerán algún día!

Foto: Gian Paolo Barbieri.