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martes, julio 15, 2008

Warpola: Biografía no autorizada.

Warpola en su primer cumpleaños fuera de Ciudad Hermes. 1970

Fui yo quien descubrió que se apellidaba Warpola, y no Michellet Oblanek, como cuentan los diarios. Lo más que hizo el infausto editor komandroviano fue lanzarlo a la fama; pero esa ya es otra historia… Primero fue Warpola, después Warpólido, y eventualmente Pólido cuando se hizo a la noche de la escena komandroviana. Al último fue simplemente W, cuando ya se había vuelto tan ilustre, o tan inalcanzablemente mitológico para los de mi generación, que acabó por convertirse a la ortodoxia komandroviana y, abrumado por la muerte y los misterios del cosmos, se recluyó para siempre en las bóvedas del monasterio de Kaschckar. Huérfano galáctico, viajero errante, asesino prófugo, erudito de las estrellas; Warpola será siempre el más alto de todos los lemúridas. El más sabio de todos: la primera vez que lo vi, desconfié de su suficiencia.

Fue en Querétaro, hace ya muchos años, en un Querétaro más pequeño y más triste que el de ahora y que ya no existe. Ambos formamos parte de la misma generación en la Escuela de Escritores, que tampoco existe más, cuando entonces la dirigía Héctor Cabrera, un hippie quien nos instruyó todo lo que debíamos de ser instruidos al respecto de Bukowski, Kerouac y William Burroughs. Entonces Warpola se sentaba enfrente de mí –yo sospechaba que era para provocarme –y se quedaba ahí aparentando no tener ganas de aprender, desparramándose por el mesabanco con sus lentes de pasta negra y acariciando sus bigotes de lemur, sin pronunciar palabra, con unos ojos amarillos como lunas y el cerebro infestado de diálogos con los planetas. “Este tipo es un excéntrico”, pensé, “ha de creer que conoce El Misterio y sólo ha venido para escupírnoslo a la cara”, y esperé casi un mes a que dijera algo, a que levantara la mano y nos proporcionara su opinión en torno a tal o cual asunto de narratología y entonces sorprenderlo en medio de su patraña; pero nada de eso ocurrió: Warpola no pronunció palabra ni se dejó descubrir y yo me irrité bastante.

Las cosas, sin embargo, eran menos catastróficas: en realidad el muchacho era sólo un hermescitadino extraviado que no sabía quien era su madre, que había recorrido Europa tres veces y que tenía ya dos carreras que no ejercía pues argumentaba que no eran compatibles con las ambiciones de su espíritu. Me enteré de esto en la fiesta de bienvenida de la escuela, al acercarme a platicar con él para estudiarlo de cerca. Entonces me presenté: “Yo soy Kgargaria”. Él me preguntó sorprendido: “¿Kgargaria?”.
“Sí, Kgargaria”, contesté.
“¡¿Kgargaria?!”
“Kgargaria”
“¡Kgargaria!”
“Kgargaria”
“Cielo santo, en mi país hay un lugar que se llama Kgargaria… no serás de Ciudad Hermes…”.
Y fue de este modo como me enteré de que Warpola era en realidad un compatriota y me hallaba en la obligación de apoyarle a sangre y fuego, como había hecho ya con otros hermescitadinos perseguidos por la Policía Imperial, la peste o la contaminación; pero sobre todo por un compromiso muy hondo que mis padres, a quienes se les iba la vida en dar asilo a los expatriados hermescitadinos, habían cavado en mi desde la infancia.

Aquella noche Warpola me habló de otras cosas: de países desaparecidos, de libros que no había leído, de grupos que no había escuchado y de posiciones sexuales cuya existencia ni siquiera imaginaba; pero fue especialmente conmovedor cuando, ya bastante sensibilizado por el alcohol, se echó sobre mi hombro para lamentarse sobre la Ciudad Hermes de la que venía y que no recordaba, y a la que no había podido ingresar cuando estuvo en África pues nunca pudo probar su linaje y jamás tuvo la paciencia de pedir un visado de turista en las duras embajadas santovictorianas. Después nos hicimos a la noche de Querétaro en una parranda histórica de la que acabé dando loables muestras de la antigua tradición kgargariana de coleccionar recuerdos de la calle por la que andaba, y subí al portaequipajes un tabique de cantera de aquellos que sustentaban al emblemático Acueducto colonial.


Warpola en los tiempos locos de la Casa Neónida. 1987

Así fue durante mucho tiempo: cada jueves después de la sesión del taller de narrativa nos montábamos en su viejo Topaz 89 de nombre Miguel Ángel –que años más tarde y con los ojos bañados de pasmo le vimos aparecer en CNN llevando a los próceres de la Revolución de Mongolia –y nos íbamos a poner borrachos con Don Amado y a conversar en komandroviano sobre los asuntos propios de nuestra patria. Eran los tiempos en que la cerveza costaba diez pesos, Don Amado aún vivía, y puedo decir con cierto orgullo que nuestra generación fue la última que le vio caminar renqueando con las gafas verdes puestas al revés, y también la última que probó sus chicharrones de harina y sus micheladas insípidas. Warpola me enseñó todo lo que ahora se al respecto de muchos temas: el cine de Baltazar Vlimm y el IDM, la filosofía pitagórica y el teorema de las esferas, la vida cotidiana en el Japón del Siglo XII y la historia de Persia. Fundamos el Club Bukowski, antecesor del neonadesmo, una membresía cerrada con sólo dos integrantes y mientras yo le contaba los rumores de la política en Ciudad Hermes él me confiaba las lecturas privadas que mantenía al respecto de los beatnicks: “Te digo Kgargaria”, contaba entusiasmado, “para Burroughs la ultimación de las cosas está en el ano… ¡sí, en el ano!” terminaba juntando todos los dedos de la mano y poniéndomelos enfrente de la cara.

Lo presenté con otros hermescitadinos radicados en la ciudad: Saul Galo, quien por entonces andaba en México, el afeminado vaquero Gherato dae Andeonimnvba, el poeta de linaje real destronado por el levantamiento del 78 Balthazar van Aplonien, el místico cuentista Osvaldus Klamm, el escritor Carlos Limón quien después se volvió psicomago, el diseñador gay Adrianus Divolaria, y Mikisi Dündí, una chaparrita de Tekomoros con quien tuvo un romance que eventualmente acabó en un crimen pasional nunca esclarecido y muy popular en los encabezados de la época. Pero fue gracias a Giusseppe Rexh dae Komandrovia, hijo del empresario hermescitadino del mismo nombre, que Warpola se puso en contacto con sus raíces olvidadas.

El heredero komandroviano, muy celoso de su fe patria, organizaba tremendos bacanales al estilo del Angelado precedidos por bautizos de rueda a los que casi todos los asistentes, incluyéndome a mí, accedíamos más por pura diversión que porque verdaderamente creyéramos en la transmutación del Arcángel San Miguel en la figura de Snkt Öj. Pero Warpola nunca se puso a disposición de tales rituales, escéptico como era participaba de la ceremonia como cualquier otro: levantando la silla del iniciado, llevando los óleos, palmeando alrededor o simplemente contemplando desde lejos, con sus lentes de pasta negra y acariciando sus bigotes de lemur, sin pronunciar palabra, con unos ojos amarillos como lunas y el cerebro infestado de diálogos con los planetas.

Como en todas las grandes leyendas, sin embargo, desde aquellos momentos de bienaventuranza y reencuentro, se cocinaba ya el germen de la desgracia warpoliana: en la mansión del Rexh hijo residía un monje kaschkariano, un Magíster de Clerecía que llevaba los oficios de la casa y bendecía la mesa. Al momento de nuestras fiestas interminables Warpola conversaba con el sacerdote y se pasaba las horas largas y afiladas de nuestros debrayes disertando acerca de asuntos que ningunos de nosotros entendíamos, y a los que jamás conseguimos acercarnos mínimamente. Se trataba de la hipercosmia y otras brechas del Cuarto Camino, que por entonces hacía demasiada mella entre los eruditos de Kaschckar y a más de uno terminó engullendo entre las tesis fosforescentes de sus postulados galácticos. Recuerdo que Warpola bromeaba mucho acerca de la locura que acabaría por consumir al Rexh en los pasillos de la Universidad de Kiev, sin intuir si quiera que sería él mismo quien acabaría con el cabello infestado de piojos astrales que le habrían de hacer desgañitarse en soliloquio por el resto de sus días.

Fue por aquellas fechas que descubrí que se apellidaba Warpola. Lo supe por coincidencia, cuando hojeé sobre el escritorio de mi padre unos documentos dejados ahí al descuido que pertenecían a exiliados hermescitadinos en México de cuyo paradero no se sabía nada. La fecha del acta de nacimiento concordaba con la de mi amigo, y lo que era más: la huella de su piecesito dejado ahí con la tinta de 1968 correspondió más tarde a su monograma dactilar. Horatius Warpola era de Kaschckar, sus padres, activistas de la guerrilla urbana, le habían enviado a éste país al cuidado de una buena familia italiana y habían hecho lo posible por esconder su identidad de los incansables olfateos de la Policía Imperial. A pesar de que sus progenitores perecieron en las barricadas de mayo del 70, según nos enteramos en posteriores investigaciones, Warpola recibió la confirmación de sus orígenes con gusto y lloró de alegría. Pero eran tiempos aciagos pues para entonces el kaschkariano se hallaba envuelto en aquél crimen pasional que le hizo huir al exilio en Madrid.

Los hermescitadinos en México, por nuestra cuenta, nos encontrábamos listos para volver a casa y unificar nuestras fuerzas para lograr un proyecto conjunto del que generamos unas expectativas enromes: La Casa Neónida. Diré algunas cosas que no se han dicho; pero me saltaré toda la relación al respecto de éste tema pues mucho se ha escrito ya, no sólo en este blog sino en una inabarcable bibliografía de crítica en torno a la gran aventura neónida; pero sobre todo a su naufragio.

El nombre de neónida le vino de Warpola cuando vio Ciudad Hermes por primera vez. Entonces quedó tan fascinado con la cantidad de neón en las azoteas que no recuerdo que en algún momento nos haya volteado a ver verdaderamente a nosotros. Había llegado en el ferry desde Lisboa y fuimos a recogerlo a Tekomoros, traía ronroneándole en el hombro a un lémur cata puro de Kapos Virginiana que había comprado a un inmigrante senegalés cuando el barco hizo su primera escala en Atlántica. El animalito era Elio Tomasso, que disfrutó tanto como su amo del espectáculo del neón y se quedó con las pupilas dilatadas hasta varios días después. Fue en aquella semana que recibimos la visita de William Burroughs para que nos asesorara sobre la empresa que traíamos entre manos, y al mirar al lémur electrizado, saltando por los candiles de la casa, se quedó intrigado y preguntó a su dueño qué era lo que le pasaba, Warpola dijo entonces: “Nada maestro, es un neónida, le ha mordido en los ojos el aguijonazo del neón”. Burroughs se quedó un rato pensativo apoyado sobre la empuñadura de su bastón, después continuó bebiéndose su té y habló poco el resto de la mañana. Años más tarde no tuvimos las palabras suficientes para reconocer la gracia que nos hizo al mencionar a los neónidas en su famosa conferencia de la Universidad de Austin.

Warpola (derecha) con su rector espiritual en Kaschckar. 2001

Lo demás es historia en boca de todos: el devenir de la casa, la publicación de la revista neónida, la residencia de los artistas invitados, las memorables fiestas de apertura, las notas en los periódicos, los escándalos, la invitación del gobierno de Venezuela, la fiesta de Halloween del embajador de Aruba, la visita de los muppets, las ampliaciones de la finca, las excentricidades, el despilfarro en antigüedades renacentistas, las peripecias para sostener el proyecto, el apoyo invaluable de Saul Galo en los tiempos más vergonzosos de la miseria, la repentina muerte de Giusseppe Rexh, la de Elio Tomasso; pero sobre todo la infortunada aparición de Michellet Oblanek quien nos publicó a todos y nos dio de comer; pero que hizo vender la Casa Neónida y nos arrebató a Warpola para siempre.

Ya desde Madrid nuestro amigo andaba mascullando las peligrosas teorías de la hipercosmia: las manos manchadas de la sangre de su crimen pasional lo sumieron en cavilaciones profundísimas, la confirmación de su identidad y la certeza de que había nacido a unas cuantas cuadras del monasterio de Kaschckar lo hicieron atar unos cabos que nunca existieron. Cuando llegó a Hermes hablaba de planetas alineados, de números mágicos, de libros perdidos; y cuando visitó Kaschckar habló muy en serio de quedarse entre las bóvedas del monasterio abriendo los polvos de los incunables que no habían vuelto a ser leídos en setecientos años.

Al derrumbarse el imperio neónida Warpola se volvió reservado, barbudo, paranoico, se dejó crecer las uñas y se le oyó andar en la noche por los pasillos de la casa, hablando en soliloquio y caminando a lavarse los dientes hasta tres ocasiones seguidas. Quiso montar un observatorio astronómico, pero ya no había dinero: el Rexh había muerto y todos sus bienes –menos la casa que había quedado a nombre de los neónidas –habían pasado a manos de su padre que nos odiaba y que hizo todo lo posible por desterrarnos de nuevo. El recuerdo de Elio Tomasso le atormentaba por las noches, decía que lo escuchaba llamarle desde el sepulcro e incluso llegó a bajar al jardín para exhumar el cuerpo con las uñas, cargó varios días con el pestilente cadáver del animalito agusanado que insistía en continuar sentando en su antigua periquera para servirle lo poco que nos quedaba de comer.

La única salida fue Michellet Oblanek quien se llenó los bolsillos publicando los manuscritos de Warpola y lo llevó a dar conferencias en todos los Radissons de Ciudad Hermes, a cuyos escenarios entraba en bata como un santo del rock ante las peticiones de autógrafos de las multitudes de infectos por la hipercosmia. Al final ya ni siquiera el mismo Oblanek pudo con él y lo delegó al cuidado de los monjes de Kaschckar, pues algo de humanismo cupo en el editor para no consignarlo al Políclino Oriente. Warpola recibió al fin el bautizo en el ritual de la ortodoxia komandroviana, convencido de veras de la existencia del Santo Ángel que juraba ver en todos los rincones, profetizando el final de los tiempos sin cabeza y con la paloma del Espíritu Santo flotándole sobre el espectro fosforescente.

Hace no más de una semana visité Ciudad Hermes y el clima nublado y frío, la gente hosca, las calles repletas de recuerdos ingratos, me hicieron tener una pésima estancia. Odié a la ciudad con las entrañas y me subí al mirador de un edificio para maldecirla por los siglos venideros, pensé que aquél lugar era miserable y que todos los nacidos ahí habíamos caído en la peor de las desgracias. Como en todas mis visitas acudí al monasterio de Kaschckar para visitar a Warpola pues además era su cumpleaños. Le llevé de regalo un Atlas de las estrellas y una copia de Nova Express autografiada por el mismo Burroughs que había encontrado entre mis pertenencias antiguas; pero Warpola las puso sobre la mesita de su celda sin mirarlos si quiera y se sentó en la cama a contemplarme con sus lentes de pasta negra y acariciando sus bigotes de lemur, sin pronunciar palabra, con unos ojos amarillos como lunas y el cerebro infestado de diálogos con los planetas.




miércoles, octubre 03, 2007

Centenario

La casa Neónida se precia en ser la cede oficial del quinto torneo internacional de rompecabezas y juegos de mesa. El presente año -con el magno ensamble del rompecabezas de 100,000 piezas- se conmemora el centenario de Vito Racionero, ilustre campeón de Bingo en Atlantic City y querido benefactor de la causa Neónida. En la imagen del gigantesco rompecabezas, se representa al crecimiento progresivo de Vito hasta sus 100 años, celebrados la primavera pasada en compañía de Hugh Heffner y Michael Jackson. El quinteto Neónida se muestra emocionado y expectante. Gherato lleva más de seis semanas apartando la ficha del cochecito para el monopoly. Además, se ha diseñado un afeminado traje de croupier. Fabeo -enclavado por días en su retorcido centro de operaciones- inventa un dado inteligente, capaz de anticiparse a las jugadas más complejas. En una entrevista con el Newsweek aseguró sentirse sano y lúcido para las competiciones de este año. Warpola y Giussepe, realizan un viaje de última hora a Ginebra (donde radican las oficinas del torneo internacional) para alegar con los jerarcas del Rummy y el Backgammon, la reincorporación del Twister como juego oficial. Se sabe que han insistido en las competiciones mixtas y en la modalidad no clothes. Se dice que harán una escala en Roma para invitar a S.S. Benedicto XVI. Gherato declaró en el desayuno del lunes, estar emocionado por competir con el santo padre en la carrera de costales. Kgargaria -triste y acongojado- revisa la lista de invitados. Sugirió a sus amigos viajeros que discutieran con la junta administrativa, la posibilidad de tener un "serpientes y escaleras" con pitones y mambas negras traídas desde el zoológico de Namibia. El lunes será la inaguración con un maratón de 24 horas de canasta. Se espera una semana de júbilo y distracción para la casa Neónida.

martes, septiembre 25, 2007

Olimpiada Neónida

Se propuso en algún aburrido desayuno de invierno, una olimpiada Neónida. Posiblemente debido a la tendencia velocista y la hiperactividad de Giusseppe, se sugirió un torneo interino, en el cual –para evitar decepciones- todos obtuvieran una medalla. Serían múltiples las disciplinas, más cercanas a la tradición Helena de discos, togas y garrochas que a las actividades motorizadas de la hipermodernidad. Después de platicar con Gherato en íntimo círculo paternal, desalojamos su habitación para acondicionar los nuevos vestidores. Fabeo Quinto Meaux se postuló como juez único e irrevocable en todas las competencias, incluso se dio la victoria en un concurso de jueces en el que era el único participante. Kgargaria extrajo unas viejas grabaciones en cassette, con ovaciones de un público estremecido que celebraba la victoria del diez veces campeón Jan Fussifer. Se pasó las horas frente al aparato de música, levantando los brazos y agradeciendo victorioso a un público inexistente. Quedaron para lanzamiento de jabalina Warpola y Giusseppe. Frescos y competitivos tallaron un viejo palo de escoba, y fijaron como objetivo la antena parabólica de la casa vecina. En flamantes pantaloncillos cortos, Warpola lanzó primero. Una parábola perfecta. Su lanzamiento pasó por encima de la casa vecina y siguió atravesando los cielos hasta entrar en órbita. ¡Desde aquel día no ha parado de girar! Al no caer nunca, el juez Fabio no pudo darle la victoria, y al no contar con otra jabalina, Giusseppe fue descalificado. Solo quedó Gherato con ánimos para la última competencia: el maratón. El resto de la escuadra Neónida, prometió contarle el tiempo. Acordaron 500 vueltas alrededor de la casa, sin despegar el empeine bajo amenaza de no recuperar su habitación. Así, con el agitado Gherato trazando circunferencias en torno al recinto Neónida, se clausuró el evento. Insatisfechos, los 4 miembros destruyeron las instalaciones y se echaron a dormir.

Foto: Jan Fussifer al confundir la elegante antorcha del 46 con un vulgar cirio clerical.

domingo, septiembre 23, 2007

Remodelaciones en la casa Neónida

Hace ya seis días que comenzaron las remodelaciones en la casa Neónida. Después de casi tres años de desayunos y tentativas de aquelarres frustrados por la junta de vecinos, la casa Neónida emprende este magno proyecto. Bajo el mando del estrafalario arquitecto Vega Fricke, un equipo piloto de obreros broncíneos comenzó los trabajos el pasado Lunes. Previa consulta con el escuadrón Neónida, Vega Fricke tiene en mente un complejo diseño de habitaciones subterráneas. A cada miembro se le ha concedido un capricho: Kgargaria insistió en un salón con termas diseñadas al puro estilo Atenas, el frágil Gherato quiere muros color pastel y un espejo de tres lunas incrustado en el muro de su habitación, Warpola pidió un trono de cantera con un canalito simpático para que corra la sangre de sus sacrificios, Fabio Quinto Seaux fue puntilloso con un circuito Feringer de aire acondicionado y Giusseppe Rhex solicitó patitos de hule para la bañera, capricho que Vega Fricke interpretó como una extraña perversión fetichista. A casi una semana de labores, el refugio Neónida continúa siendo el mismo antro de antaño. Warpola y Giusseppe han decidido beber todo el licor que restaba en la alacena con el equipo de obreros, Gherato se revuelca gracioso y desnudo en la pintura fresca, Fabio lame con pasión los nuevos bulbos para su máquina de pinball y Kgargaria durmió a Vega Fricke para experimentar en su nuevo proyecto Cyborg. Si no ha habido muchos cambios en la estructura de la casa, si se respiran nuevos aires, hay nuevos amigos y un cambio en la rutina, además de la posibilidad de fantasear sobre una futura y brutal “fiesta de bienvenida”. El jueves en el desayuno, Kgargaria sugirió irrumpir en el obispado para robar una gran cruz que –se rumora- cuelga sobre el lecho del obispo y esta valuada en miles de pesos. Su idea es vender el monstruoso crucifijo y hacer un viaje mientras duran las remodelaciones. Gherato esta muy sensible al respecto, sus baños de pintura lo tienen muy estimulado y ha estrechado vínculos con uno de los obreros, Warpola y Giusseppe –apreciablemente intoxicados- se emocionaron hasta el vómito con la idea del viaje y Fabio asintió en silencio mientras vertía yogurt sobre su plato de frutas. Así las cosas en la casa Neónida, por ahora, todos duermen a excepción del arquitecto Vega Fricke, quien ha despertado con una aleación de titaneo en la mandíbula. En su retorcida mente creacionista, esta pensando en darle un giro radical al proyecto de la casa Neónida.


Foto: equipo de obreros en la casa Neónida, en plena construcción del futuro salón de fiestas "Komandrovia". Afiebrados después de una lectura de Kgargaria (ensombrecido arriba a la derecha) sobre el manifiesto comunista.

domingo, julio 22, 2007

Saul Galo

Con motivo de las celebraciones del centenario del natalicio del artista plástico andeonimbano Saul Galo (1907 -?), la Casa Neonida publica su colección personal de miniaturas gráficas; tales nano - retratos de ingenio plástico conforman parte del proyecto Galiano: Blonde over Blonde: People between Kapos & Montecarlo. Las últimas cuatro imagenes (correspondientes a los miembros del ateneo) fueron realizadas por el artista durante su estancia en la noble finca.

Placa A: Saul Galo, Galo the fab Gambler. (Autoretrato - 1945) 299 x 299.

Placa B: Saul Galo, Madame Swan (Any blonde lady in Kapos Virginiana - 1948), 299 x 299.


Placa C: Saul Galo, Nemo the capitan (Verne furniture&characters - 1952), 299 x 299

Placa D: Saul Galo, Antoniux dae Kgargaria, 299 x 299 (1968)


Placa E: Saul Galo, Giussepe Rex dae Komandrovia, 299 x 299 (1968)


Placa F: Saul Galo, Geratho dae Andeonimba, 299 x 299 (1968)

Placa G: Saulo Galo, Horace Warpole, 299 x 299. (1968)

domingo, abril 15, 2007

Los muppets visitan la Casa Neónida.

Dios tenga en la gloria de sus ángeles al ilustrísimo Elio Tomasso, mascota lemur de la Casa Neónida. Si al colega madascarí le preguntáramos cuál fue, según su muy personal postura, el día más glorioso en aquella noble finca, seguramente señalaría esa fecha a brincos como aquella en la que se filmó El Show de los Muppets en directo desde la Casa Neónida.
Todo empezó al desayuno, como siempre sucede en cualquier aventura neónida; la carta de la CBS fue abierta y su petición leída en voz alta a lo que nuestros cuatro valientes aceptaron invadidos de un gozo fantástico. Warpola corrió hasta la casa del árbol de Elio Tomasso a despertarlo con las nuevas, la Casa Neónida se llenaría de Muppets. ¡Ah, nuestro gallardo ateneo del neón!, ninguno de ellos se hubiera imaginado jamás que meter muppets en la mansión iba a ser todo un desastre.
El equipo del show y algunas estrellas menores arribaron temprano con cámaras, micrófonos, antenas y muppets; algunos libres y relativamente civilizados y otros en jaulas, cosa que evidenciaba su calro estado de salvajismo. Giusseppe fue el encargado de preparar wafles para el desayuno, actividad que le dejó agotado y lleno de desconfianza por el tremendo apetito de los muppets, particularmente de los que venían enjaulados. –Esto no me gusta nada Kgargaria –le dijo Giusseppe en secreto a su colega neónida –a mí se me hace que a los de las jaulas los tienen con hambre atrasada, podrían comerlo a uno –Kgargaria, que conocía bien a Giusseppe y sus vaticinios fatalistas, le dio una palmada en la espalda y le calmó diciendo que sólo eran marionetas, que no hacían nada, y se fue a continuar el ensayo del guión para esa noche pues compartía un número con Gonzo y Animal, cosa que lo tenía muy orgulloso.
Finalmente llegaron las estrellas: la Rana René, Miss Peggy, Fossy, Bacilo, Kiko, los viejos Statler y Waldorf, Gonzo, Animal y hasta la Nanny, de quien los neónidas sólo recuerdan sus medias a rayas. Se instalaron a placer y la Rana, que desde un principio se portó con la arrogancia de la estrella principal, se puso a explorar todas las habitaciones para decidir cuál de ellas habría de ser su camerino, finalmente optó por la de Warpola ya que la Rana era un amante exquisito del arte y el neónida había puesto especial esmero en decorar su pieza con instalaciones y cuadros que había podido robar en las galerías. No obstante surgió un gran descontento por parte de Warpola ya que este había sido echado de su habitación por las excentricidades del muppet anfibio y tuvo que utilizar la casa del árbol de Elio Tomasso e invadir su intimidad, dicho sea de paso, pues necesitaba ponerse un smoking ya que el programa arrancaba con él y la Rana compartiendo un número. Los guionistas del show consideraron que Giusseppe haría mejor mancuerna con los viejos Waldorf y Statler e instalaron a estos en su habitación, Giusseppe los trató con suma amabilidad, cosa que vendría en perjuicio del show, ya que los abuelos terminaron de contaminar a Giusseppe con malas ideas, y los tres, neónida y muppets, resolvieron no salir de la habitación para al menos no ser ellos responsables del desastre que se avecinaba.
El show dio inicio, arrancó con un número en la sala en el que Warpola le explicaba a la Rana qué eran los neónidas, no bastaron ni diez minutos para que los ánimos entre el neónida y el muppet se encendieran y comenzaran a salirse de los lineamientos del guión y a discutir sobre temas que los televidentes no entendían, la Rana René resultó ser un aguerrido intelectual de primerísima orden. Mientras tanto Ghëratô, el más parecido a un muppet de los neónidas, se había perfumado y puesto su saco favorito para protagonizar el número que le correspondía al lado de Miss Peggy, número en donde la cerdita supuestamente le conocía en un bar e intentaba por chuscos medios llevárselo a la cama, las cosas salieron bien: Ghëratô hizo todo conforme al guión y acabó siendo salvajemente besado por la trompa porcina de Peggy, al finalizar Ghëratô cayó rodando por detrás de un banco y el telón se cerró con aplausos falsos. La cosa fue que nuestro pobre Ghëratô no advirtió que la puerca era una ninfómana desconsiderada y voraz, rechazada por la petulancia y homosexualidad de la Rana René, Miss Peggy cogía con quien se dejara. Ghëratô no vio nada malo en echarse un polvo tras bambalinas; pero nunca se imaginó que aquella experiencia le traería, además, el mejor sexo de su vida. Mientras tanto Kgargaria, quien admiraba profundamente a Gonzo y Animal, se había puesto a intercambiar puntos de vista con sus muppets favoritos; pero estos eran unos desaliñados y, miembros del VIP de felpa, consumían una cocaína loca y especial para muppets que Kgargaria nunca había probado. En su número Kgargaria tenía que asaltar una tienda junto con Animal, el dependiente era Gonzo quién se disfrazaba de Darth Vader y acababa por echarlos. La fórmula Kgargaria + Gonzo + Animal no fue sana, el número, producido a una velocidad de diálogo y risas hilarante, tuvo que ser cortada a la mitad porque Kgargaria y los muppets habían dejado de seguir el guión, ahora comenzaban a romper el escenario, morderse entre sí y echar baba con chistes negros que sólo ellos entendían. El siguiente número involucraba de nuevo a René y Warpola; pero además el oso Fossy intervenía. Warpola se había tenido que vestir de mujer para cantar a dúo con la Rana "You na’ let my heart so broken" mientras Fossy tocaba el piano de cola. Las cosas se salieron de control cuando Fossy le dijo a René en tono de broma -¿Sabes? yo siempre creí que neónidas en realidad se decía meónidas, ¡guáca, guáca, guáca, guaca! –Warpola no pudo suportarlo más y arremetió de un puñetazo a la cara blanda del oso. Un camarógrafo tuvo que venir a separar al neónida; pero Warpola también lo descontó y aprovechando, corrió tras la Rana René hostigándole, el equipo de producción intentó ir tras él pero Gonzo, siempre eclipsado por el protagonismo y carisma de René, aprovechó para darle una pequeña ayuda a Warpola y detuvo a producción con una excusa estúpida y fuera de todo orden lógico. Ghëratô y Miss Peggy follaban maravillosamente y las cámaras, que seguían la persecución de Warpola tras la Rana René, echaron abajo unas cortinas y televisaron el coito del neónida y la cerdita quienes sólo encontraron aquella exposición como un fetiche que incentivó aún más su unión carnal, o afelpada, como sea. El lemur Elio Tomasso, que en el guión se contemplaba para compartir un número con los muppets enjaulados, había establecido buena relación con ellos y aprovechó la confusión del momento para liberarlos. Los Muppets tomaron la Casa Neónida, el lemur estaba de lo más contento, al fin tenía amigos ágiles como él con quienes saltar por los candiles y através de los cristales. Giusseppe tenía razón, los muppets de las jaulas tenían hambre atrasada, y no eran estúpidos, así que de inmediato se lanzaron sobre el equipo de producción que los había metido en esas jaulas. Gonzo y Kgargaria tomaron prestada una de las furgonetas del show y se fueron a dar una vuelta por la ciudad, Animal les propuso ser el conductor.
Las llamadas que las asociaciones católicas y los padres de familia hicieron a la CBS terminaron por enviar a la policía a que resolviera las cosas en la Casa Neónida. Giusseppe bajó a hablar con los gendarmes pero no logró mucho, unos muppets de los que Elio Tomasso había liberado saltaron y se robaron las armas de los oficiales, se fueron a disparar por la colonia. La policía resolvió llevarse presos a todos y poner un aviso en los periódicos sobre los muppets prófugos y con armas.
El Show de los Muppets en directo desde La Casa Neónida había sido todo un éxito, uno de los mejores programas de la temporada, según los críticos y el raiting que alcanzó por sus escenas de sexo. Las demandas de la iglesia católica pusieron cese a las disputas entre los neónidas y el equipo de producción atacado por los muppets que liberó Elio Tomasso, y sobre todo entre Warpola y la Rana René, aunque Warpola a la fecha sigue llevando el litigio de la demanda que le puso el oso Fossy por golpearlo. CBS se arregló con la iglesia prometiendo que destruiría todo el material que evidenciara que El Show de los Muppets desde la Casa Neónida había existido y, sobre todo, jurando que jamás se envolvería en nada que tuviera que ver con los neónidas. Kgargaria fue hallado casi dos meses de ocurridos estos sucesos, los neónidas le encontraron en un hospital psiquiátrico en donde le habían metido por no llevar identificación y haber relatado que, de fiesta con Gonzo y Animal, habían destrozado la furgoneta del show por lo que fueron a parar a la cárcel, Gonzo llamó a un amigo suyo para que fuera a sacarlos, el Conde Contar de Plaza Sésamo, quien tenía algunas nociones sobre abogacía y pudo hacer que los jueces pasaran por alto el problemilla de Gonzo en posesión de cocaína. Fuera de la cárcel, el Conde Contar propuso que acudieran a celebrar el éxito de sus desleales litigios y sobornos; pero aquella celebración terminó ocho días después cuando Kgargaria, que a diferencia de las botargas necesitaba un poco de sueño, desmayó. Los muppets dieron por muerto a Kgargaria y para no meterse en más líos el Conde Contar propuso que abandonaran su cadáver a la salida un prostíbulo y se llevaran su billetera. La policía, al recogerlo le interrogó y, dada su versión de los hechos, lo confinó al sanatorio mental. El Departamento de Sociología de la Universidad de Leipzig, que había visto el show, invitó a Warpola y a la Rana René a que resolvieran sus diferencias intelectuales en una mesa redonda que se tituló "Einige Materien entlang der Neonida Perspektive nach Vereinigten Staaten foreigin Grundsatz gegen die Muppet Haltung". Ghëratô y Miss Peggy se siguieron viendo por algún tiempo y, claro, follando; luego la puerquita encontró a alguien más y se deshizo del neónida quien habría de entrar al infausto cosmos de los amantes atormentados, después de todas las injerencias de Ghëratô espiando y siguiendo a Miss Peggy, el muppet le demandó y Ghëratô ahora no puede acercarse a su oscuro objeto del deseo en el radio de un kilómetro, todos los días sintoniza El Show de los Muppets y al apagar el televisor dice a los neónidas –debí de haberla matado cuando aún podía. Giusseppe es gran amigo de Waldorf y Statler, les visita todos los sábados en el asilo y juegan al Monopoly. Elio Tomasso, claro, siempre extrañó a los amigos muppets que liberó, algunos de los cuales siguen prófugos y armados, por cierto.

miércoles, abril 11, 2007

Hablando de Negocios

1993, por los menos en los términos que se ocupan de la solvencia económica fue un año difícil, Elio Tomasso – nuestro querido cuadrúmano madascarí – sufría de un terrible resfriado; ahí andaba el joven lemur con una sórdida gripe adquirida por un encuentro sexual del orden canino. A falta de una educación sexual correcta, Elio Tomasso se había follado por las narices al mastín de nuestro vecino el notario provenzal Fernán García Carmona. Elio Tomasso requería un tratamiento alopático. Para ese entonces nuestro único ingreso del tipo monetario era el de Warpola; el temerario poeta concreto, por el bienestar de sus desocupados camaradas falto de entusiasmo trabajaba en una colección de falsísimas églogas para las memorias del gobierno Argentino, trabajos a los que intituló Gratísima Invención de los males y otros poemas entorno a las Repúblicas Bananeras. Les estaba mintiendo. El estimable poeta Giussepe R. contrajo nupcias por tercera ocasión con la hispanoarabita Carola Bajo Maraja –pantera semisarracena dotada de caracolas de silicona – Giussepe se había enamorado de una prostituta, lujo carísimo para Warpola quien para ese entonces, sin saberlo pagaba nuestras distracciones . Kgargaría –malvado humanista – conforme a sus principios de deformidad y solo con propósitos de divertimento, daba lecciones de antropología en el orfanatorio José Camilo Cela, Geratho por recomendación de Kgargaria asistía a los cursos. Las finanzas andaban mal. Cuando el gobierno Argentino, por consejo de un grupo de críticos literarios se enteró de lo falso de las églogas, retiró a Warpola el giro monetario con el que sosteníamos la casa y a la esposa de Giussepe; mujer con la que todos a excepción de Waporla (quien la sostenía económicamente) nos habíamos acostado. El resfriado de Tomasso tuvo sus complicaciones. Kgargaria propuso falsificar autógrafos de grandes escritores. Se le ocurrió a razón de que un anticuario lo estafó vendiéndole un falso collar que supuestamente, había usado María Felix. Kgargaria –aficionado al bondage- pasó por una época entregado a lúgubres sesiones de onanismo, en las que se colocaba el susodicho collar y escuchaba Agustín Lara. Al parecer, el desperdicio seminal y la urgencia de nuestra mascota, le dieron la gran idea. Iríamos al congreso nacional de literatura en ciudad de México –desaliñados y con estampas de poetas cavilosos- y venderíamos las falsificadas rúbricas, a bobos estudiantes universitarios. Los precios eran obscenos; 2,000 pesos por un Aura con dedicatoria de Carlos Fuentes, investigábamos previamente el nombre del posible cliente y lo poníamos a su nombre, con todo y apellido. 1,800 por un libro de poesía selecta de Octavio Paz, 2,800 por un tomito de Le mur comentado por el mismísimo Jean Paul Sastre, etc. Kgargaria logró vender un libro de Wally firmado por Wally, Gherato terminó comprando su propio tomo de Octavio Paz, Kgargaria le firmó los senos a una académica libidinosa de 76 años y le regaló su “Historia Milenaria de Hermes” y Giusseppe se intoxicó con unas bebidas frutales que estaban ofreciendo. La venta fue un éxito. El monto recaudado fue utilizado para la curación de Elio Tomasso, para pensionar a la mujer de Giusseppe y para comprar un twister, un nintendo y una Biblia autografiada por el difunto papa Juan Pablo II.

Es la postal que le fue mostrada a Gherato para convencerlo acerca de la veracidad de la rúbrica del Santo Padre. El escuadrón Neónida utilizó esa biblia para innumerables actos heréticos...

lunes, abril 09, 2007

Ghërato o el ascetismo

Hace unos días tuve la oportunidad de hacer un viaje en compañía del chico Ghërato Dae Adeonimba, el mozo más delicado de la casa Neónida. El destinto: una bahía tornasolada del litoral pacífico, la cual nos recibió con todas las bondades que una zona costera puede ofrecer; pescado fresco, cielos límpidos y psicotrópicos herbales al alcance de la mano. Durante los cuatro días que duró nuestra escapada tropical, fuí testigo de los extravagantes hábitos de higiéne del jóven Ghërato, quien a pesar de su afán en ser todo un petimetre de provincias, no logró más que hacernos espectadores (a mí y a Fabio Quinto Seaux -hombre de ciencia encargado de los asuntos de robótica y telecomunicación en la casa Neónida) de su decadente negligencia. Mi amanerado compañero llevaba -como único equipaje-una toalla y siete cajetillas de cigarros norteamericanos. Dos noches, durmió con el traje de baño húmedo y empanizado de arena, utilizó como sábana su toalla descolorida, la tercera noche, la pasó a la intemperie en compañía de un perro lastimoso que se había acercado a nuestra casa de campaña en busca de un poco de comida. Evidentemente no se lavó los dientes, se limitó a utilizar una espina de pescado frito como mondadientes. Por si fuera poco, mi repugnante contemporáneo tiene la estrambótica costumbre de fumar en espacios cerrados. Nuestra casa de campaña estuvo siempre nublada por sus humaredas, detalle que al menos alejó a los mosquitos y otras alimañas ponzoñosas. No puedo negar que a pesar de su descuido, el chico Ghërato mantiene cierta dignidad, cierta magnanimidad brahamánica rezuma de su lasitud, por momentos podría ser considerado como un ermitaño sapiencial, aunque bastarían un par de palabras para develar su esencia de fauno montaraz y juguetón. Ayer, de vuelta en la casa Neónida, se oyeron unos alaridos provenientes de la lavandería. Ghërato acostumbra quedarse dormido a un lado del boiler, ya que -según él- el calor que de el proviene, lo transporta al regazo materno. Encontramos a nuestro excéntrico camarada hurgándose la entrepierna; se quejaba de haber visto salir una suerte de molusco verdinegro de su entrepierna. Antoniuz Kgargaria, pulcro narrador y cuentacuentos, lo tomó del brazo con violencia y lo arrastró hasta el centro del jardín. Warpola fue por la manguera y encendió la llave del agua. Yo desnudé a Ghërato y me encargué de incendiar sus ropas, entre todos le dimos un baño ejemplar a la medianoche. Lo rapamos y eliminamos las diversas formaciones de líquenes a lo largo de su cuerpo, lo empolvamos y lo dormimos con Elio Tomasso. Hoy por la mañana tomé el desayuno con ese chico, lo noté temeroso y poco desenvuelto, después de pasar una media hora intentando resolver el acertijo que venía al reverso de una caja de cereal, me pidió que lo acompañara a la tienda a comprar cigarros. En el camino un policía nos detuvo a causa de la desnudez de Ghërato, el chico había salido solamente con unos calzoncillos de batman. El muchacho ha estado triste, probablemente regresemos en un par de días a la playa.

Venezuela Tuya



Cuando nos enterámos que teníamos que ir a Venezuela, nos invadió una prematura emoción. Habíamos recibido una carta de la Secretaria de Relaciones Exteriores. Dicho documento llegó a la casa neónida en la primavera del 2000, Elio Tomasso todavía vivía y recién estrenábamos la "Fontana Candida" que en un despliegue de vanidad renancentista, Kgargaria mandó pedir de Florencia. El sobre permaneció en el buzón por varios días hasta que fue descubierto por Giusseppe en una madrugada que llegó con un tremendo colocón de MDMA y un par de prostitutas rumanas, a la mañana siguiente (todavía con las prostitutas) nos dió la noticia y nos apresurámos a abrir la carta. Al parecer, gracias a nuestras múltiples y elaboradas críticas contra el gobierno mexicano, el mismísmo presidente Hugo Chávez, nos extendía una cordial invitación a una noche de gala en el Palacio de Gobierno de Caracas, con motivo de la primer publicación neónida-bolivariana en Venezuela. En realidad compartíamos mucho de su discurso, pero ninguno de los cuatro sentía empatía con su postura. El hecho de su oligarquía y lucha contra la pobreza y corrupción era lo que nos motivaba. El más entusiasmado era Gëratho, al parecer guardaba una nostalgia y un amor en aquella cuidad, todavía no sé si era hombre o mujer, pero con la brillantéz que levataron sus ojos, puedo asegurar que era un chico esbelto y de bigote delgado. Así fue como un mes y medio después tomaríamos el vuelo directo Ciudad de México-Caracas, nadie nos despidió en el aeropuerto, Giusseppe vomitó seis veces a causa de las fuertes dosis de diazapam autorecetadas, Kgargaria leía a Chomsky mientras intentaba tocar a una bella peruana contigua a su asiento, Gëratho suspiraba a cada nube por la ventilla mientras sujetaba una caja de regalo y yo me dispuse a terminar con la barra libre del avión.
En el Aeropuerto Internacional Maiquetia "Simón Bolívar" nos recibió un chófer muy bien afeitado con un hoja de papel arrugada que decía "Meonidas" Pasámos por alto el fallo y nos subímos a una van que nos llevaría a nuestro hotel, la fiesta era esa misma noche. Apartir de ahí, los sucesos fueron como una estela de malas fortunas. Llegando al Hotel Palace "Simón Bolívar" nuestras reservaciones no estaban registradas, nos dieron una sola habitación para los cuatro, dos camas individuales, televisor dos canales y ducha sin bidé, que de lo último Kgargaria se quejaría al cielo por una vieja promesa de no volver a usar papel higiénico. Nuestra cita era las 8:00pm en el Salón "Simón Bolívar" del Palacio de Gobierno. Era de esperar que a las 9:00pm, Giusseppe inconciente y con ligero líquido blanco que salía de su boca (del cual ya estábamos acostumbrados) no asistiría a la gran cena-baile. Gëratho según llegamos, hizo un par de llamadas, salió del hotel despidiéndose sonriente y perfumado, no sabíamos que no lo veríamos sino cuatro meses después, y que Kgargaria tendría que ir por él a Nicaragua para negociar con los soldados su libertad de poeta en segunda generación. Al final quedabámos yo y Kgargaria para asistir a la gran presentación de la publicación neónida-bolivariana. Lamentablemente por el camino al Palacio, un par de chicas me reconocieron por una vieja historia de un reality show en sudamérica, historia que omitiré por el momento; eran dos bellas venezolanas de 17 años, escotadas y con una gran botella de ron. Mi poca voluntad me arrastró con ellas a una noche de locura, robos, cárcel, sexo en grupo y tatuajes, nunca olvidaré aquella noche en el gran Salón Baile y Sabor "Simón Bolívar". Kgargaria asistió solo con su libro de Chomsky a conocer a Hugo Chávez, dio un pequeño discurso anti-neoliberalista, insultó las formas occídentales y tocó por debajo de la mesa a la ahora antigua mujer de Chávez, la historiadora Herma Marksman. El presidente de la nación al preguntar por nuestra ausencia, enfocó sus ojos en el libro de Chomsky que Kgargaria no había soltado en todo el viaje. En un despliegue de bondad, Kgargaria le ofreció de regalo el libro mientras se disculpaba por nuestra mala educación y poca gratitud hacia el gobierno bolivariano. Al día siguiente, Giusseppe fue subido al avión todavía inconciente, yo necesitaba un trago para la résaca y Kgargaria buscaba a Gëratho preguntándose por qué diablos en su lugar de asiento venía una de las venezolanas con las que me había ido de fiesta una noche antes. El avión despegó con su estruedo normal en las aerolíneas Jet "Simón Bolívar" y regresámos a México, yo con mi nueva novia que me dejaría un par de meses después por un profesor de danza contemporánea, Giusseppe con una nueva intención de terminar su novela metanarrativa y experimental, "Medicados y peligrosos" y Kgaragaria sintiendo una extraña nostalgia por su libro de Chomsky.


El libro de Noam Chomsky "Hegemonía o supervivencia: la búsqueda estadounidense del dominio global" fue recomendado por el presidente de Venezuela Hugo Chávez en su discurso frente a la asamblea general de la ONU el día 20 de septiembre de 2006, lo que ocasionó que dicho libro en aproximadamente dos días pasara del puesto 160.772 al número uno de los libros más vendidos en Amazon [1].

lunes, abril 02, 2007

Una Selva de Reyes



Hacia inicios de los años noventa la Casa Neónida entró en una crisis, una de sus tantas, cabe anotar. Por consenso acordamos que el núcleo de la problemática se hallaba en que al Neonadesmo, o Actitud Neónida, le hacía falta cierta legitimidad científica. Fue por este motivo que los cuatro acordamos ingresar al estudio de cuatro disciplinas equidistantes que pudieran otorgarle algún valor agregado al movimiento. Puesto que esa noche los cuatro ya estábamos bastante ebrios, decidimos echarnos la suerte de nuestros futuros académicos en un concurso de eructos; así fue como me vi comprometido a estudiar Economía y Finanzas, Ghêräto a incursionar en el campo de la medicina, el Rexh a despertar sus habilidades arquitectónicas y Warpola a interesarse por el pasado amerindio desde la óptica de la etnohistoria. Cada una de nuestras aventuras fue singular y es digna de relatarse; sin embargo, para el caso, me apetece la de Warpola, quien esa noche se quedó, según él, con la peor y más aburrida de las disciplinas tan sólo porque su capacidad de eructar se hallaba disminuida por el consumo de ciertos fármacos alópatas, hoy retirados del mercado. Pese a sus berrinches, condujimos a Warpola a inscribirse a la ENAH (Escuela Nacional de Antropología e Historia), en donde pasó cuatro años, más uno extra de Servicio Social, inmerso en el desciframiento de códices, congresos de americanistas y reinterpretaciones simbólicas de ciertas prácticas rituales vigentes en la Sierra Tarahumara. Los años de Warpola como estudiante de la ENAH son recordados en dicha institución como un penoso inventario de disparates y descrédito a las autoridades; por ejemplo, todos los compañeros de su generación recuerdan el primer día de clases cuando se presentó totalmente desnudo, según él, con la intención de defender la teoría de Leonard Carringhton en torno al poco uso de ropas en los pueblos mayences del Periodo Formativo Temprano, o el plebiscito al que convocó –con férreos argumentos (sustentados en su interpretación del Códice Florentino) que el Colegio de Profesores tuvo que derribar con la formulación de una ponencia titulada "Algunas Aclaraciones Sobre La Fiesta de la Veintena Huey Tozoztli" (Presentada en el XIII Congreso de Americanistas de Lima, publicada en López Austin Alfredo y Graulich Michel, "Algunas Aclaraciones sobre la Fiesta de la Veintena Huey Tozoztli", FCE, México, 1993") –para el sacrificio del entonces rector Enrique Florescano por resultar una encarnación del mismísimo dios Xipe, lo cual incluía su desollamiento postmortem y la obligación de Warpola, como sacerdote en turno, de vestir sus pieles y repartir bendiciones a sus colegas con golpecitos en la frente provenientes del fémur recién extraído del decano. Por suerte el Colegio de Profesores tuvo algo de seso y logró deshacerse de Warpola hacia el final de los estudios de éste enviándole como asistente de Linda Schele, profesora de estancia, a su práctica de campo en el desciframiento de los jeroglíficos mayas. Schele y Warpola hicieron buena mancuerna porque se hallaron mutuamente en el alcohol, ya que Schele tenía problemas controlando su consumo y Warpola nunca ha rechazado un buen vaso de whisky, o los que fueran. A Schele le parecieron pertinentes algunos de los postulados de Warpola sobre la lectura de las estelas en los sitios de Copán y Palenque, sobre todo, e incluso llegó a tratarlos en el último de sus libros "The Code of Kings" (University of Texas in Austin, 1998). Ciertamente existieron disputas, particularmente cuando se trataba de la actitud que debía tenerse frente a las comunidades de indígenas mayas que les hospedaban ya que Warpola, me consta que con la mejor de las intenciones, tentaba a los viejos sabios del pueblo a tratar las drogas de diseño y escuchar el IDM de occidente a cambio de que le confesaran la receta para preparar las hierbas que le asegurarían, al menos, una conversación con los dioses antiguos. Fue justamente a partir de una de estas experiencias, cuando Warpola consiguió por la ayuda de una matrona chamula preparar adecuadamente la Sabia Lacandonensis, que Linda Schele puntualizó su teoría en torno a las inscripciones del sarcófago de Pacal El Grande. Warpola había puesto algo de Lacandonensis en el whisky de Linda y en una alucinación compartida, ambos lograron ser conducidos en una piragua a través de la Vía Láctea para presenciar la resurrección de Pacal desde la Tortuga del Universo; ebria, Linda resbaló por la borda de la piragua y estuvo a punto de precipitarse hacia una marejada de leche y sistemas, Warpola y otros dos tripulantes de la barca -un mítico simio aullador, que representa la fertilidad para los mayas, y una iguana -tuvieron que rescatar a la doctora de su inminente caída hacia Xibalba, o el país de los muertos. Cuando la droga hubo pasado -pero no el alcohol porque Linda nunca dejaba de beber -la estudiosa invitó a Warpola al coito; pero este se negó porque, según él, nunca follaba con mujeres obesas. Esta fue la razón del porque Warpola no acreditó la carrera de Etnohistoria en la ENAH.
Tiempo después los Neónidas decidimos reabrir la Casa Neónida hacia finales de los noventa una vez que todos hubimos fracasado en nuestro proyecto de darle al movimiento cierta legitimidad científica. Yo concluí Economía y Finanzas en el London School of Economics, pero me retiraron la licencia por haber cometido un cuantioso fraude como corredor de bolsa en Hong Kong, mismo que aún sigo penando; el edificio que diseñó Giusseppe Rexh para la sede de la HSBC en Dubai tuvo que ser demolido a los tres meses por "Inutilidad Estructural", según publicaron los diarios; y en cuanto al pobre Ghêräto, no conviene detallar las consecuencias a las que llegó su negligencia médica, mismas que le llevaron a abandonar Burkina Faso porque los nativos de la comunidad en la que se hallaba realizando sus prácticas reclamaban su cabeza. La razón por la que ahora cuento la historia de Warpola se debe al recuerdo que hace poco vino a mí de cuando en la Casa Neónida me levanté muy de mañana y hallé al lemur Elio Tomasso mordisqueando un diario que le arrebaté para hojear: era un diario maya, con antiguos caracteres mayas y a modo de fotografías estaban aquellos famosos trazos de los códices o las estelas, conjunto todo que al final no entendí. En eso estaba cuando Warpola bajó para desayunar y me halló con el periódico en las manos, entonces me lo quitó y dijo -¿porqué está mordido? –yo le expliqué que Elio Tomasso lo había utilizado para ensayar su dentadura a lo que Warpola arremetió con un periodicazo a la cabecita del lemúrida -¡No se muerde!- reprendió enérgico Warpola, y Elio Tomasso huyó hacia el jardín y la casa que tenía en el cerezo a jugar con otros artilugios que nos había robado, acto seguido se sentó Warpola con un plato de Zucaritas y se puso a leer su periódico en maya. -¿Qué lees?- le pregunté al Magíster y este me contestó algo en Tzotzil antiguo que después me indicó era algo así como el "Xibalba Review", continuó silencioso su desayuno y en un momento exclamó -¡Carajo!, ¡Palenque perdió tres a cero con Calakmul en el mundial de Juego de Pelota! –yo preparaba café y fruncí el ceño para pedir explicaciones; pero Warpola sólo se levantó y me dijo –olvídalo, estaré en el inodoro si me necesitan –y se fue a encerrar con el Xibalba Review a enterarse de noticias, golpes de estado y chismes que habían tenido lugar hace más de mil años en la selva del sureste mesoamericano, o que tal vez siguieran ocurriendo en un algún sitio mítico, tan oscuro como olvidado.


La Doctora Linda Schele falleció en 1998 durante el proceso de desintoxicación; muchos estudiosos no dudan en considerar su importancia al lado de figuras como Thompson y Prouskuriakoff, a Schele debemos enromes logros en el desciframiento de la escritura maya . Elio Tomasso murió el mismo año, sólo que por razones menos nobles.

martes, marzo 27, 2007

Guerrilla Urbana en aquellos años 70






La revolución dijo: yo fuí, yo soy, yo seré.

Ahí estábamos, organizando la ponencia que sin saberlo nos llevaría a la fama. Yo llevaba 3 años en Frankfurt, era mayo de 1970. Asistíamos a la biblioteca del Insitituto de Investigación para completar lo que sería años después "Teoría neónida sobre el movimiento anti-nuclear y la izquierda rádical en Alemania Occidental". Leíamos la revista Konkret, sobretodo los artículos de Ulrike Meinhof. Teníamos cierta empatía con sus letras y la admirábamos como periodista. Aquél año Andreas Baader había sido capturado por incendiar un par de tiendas departamentales y se corrían rumores de que estaba preso cerca de la biblioteca. Debímos haberla reconocido, con los ray-ban y el estuche de terciopelo azul celeste, el cabello largo y la estatura anarquista. Antoniuz Kgargaria y yo leíamos un tratado sobre disoluciones postmarxistas, conocíamos bien al bibliotecario, un hombre de unos sesenta años, regordete y rosado. Cerca de nuestra mesa de estudio, un chico delgado, de téz blancúsca y barba prominente, leía un libro grueso de piel marrón mientras un cerco de sudor se formaba en su camiseta gris oscuro. Recuerdo haber escuchado un disparo y como una ventana inmensa caía en trozos esponjosos hacía la duela brillante. El chico sudoroso y ahora sonriente se levantó de prisa con la mirada acuosa, ella se acercó con una delicadeza demasiado tenáz y le ofreció un rifle MP5. El bibliotecario expulsaba sangre del hígado y balbucéaba gotas de dolor. Kgargaria y yo nos ocultámos debajo de la mesa, aún así, nos dimos cuenta de la pareja que salía corriendo y riendo como un par de niños traviesos por en medio de las columnas de la puerta; eran Ulrike Meinhof y Andreas Baader, se subieron a un BMW y partieron a hacer historia para formar un par de meses después lo que la prensa llamaría Baader-Meinhof-Bande (banda Baader-Meinhof). Después nos enterámos por medio de panfletos y publicaciones clandestinas de la universidad que se estaba formando el movimiento del que años después seríamos expulsados por no compartir el buen uso de armas y bombas molotov, eramos lentos y poco atinados con nuestros objetivos. La Fracción del Ejército Rojo, RAF o Rote Armee Fraktion, era lo más comentado en Alemania por esas épocas, la mayoría de los jovénes sentíamos empatía con ellos, era verlos con sus gafas ray-ban pegadas al viento, con los pantalones entubados, deslavados, y el cabello largo, siempre utilizando autos deportivos para sus atentados (Baader-Meinhof Wagen). Nos parecía un grupo de rock con tendencias chic hacia el anti-capitalismo, utilizando bombas contra empresarios y robando bancos sin condecendencia para recaudar fondos, queríamos ser parte de aquello. Seguímos todos los movimientos de la RAF y los apoyábamos en México con la revista Neón y Revolución que publicaba la Universidad Autónoma de México en el año 1971, la que después se llamaría Neónida Lemur Project. Cuando el 9 de mayo de 1976 no enterámos de que Meinhof había aparecido muerta en su celda, ahorcada, el día del aniversario de la derrota nazi, no pensámos dos veces pertenecer a la segunda generación de la RAF. Como decía, particípamos en dos atentados, uno contra una tienda de polyester americano, que fabricaba colchas y fundas para sofás. Primero Kgargaria falló el tiro y voló un contendor de vidrio dejando una oleada de vidrios en la cara de varios guardias de seguridad, como salida fácil, digo que lo había hecho aproposito, siendo que su objetivo era el extintor que se encontraba a más de cinco metros de distancia. Por mi parte, la bomba molotov que no pude encender a tiempo, sino varios segundos después, rodó prendida hacia el parque, volando una escultura marmolesca de Cicerón. Al día siguiente la prensa tachó el atentado como vulgar y anti-intelectual, ya que la filosofía griega era la causa del pensamiento moderno. En el segundo atentado, yo era el conductor del BMW que terminé estrellando contra una escuela de niñas con falda escocesa, y Kgargaria se quedó en el piso cuidando a la hija del abojado izquierdista Klauss Honfauher. Así, inútiles y con poca barba fuímos expulsados. Regresamos a México para desarrollar aquella ponencia que empezaba narrando la experiencia en la biblioteca de Frankfurt, el día que la revolución y la banda más importante y fashion de Alemania se había consagrado. Ahora, muchos años después, Kgargaria desarrolla una nueva tendencia de ultra radicalismo en los lemures, intenta generar divisiones obreras para después por medio de sindicatos, los lemures aprendan el arte del estencil y propagen sus ideas revolucionarias y políticas. Por mi parte, pienso en Ulrike y de alguna manera extraña, creo que siempre fue una mujer muy triste.